sábado, 4 de octubre de 2014

(XII) EL DESARROLLO DE LAS FACULTADES MENTALES: 52. “La Elección De La Escuela”


Sufrimos pérdidas terribles. A veces me sorprendo a mí misma deseando que Dios hable a los padres con una voz audible como habló a la esposa de Manoa, para decirles lo que deben hacer en la educación de sus hijos. Experimentamos pérdidas terribles en cada rama de la obra debido al descuido de la educación en el hogar. Fue esto lo que hizo resaltar la necesidad de escuelas donde predominara una influencia religiosa. Si hay algo que se pueda hacer para contrarrestar el gran mal, lo haremos con la fortaleza de Jesús (Manuscrito 119, 1899). 

Afrontamos un acontecimiento supremo. Padres, tutores, colocad a vuestros niños en escuelas donde la influencia sea similar a la que se ejerce en una escuela de hogar rectamente manejada; escuelas donde los maestros llevarán a los niños hacia adelante paso tras paso, y en las cuales la atmósfera espiritual sea un sabor de vida para vida. . . . 

Depende grandemente de la influencia que los rodee, después de haber salido de su hogar, entre aquellos a quienes van en procura de instrucción cristiana, el que nuestros jóvenes que han recibido una sabia instrucción y una educación de padres piadosos, continúen o no siendo santificados por la verdad (Testimonies, tomo 8, pág. 226). 

¿Qué clase de educadores? En el mundo hay dos clases de educadores. Una clase está formada por aquellos a quienes Dios convierte en canales de luz y la otra clase por aquellos a quienes Satanás usa como sus agentes, que son sabios para hacer el mal.

 Una clase contempla el carácter de Dios y acrecienta su conocimiento de Jesús, a quien Dios ha enviado al mundo. Esta clase se entrega plenamente a aquellas cosas que proporcionarán iluminación celestial, sabiduría celestial para la exaltación del alma. Cada facultad de su naturaleza está sometida a Dios y sus pensamientos han sido colocados en cautividad ante Cristo. 

 La otra clase está confabulada con el príncipe de las tinieblas, que siempre está alerta buscando la oportunidad para enseñar a otros el conocimiento del mal.
 (Fundamentals of Christian Education, pág. 174). 

Elegid la escuela donde Dios es el fundamento. Al hacer planes para la educación de sus hijos fuera del hogar, los padres deben comprender que ya no es seguro mandarlos a las escuelas fiscales, y deben esforzarse por enviarlos a aquéllas en las cuales obtendrán una educación basada en el fundamento bíblico. Sobre cada padre cristiano descansa la obligación solemne de dar a sus hijos una educación que los inducirá a obtener conocimiento de Dios, y a llegar a ser partícipes de la naturaleza divina por la obediencia a la voluntad y el camino de Dios.
 (Consejos para los Maestros, págs. 157, 158). 

Considerad el consejo de Dios para Israel. Mientras caían sobre la tierra de Egipto los juicios de Dios, el Señor no sólo indicó a los israelitas que mantuvieran a sus hijos dentro de sus casas, sino que aun ordenó que entraran su ganado de los campos. . . . 

Así como los israelitas preservaron a sus hijos dentro de sus hogares durante el tiempo cuando los juicios de Dios estuvieron en la tierra de Egipto, así también en este tiempo de peligro hemos de preservar a nuestros hijos separándolos y apartándolos del mundo. Hemos de enseñarles que los mandamientos de Dios significan mucho más de lo que nos imaginamos. Los que los guardan no imitarán las prácticas de los transgresores de la ley de Dios. Los padres deben considerar la Palabra de Dios con respeto, obedeciendo sus enseñanzas.

 A los padres de hoy tanto como a los israelitas Dios declara: "Estas palabras . . . estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas". A pesar de esa clara instrucción, algunos de los hijos de Dios permiten que sus hijos asistan a escuelas públicas donde se mezclan con los que practican costumbres corruptas. En esas escuelas, sus hijos no pueden estudiar la Biblia ni aprender sus principios. Padres cristianos, debéis procurar que vuestros hijos se eduquen en los principios bíblicos.
 (Manuscrito 100, 1902). 

Se neutraliza la verdad bíblica. Se confunde el niño. ¿Obtienen nuestros niños, de parte de los maestros de las escuelas públicas, ideas que armonizan con la Palabra de Dios? ¿Les es presentado el pecado como una ofensa contra Dios? ¿Se les enseña que la obediencia a los mandamientos de Dios es el principio de toda sabiduría? Mandamos nuestros niños a la escuela sabática para que se les eduque acerca de la verdad, y luego, cuando van a la escuela fiscal, les hacen aprender lecciones que encierran mentiras. Estas cosas confunden la mente y no debieran suceder, pues si los jóvenes acogen ideas que pervierten la verdad, ¿cómo podrá ser contrarrestada la influencia de dicha educación? ¿Podremos, acaso, maravillarnos de que en tales circunstancias algunos jóvenes de entre los nuestros no aprecien los beneficios religiosos? ¿Podremos maravillarnos de que se dejen arrastrar hacia la tentación? ¿Podremos maravillarnos de que, habiendo vivido en el abandono que les ha tocado, consagren sus energías a diversiones que ningún bien les reportan, que estén empobrecidas sus aspiraciones religiosas y oscurecida su vida espiritual? La mente será de igual carácter que aquello de que se alimenta; la cosecha, de igual naturaleza que la semilla sembrada. ¿No bastan estos hechos para hacernos ver cuán necesario es amparar desde los primeros años la educación de los jóvenes? ¿No sería mejor para los jóvenes crecer hasta cierto punto en ignorancia de lo que comúnmente se acepta por educación, más bien que llegar a ser indiferentes a la verdad de Dios? 
(Joyas de los Testimonios, tomo 2, págs. 452. 453). 

Escuelas en todas nuestras iglesias. En todas nuestras iglesias debiera haber escuelas, y en éstas, maestros que sean misioneros. Es esencial que éstos estén preparados para desempeñar bien su parte en la obra importante de educar a los niños de los observadores del sábado, no sólo en las ciencias, sino en las Escrituras. Estas escuelas, establecidas en diferentes localidades, bajo la dirección de hombres y mujeres temerosos de Dios, según lo exija el caso, deben fundarse sobre los mismos principios en que estaban edificadas las escuelas de los profetas 
(Consejos para los Maestros, pág. 129). 

Escuelas de iglesia en las ciudades. Es de importancia máxima que se establezcan escuelas de iglesia a las cuales se puedan enviar los niños y todavía estén bajo el cuidado de su madre y tengan la oportunidad de practicar las lecciones de ser serviciales que es el propósito de Dios que aprendan en el hogar... Mucho más se puede hacer para salvar y educar a los niños de los que en la actualidad no pueden salir de las ciudades. Este es un asunto digno de nuestros mejores esfuerzos. En las ciudades han de establecerse escuelas de iglesia y en relación con esas escuelas deben trazarse planes para la enseñanza de estudios más avanzados cuando haya demanda de ellos (Review and Herald, 17-12-1903).

 Establézcanse escuelas para las iglesias pequeñas. Muchas familias que con el objeto de educar a sus hijos se trasladan a los lugares donde están establecidas nuestras escuelas mayores prestarían mejor servicio al Maestro si se quedaran donde se encuentran. Debieran animar a la iglesia de la cual son miembros a establecer una escuela de iglesia donde los niños que habiten dentro de sus confines pudieran recibir una educación cristiana perfecta y práctica. Sería muchísimo mejor para sus hijos, para ellos mismos y para la causa de Dios, si se quedasen en las iglesias más pequeñas, donde se ha menester de su ayuda, en lugar de ir a las más grandes, donde, a causa de que no se les necesita, existe la constante tentación a caer en la inercia espiritual. Dondequiera que haya unos cuantos observadores del sábado, los padres deben unirse para habilitar un lugar destinado a escuela diaria donde sus hijos y jóvenes puedan ser enseñados. Deben ocupar a un maestro cristiano que, como consagrado misionero, eduque a los niños de manera que los encamine hacia la vocación misionera. Ocúpense maestros que den una educación cabal en los ramos comunes, haciendo de la Biblia el fundamento y vida de todo estudio (Joyas de los Testimonios, tomo 2, págs. 456, 457). 

En las localidades donde hay pocos creyentes, únanse dos o tres iglesias para levantar un humilde edificio para la escuela de iglesia 
(Testimonies, tomo 6, pág. 109). 

Si los padres comprendieran la importancia de esos pequeños centros de educación, y cooperaran para hacer la obra que el Señor desea que se haga en este tiempo, se frustrarían los planes del enemigo de nuestros hijos (Manuscrito 33, 1908).

 Escuelas de iglesia en los hogares. En cuanto sea posible, todos nuestros hijos deben tener oportunidad de obtener educación cristiana. A fin de proveerla, debemos a veces establecer escuelas de iglesia en los hogares. Sería bueno si varias familias de un vecindario se uniesen para emplear a un maestro humilde y temeroso de Dios, que dé a los padres la ayuda que necesitan para educar a sus hijos. Esto será una gran bendición para muchos grupos aislados de observadores del sábado, y un plan más agradable al Señor que el que se ha seguido a veces, a saber, enviar a niños tiernos lejos de sus casas para asistir a una de nuestras escuelas mayores. Los pequeños grupos de observadores del sábado son necesarios para mantener en alto la luz delante de sus vecinos; y se necesitan los niños en los hogares, para poder ayudar a sus padres cuando terminan las horas de estudio. El mejor lugar para los niños es el hogar cristiano bien ordenado, donde puedan recibir la disciplina paterna según la orden del Señor (Consejos para los Maestros, pág. 122). 

Un problema de los miembros aislados. Algunas familias de observadores del sábado viven solas o muy separadas de otras de la misma fe. A veces han enviado a sus hijos a nuestras escuelas de internos, donde recibieron beneficio, regresando después para ser una bendición en su propio hogar. Pero algunas no pueden mandar a sus hijos lejos del hogar para que se eduquen. En tales casos, los padres deben hacer lo posible por emplear a un maestro de vida religiosa ejemplar, para quien sea un placer trabajar por el Maestro en cualquier actividad y estar dispuesto a cultivar cualquier porción de la viña del Señor. Los padres y las madres deben cooperar con el maestro, trabajando fervorosamente por la conversión de sus hijos (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 457). 

Es de vital importancia salvar a los niños. En algunos países, la ley obliga a los padres a enviar sus hijos a la escuela. En esos países se debiera establecer escuelas en las localidades donde hay iglesias, aun en el caso de que no hubiera más que seis niños para concurrir a cada una de ellas. Trabajad por impedir que vuestros hijos se ahoguen en las influencias viciosas y corruptoras del mundo, como si estuvieseis trabajando por vuestra propia vida. Estamos muy atrasados en el cumplimiento de nuestro deber en este importante asunto. En muchos lugares hace años que debieran estar funcionando escuelas. Muchas localidades hubieran tenido así representantes de la verdad que habrían dado carácter a la obra del Señor. En vez de concentrar tantos edificios imponentes en unos pocos lugares, debieran haberse establecido escuelas en muchas localidades. Establézcanse ahora dichas escuelas con sabia dirección para que los niños y jóvenes sean educados en sus propias iglesias. Es una hiriente ofensa inferida a Dios el hecho de que haya existido tanto descuido en esto, cuando la Providencia nos ha provisto tan abundantes facilidades con que trabajar (Id., pág. 458).

 No se debe abandonar una escuela establecida. Nunca debe abandonarse el trabajo educativo en un lugar donde se ha establecido una escuela de iglesia, a menos que Dios indique claramente que así debe hacerse. Las condiciones adversas pueden parecer conspirar contra la escuela, pero con la ayuda de Dios el maestro puede hacer una gran obra salvadora y transformar las cosas (Consejos para los Maestros, pág. 121). 

Encaminad a los niños desobedientes e indisciplinados. A veces hay en la escuela un elemento desordenado que hace muy difícil el trabajo. Los niños que no han recibido la debida educación causan mucha dificultad, y su perversidad causa tristeza al corazón del maestro. Pero él no debe desalentarse. Las pruebas imparten experiencia. Si los niños son desobedientes e indisciplinados, tanto más necesario es el esfuerzo arduo. El hecho de que haya alumnos de tal carácter, es una de las razones por las cuales deben establecerse escuelas de iglesia. Los niños cuyos padres no los han educado y disciplinado, deben ser salvados si es posible (Id., pág. 118). 

La conversión de los jóvenes mundanos. Hace años, debieran haberse levantado edificios escolares en otros lugares además de ------, no grandes edificios, sino edificios adecuados para escuelas de iglesia en los cuales los niños y jóvenes pudieran recibir una verdadera educación. Los libros de texto empleados debieran ser de tal carácter que llamaran la atención a la ley de Dios. La Biblia debiera ser el fundamento de la educación. En esta obra se magnificarán la luz, la fortaleza y el poder de la verdad. Los jóvenes mundanos cuya mente no ha sido depravada por hábitos de sensualidad, se asociarán con estas escuelas y serán convertidos. . . . Se me ha instruido que esta clase de obra misionera tendrá una notable influencia al extender la luz y el conocimiento de la verdad 
(Manuscrito 150, 1899). 

Mantened las más altas normas. La obra de nuestras escuelas de iglesia debe ser del más elevado carácter. Jesucristo, el Restaurador, es el único remedio para una mala educación, y las lecciones enseñadas en su Palabra siempre deben recordarse a los jóvenes en la forma más atrayente. La disciplina de la escuela debe complementar a la educación del hogar, y tanto en el hogar como en la escuela deben mantenerse la sencillez y la piedad (Consejos para los Maestros, pág. 134).

 Preparad para la educación superior celestial. A los padres [el Señor] hace llegar este grito de alarma: Juntad a vuestros hijos en vuestros hogares; separadlos de aquellos que desprecian los mandamientos de Dios, que enseñan y practican lo malo. Salid de las grandes ciudades tan pronto como os sea posible. Estableced escuelas de iglesia. Dad a vuestros hijos la Palabra de Dios por fundamento de toda su educación. Ella está llena de hermosas lecciones y si los alumnos la convierten en tema de estudio en el curso primario de esta vida, estarán preparados para el curso superior en la por venir (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 454). 

Dios lo ha provisto. Nuestras escuelas son los instrumentos especiales del Señor para preparar a los niños y a los jóvenes para la obra misionera. Los padres deben comprender su responsabilidad, y ayudar a sus hijos a apreciar los grandes privilegios y las bendiciones que Dios les ha provisto en las ventajas educativas (Consejos para los Maestros, pág. 115). 

La Conducción del Niño de E.G. de White

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