domingo, 27 de noviembre de 2011

(V) LA OBEDIENCIA ES LA LECCIÓN MAS IMPORTANTE: 10. “La Clave de la Felicidad y el Éxito”


La felicidad depende de la obediencia.
Recuerden los padres, las madres y los educadores de nuestras escuelas que la enseñanza de la obediencia a los niños es una rama superior de la educación. Demasiado poca importancia se le atribuye a este aspecto de la educación (Manuscrito 92, 1899).

Los niños serán más felices, mucho más felices, bajo la debida disciplina que si se los deja obrar siguiendo la sugerencia de sus impulsos no educados (Manuscrito 49, 1901).

La diligente y continua obediencia a los sabios reglamentos establecidos por los padres promoverá la felicidad de los niños tanto como honrará a Dios y hará bien a la sociedad. Los niños deben aprender que su perfecta libertad está en la sumisión a las leyes de la familia. Los cristianos aprenderán la misma lección: que en su obediencia a la ley de Dios está su perfecta libertad (Review and Herald. 30-8-1881).

La voluntad de Dios es la ley del cielo. Mientras esa ley fue la regla de la vida, toda la familia de Dios se mantuvo santa y feliz. Pero cuando se desobedeció la ley divina, entonces se introdujeron la envidia, los celos y las luchas, y cayó una parte de los habitantes del ciclo. Mientras se reverencie la ley de Dios en nuestros hogares terrenales, la familia será feliz (Ibid.).

La desobediencia causó la pérdida del Edén.
El relato de la desobediencia de Adán y de Eva en el  mismo comienzo de la historia de esta tierra ha sido dado extensamente. Mediante ese solo acto de desobediencia, nuestros primeros padres perdieron su hermoso hogar edénico. ¡Y era una cosa tan pequeña! Tenemos razón para estar agradecidos de que no haya sido un asunto de más importancia, porque de haber sido así, las pequeñas transgresiones en la desobediencia se habrían multiplicado. Fue la prueba más pequeña que Dios pudo darle a la santa pareja en el Edén.

La desobediencia y la transgresión siempre constituyen una gran ofensa contra Dios. La infidelidad en lo que es más pequeño, pronto, si no se la corrige, conduce a la transgresión en lo que es grande. No es la grandeza de la desobediencia, sino la desobediencia en sí misma lo que constituye un crimen (Manuscrito 92, 1899).

El fundamento de la prosperidad temporal y espiritual.
La prosperidad temporal y espiritual han sido prometidas a condición de que se obedezca la ley de Dios. Pero no leemos la Palabra de Dios y así no nos formalizamos con los términos de la bendición que ha de darse a todos los que prestan diligente atención a la ley de Dios y, la enseñan diligentemente a sus familias. La obediencia a la Palabra de Dios es nuestra vida, nuestra felicidad. Contemplamos el mundo y lo vemos gemir bajo el peso de la impiedad y la violencia de, los hombres que han rebajado la ley de Dios. El ha retirado su bendición de los huertos y los viñedos. Si no fuera por su pueblo que guarda los mandamientos y que vive en la tierra, no detendría sus juicios. Extiende su misericordia a causa de los justos que lo aman le temen (Manuscrito 64, 1899).

Conducid a los niños por las sendas de la obediencia.
Los padres tienen el deber sagrado de conducir  a sus hijos por las sendas de una estricta obediencia. La verdadera felicidad en esta vida y en la vida futura dependen de la obediencia a un "así dice Jehová". Padres, permitid que la vida de Cristo sea el modelo. Satanás ideará todo medio posible para destruir esta elevada norma de piedad como si fuera demasiado estricta. Vuestra obra consiste en impresionar a vuestros hijos en sus tiernos años con el pensamiento de que han sido formados a la imagen de Dios. Cristo vino a este mundo para darles un ejemplo viviente de lo que todos deben ser, y los padres que pretenden creer la verdad para este tiempo deben enseñar a sus hijos a amar a Dios y a obedecer su ley. . . .


 Esta es la obra más grande y más importante que los padres y las madres puedan realizar. . . . Dios se, propone, que aún los niños y los jóvenes comprenden inteligentemente lo que él requiere, para que puedan distinguir entre la justicia y el pecado, entre la obediencia y la desobediencia (Manuscrito 67, 1909).

La obediencia ha de resultar agradable.
Los padres deberían educar a sus hijos línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito aquí, un poquito allá, sin permitir ningún alejamiento de la santa ley de Dios. Deberían confiar en el poder divino, y pedir al Señor ayuda para mantener a sus hijos fieles a Aquel que dio a su hijo unigénito para que trajera a los desleales y desobedientes de vuelta al reconocimiento de su autoridad. Dios anhela derramar sobre hombres y mujeres la rica corriente de su amor. Anhela verlos deleitándose en hacer su voluntad, empleando en su servicio hasta la menor partícula de las facultades que les ha confiado, enseñando a todos los que se relacionan con ellos que la manera de ser considerados como justos por amor de Cristo consiste en obedecer la ley (Manuscrito 36, 1900).

(La Conducción del Niño de E.G.de White)

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