domingo, 25 de diciembre de 2011

(V) OTRAS LECCIONES BÁSICAS: 13. “El Dominio Propio”


Preparad al niño para la vida y sus deberes.
La madre, al contemplar al hijo que ha sido entregado a su cuidado, bien podría preguntarse con profunda ansiedad: ¿Cuál es el gran blanco y objetivo de su educación? ¿Consiste en capacitarlo para la vida y sus deberes, en calificarlo para ocupar una posición honrosa en el mundo, para hacer el bien, para beneficiar a sus semejantes, y para ganar alguna vez la recompensa de los justos" si es así, entonces la primera lección que debe enseñársele es la del dominio propio; porque ninguna persona indisciplinada y testaruda puede esperar tener éxito en este mundo o recompensa en el venidero (Pacific Heralth Journal. mayo de 1890).

Enseñad al niño a ceder.
 Los pequeños, antes de un año de edad, escuchan y entienden lo que se habla con referencia a ellos mismos, y saben hasta qué punto se les permite hacer su voluntad. Madres, deberíais enseñar a vuestros hijos para que cedan a vuestros deseos. Podéis lograr esto si ejercéis dominio sobre ellos y mantenéis vuestra dignidad como madre. Vuestros hijos aprenden rápidamente lo que esperáis de ellos, saben cuándo su voluntad vence la vuestra, y obtendrán el mayor provecho posible de su victoria (Signs of the Times, 16-3-1891).
Es una gran crueldad permitir que los malos hábitos se desarrollen, y entregar la ley en las manos de los niños y dejarlos gobernar (Christian Temperance and Bible Hygiene. pág. 68). 

No consintáis en los deseos egoístas.
Si los padres no son cuidadosos, tratarán a sus hijos de modo que se acostumbren a exigir atención y privilegios que requerirán que los padres pasen privaciones a fin de complacer a sus pequeños. Los hijos pedirán que los padres hagan algunas cosas por ellos, a fin de complacer sus deseos, y los progenitores accederán a sus deseos, sin parar mientes en el hecho de que están inculcando el egoísmo en sus hijos.  Pero los padres, al hacer esta obra, están causando un daño a sus hijos, y más tarde descubrirán cuán difícil es contrarrestar la influencia de la educación de los primeros años en la vida del niño. Los niños deben aprender tempranamente que no pueden ser complacidos cuando se trata de deseos egoístas (Signs of the Times, 13-8-1896).

No deis nada que sea pedido con llanto.
Una lección preciosa que la madre necesita repetir una vez tras otra es que el niño no debe gobernar; él no es el amo, sino que son la voluntad y los deseos de la madre los que han de imponerse.  Así se les enseña  dominio propio.  No les deis ninguna cosa que pidan llorando, aun cuando vuestro corazón compasivo desee mucho complacerlos; porque si una vez ganan la victoria incesante el llanto, esperarán hacerlo una vez más.  La segunda vez la batalla será más vehemente (Manuscrito 43, 1900).

Nunca permitas manifestaciones de ira
Entre las primeras tareas de la madre, está el refrenamiento de la pasión por sus pequeños. No debería permitirse que los niños manifestaran ira; no debería permitírseles lanzarse al  suelo, patalear y gritar porque se les ha negado algo que no era para su bien, He quedado preocupada al ver cómo muchos padres permiten a los niños manifestaciones de ira. Las madres parecen considerar estos estallidos de ira como algo que debe soportarse y se muestran indiferentes ante  la conducta del niño. Pero si una vez se permite un mal, será repetido, y su repetición lo transformará en un hábito, y así el carácter del niño recibirá un molde equivocado (Signs of the Times, 16-3-1891).

Cuándo reprender al mal espíritu.
A menudo he visto a los pequeños lanzarse al suelo y gritar cuando se contrariaba su voluntad. Este es el momento de reprender al mal espíritu. El enemigo procurará dominar la mente de nuestros hijos, pero ¿le permitiremos moldearlos de acuerdo con su voluntad? Estos pequeños no saben discernir cuál espíritu influye en ellos, y es el deber de los padres ejercer juicio y discreción en lugar de ellos. Deben observar cuidadosamente sus hábitos. Deben refrenarse las malas tendencias y estimularse la mente en favor de lo bueno. Hay que estimular al niño en todos los esfuerzos que realiza por dominarse a sí mismo (Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 61).

Comenzad con "los cantos de Belén".
Las madres deberían educar a sus bebés en sus brazos, de acuerdo con los principios y los hábitos correctos. No deberían permitirlos golpearse la cabeza contra el suelo. . . . Que las madres los eduquen en su infancia. Comenzad con los cantos de Belén. Estos suaves acordes ejercen una influencia aquietadora.  Cantadles esas melodías subyugadoras que hablan de Cristo y de su amor (Manuscrito 9, 1893).

No manifestéis indecisión.
El mal genio del niño debería dominarse tan pronto como sea posible; porque cuanto más se descuide este deber, tanto más difícil será realizarlo. Los niños de temperamento irritable y colérico necesitan el cuidado especial de sus padres. Debe tratárselos en forma particularmente bondadosa pero firme; no debería haber indecisiones de parte de los padres en su caso. Deberían fomentarse y fortalecerse cuidadosamente  los rasgos de carácter que detendrían naturalmente el desarrollo de sus faltas peculiares. Complacer a un niño de un genio apasionado y perverso resultará en su ruina. Sus faltas se fortalecerán a medida que transcurran sus años, retardarán el desarrollo de su mente, y sobrepujarán a todos los rasgos buenos y nobles de carácter (Pacific Health Journal, enero de 1890).

El ejemplo de dominio propio de los padres es vital.
Algunos padres no tienen dominio sobre sí mismos. No controlan sus propios apetitos mórbidos o su temperamento colérico; por lo tanto, no pueden educar a sus hijos en lo que atañe a la negación del apetito, ni enseñarles dominio propio (Id., octubre de 1897).
Si los padres quieren enseñar dominio propio a sus hijos, deben primero formar ese hábito en sí mismos.  Los regaños y las manías de criticar de los padres estimulan un temperamento precipitado e impetuoso en sus hijos (Signs of the Times,  24-11-1881).

No os canséis de hacer el bien.
Los padres son demasiado aficionados a la facilidad y al placer para realizar la obra que Dios les señaló en su vida de hogar. No veríamos el terrible estado de maldad que existe entre la juventud de hoy, si hubiera sido debidamente educada en el hogar. Si los padres reasumieran la tarea que Dios les ha encomendado y enseñaran la moderación, la abnegación y el dominio propio a sus hijos, tanto por precepto como por ejemplo, encontrarían que mientras procuran cumplir con su deber, como para recibir la aprobación de Dios, aprenderían preciosas lecciones en la escuela de Cristo. Aprenderían la paciencia, el amor y la humildad; y éstas son las mismas lecciones que han de enseñar a sus hijos. 

Después de que se hayan despertado las sensibilidades morales de los padres, y retomen su obra descuidada con energías renovadas, no deberían desanimarse o permitirse ser retrasados en su obra.  Muchos se cansan de obrar bien. Cuando descubren que se requiere un esfuerzo sostenido, un constante dominio propio y una buena medida de gracia, tanto como conocimiento, a fin de hacer frente a las emergencias inesperados que surgen, se descorazonan y abandonan la lucha, y dejan que el enemigo de las almas haga su voluntad. Día tras día, mes tras mes, año tras año, debe proseguir la obra, hasta que el carácter de vuestros hijos quedo formado y los hábitos afirmados en forma correcta. No debéis ceder y dejar a vuestras familias abandonadas y sin gobierno (Review and Herald 10-7-1888),

Nunca perdáis el dominio de vosotros mismos.
Nunca deberíamos perder el dominio de nosotros mismos. Mantengamos siempre delante de nosotros el Modelo perfecto. Es un pecado hablar con impaciencia o mal humor, o sentir ira -aun cuando no hablemos.  Debemos trabajar dignamente, y representar correctamente a Cristo. Hablar palabras airadas es como golpear un pedernal contra otro pedernal: inmediatamente surgen las chispas de los sentimientos airados.
Nunca seáis como el capullo de la castaña. En el hogar, no uséis palabras ásperas e hirientes. Deberíais invitar al Huésped celestial a acudir a vuestro hogar, y al mismo tiempo hacer lo posible para que él y los ángeles celestiales moren con vosotros. Deberíais recibir la justicia de Cristo, la santificación del Espíritu de Dios, la belleza de la santidad, a fin de revelar la luz de la vida a los que están junto a vosotros (Manuscrito 102, 1901).

El sabio dice: "Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu,  que el que toma una ciudad". El hombre o la mujer que conserva el equilibrio mental cuando se siente tentado a ceder a la pasión, ocupa un lugar más elevado ante la vista de Dios y de los ángeles celestiales que el general más renombrado que alguna vez haya conducido a un  ejército a la batalla y la victoria. Un conocido emperador dijo en su lecho de muerte: "Entre todas mis victorias, hay una sola que me proporciona gran consuelo en este momento, y esa es la victoria que he logrado sobre mi propio temperamento turbulento". Alejandro y César encontraron más fácil subyugar al mundo que someterse a sí mismos.  Después de vencer a una nación tras otra, cayeron -uno de ellos "víctima de la intemperancia, el otro de una loca ambición"(Good Health, noviembre de 1880). 

(La Conducción del Niño de E.G. de White)

(IV) LA OBEDIENCIA ES LA LECCIÓN MÁS IMPORTANTE: 12. “La Obediencia Debe Convertirse en un Hábito”


Empléense esfuerzos suaves pero persistentes.
Se les ha de enseñar a los niños que sus capacidades les fueron dadas para honra y gloria de Dios. A este fin deben aprender la lección de la obediencia. . . . Debe inculcársele el hábito mediante esfuerzos amables y persistentes. Así se podrán evitar en un extenso grado, aquellos conflictos ulteriores entre su voluntad y la autoridad, que tanto contribuyen a despertar en las mentes de los jóvenes la enemistad la amargura hacia sus padres y maestros y demasiado a menudo, resistencia a toda autoridad humana y divina (Consejos para los Maestros, págs. 85, 86).

No se admitan disculpas o evasivas.
La primera preocupación de los padres debería ser establecer un buen gobierno en la familia. La palabra de los padres debería ser ley, y excluir toda disculpa o evasiva. Los niños, desde su misma infancia, deberían ser enseñados a obedecer implícitamente a sus padres (Pacific Health Journal, enero de 1890).
La disciplina estricta a veces puede causar desazón, y los niños querrán actuar según su propia voluntad.  Sin embargo, cuando han aprendido la lección de obediencia a sus padres, están mejor preparados para someterse a los requerimientos de Dios. De este modo, la enseñanza recibida en la infancia, influye sobre la experiencia religiosa y moldea el carácter del hombre (Signs of the Times, 26-2-1880).

No se permitan excepciones.
Como maestros en su propia familia, los padres han de ver que no se desobedezcan las reglas. . . . Al permitir que sus hijos desobedezcan, fracasan en el ejercicio de la debida disciplina.  Los niños deben ser llevados hasta  el punto de que se sometan y obedezcan. La desobediencia no debe permitirse. El pecado yace a la puerta de los padres que permiten que sus hijos desobedezcan. . . . Los niños deben comprender que han de obedecer (Manuscrito 82, 1901).

Requiérase una obediencia rápida y perfecta.
Cuando los padres dejan de requerir una obediencia rápida y perfecta de sus hijos, fracasan en colocar el debido fundamento del carácter en sus pequeños. Preparan a sus hijos para deshonrarlos cuando sean mayores, y llenarán de tristeza su corazón cuando se acerquen a la tumba (Manuscrito 18, 1891).

Los requerimientos deberían ser razonables.
Los requerimientos de los padres deben ser siempre razonables; deben expresar bondad, no por una negligencia insensata, sino por una sabia dirección. han de enseñar a sus hijos en forma agradable, sin reñir ni censurarlos, procurando ligar consigo el corazón de los pequeñuelos con sedosas cuerdas de amor. Sean todos, padres y madres, maestros, hermanos hermanas mayores, una fuerza educadora para fortalecer todo interés espiritual, y para introducir en el hogar y en la vida escolar una atmósfera sana que, ayude a los niños menores a crecer en la educación y admonición del Señor (Consejos para los Maestros, pág. 122).

"En la enseñanza de nuestros propios hijos, y en la enseñanza de los hijos ajenos, hemos comprobado que ellos no aman menos a sus padres y guardianes por restringirlos de hacer el mal" 
(Review and Herald, 10-5-1898).

Debería darse las Razones por las que se exige obediencia.
Los niños deben aprender a obedecer en el gobierno de la familia. Deben formar un carácter simétrico que Dios pueda aprobar, manteniendo la vigencia de la ley en la vida doméstica. Los padres cristianos han  de educar a sus hijos para que obedezcan  la ley de Dios. . . . Las razones para esta obediencia y respeto de la ley de Dios pueden imprimirse en los niños tan pronto como puedan comprender su naturaleza, de modo que sepan qué deben hacer, y qué deben abstenerse de hacer (Manuscrito 126, 1897).

La palabra de los padres debería ser ley.
Vuestros hijos, que están bajo vuestro control, deben ser inducidos a respetaros. Vuestra palabra debería ser ley (Review and Herald, 19-9-1854).
Muchos padres cristianos fracasan en la tarea de mandar a sus hijos después de ellos, y luego se admiran de que sus hijos sean perversos, desobedientes, desagradecidos e impíos. Tales padres están bajo el reproche de Dios.  Han descuidado el deber de criar a sus hijos en la disciplina y la amonestación del Señor.  Han fallado en enseñarles la primera lección del cristianismo: "El temor de Dios es el principio de la sabiduría". Dice el sabio: "la necedad está ligada en el corazón del muchacho". El amor a la necedad, el deseo de hacer el mal, el odio por las cosas sagradas, son algunas de las dificultades que los padres deben enfrentar en el campo misionero del hogar. . .
En la fortaleza de Dios, los padres deben levantarse y mandar a su familia en pos de ellos. Deben aprender a reprimir el mal con una mano firme, y sin embargo sin impaciencia o pasión. No deberían dejar a los niños adivinar lo que es correcto, sino que deberían señalar el camino con términos inequívocos y enseñarles a andar por él (Id., 4-5-1886).

La influencia de un hijo desobediente.
Un hijo desobediente hará gran daño a aquellos con quienes se asocie, porque formará a otros niños según su propio modelo (Id., 13-3-1894).

Tolerando el pecado.
Enseñad a vuestros hijos a honraros, porque la ley de Dios ha colocado este  deber sobre los hijos. Si permitís que vuestros hijos estimen livianamente vuestros deseos y no obedezcan a las leyes de la familia, estáis tolerando el pecado; estáis permitiendo que el maligno trabaje a gusto: y la misma insubordinación, falta de reverencia, y amor al yo serán llevados por ellos a la vida religiosa y a la iglesia. Y el comienzo de todo este mal es anotado en los libros del cielo como descuido de los padres (Id., 14-4-1885).

EL hábito de la obediencia se establezca por la repetición
Las lecciones de obediencia, de respeto por la autoridad, necesitan repetirse a menudo. Esta clase de obra realizada en la familia constituirá una poderosa influencia para el bien, y no sólo se evitará que los hijos hagan el mal y se los constreñirá a amar la verdad y la justicia, sino que también los padres recibirán el mismo beneficio. Esta clase de obra que el Señor requiere no puede ser hecha sin una seria meditación de su parte, y sin mucho estudio de la Palabra de Dios, a fin de que puedan instruir de acuerdo con sus directivas (Manuscrito 24, 1894). 

(La Conducción del Niño de E.G. de White)

domingo, 27 de noviembre de 2011

(IV) LA OBEDIENCIA ES LA LECCIÓN MAS IMPORTANTE: 11. “Enseñado Desde la Infancia”


Comenzad a enseñar a una edad temprana.
La obediencia a la autoridad paternal debería inculcarse en la infancia y cultivarse en la juventud (Review and Herald, 13-3-1894). 
Algunos padres piensan que pueden dejar a sus pequeños que hagan como les plazca en su infancia y que cuando sean mayores podrán razonar con ellos, pero esto es sin error. Comenzad en la infancia a enseñar la obediencia. . . . Requerid obediencia en la escuela de vuestro hogar (Carta 74, 1898).

"Los niños, desde su más tierna infancia, deberían ser ensañados a obedecer a sus padres, a respetar su palabra y a reverenciar su autoridad"
(Review and Herald, 16-7-1895)

Antes de que se desarrolle  la razón.
Una de las primeras lecciones que necesita aprender el niño es la de la obediencia.  Se le debe enseñar a obedecer antes que tenga edad suficiente para razonar (La Educación 279).
La obra de la madre debería comenzar con el Infante. Debería subyugar la voluntad obstinada y el mal genio del niño y someter su genio. Enseñadle a obedecer y a medida que, el niño crezca, no aflojéis la mano (Signs of the Times. 26-2-1880).

Antes de que se afiance la obstinación.
Pocos padres comienzan suficientemente temprano a enseñar la obediencia a sus hijos. Generalmente se permite que el niño tome la delantera en dos o tres años a sus padres, quienes se abstienen de disciplinarlo, pensando que es demasiado joven para aprender a obedecer. Pero durante todo este tiempo el yo se va fortaleciendo en el pequeño ser, y cada día torna más difícil la tarea de los padres de dominar  al niño. Los niños, a una edad muy temprana, pueden comprender lo que es más sencillo y fácil para ellos, y, mediante métodos juiciosos, puede enseñárseles a obedecer. . . .

La madre no debería permitir que el niño la aventaje ni una sola vez. A fin de mantener su autoridad, no es necesario recurrir a medidas duras; una mano firme y constante y una bondad que, convence al niño de vuestro amor cumplirán este propósito. Pero si se permite que el egoísmo, la ira y la obstinación se posesionen del niño durante los tres primeros años de su vida, resultará muy difícil someterlo a una disciplina conveniente. Su genio se ha tornado displicente; se complace, en hacer su propia voluntad; el control paternal le resulta desagradable. Estas tendencias negativas se desarrollan con el crecimiento del niño, hasta que, en la adultez, el egoísmo supremo y la falta de dominio propio lo colocan a merced de los males desenfrenados de nuestra sociedad (Pacific Health Journal, abril de 1890).

"Nunca debe permitírseles que manifiesten falta de respeto hacia sus padres. Nunca la terquedad se debe dejar sin reprensión. El futuro bienestar del niño requiere una disciplina bondadosa, amante, pero firme" 
(Consejos para los Maestros, pág. 86).

La obediencia a los padres conduce a la obediencia a Dios.
Los jóvenes y los niños que tienen padres que oran han recibido un gran privilegio, porque tienen la oportunidad de conocer y amar a Dios. Al respetar y obedecer a sus padres, pueden aprender a respetar y obedecer a su Padre celestial. Si andan como hijos de luz, serán bondadosos y corteses, amantes y respetuosos de sus padres, a quienes han visto, y  así estarán mejor calificados para amar a Dios a quien no han visto. Si son fieles representantes de sus padres, y practican la verdad con la ayuda que Dios les concede, entonces por precepto y ejemplo reconocen  su dependencia de Dios y lo honran mediante una vida ordenada y un comportamiento piadoso (Youth's Instructor, 15-6-1893).

Sólo los obedientes entrarán en el cielo.
Que los padres y los maestros impriman en la mente de los niños la verdad de que el Señor los está probando en esta vida, para ver si lo obedecerán con amor y reverencia. Aquellos que no quieren obedecer a Cristo aquí, no lo obedecerían en el mundo eterno (Consejos Sobre la Obra de la Escuela Sabática, pág. 87).

"Si los padres o los hijos reciben alguna vez la bienvenida en las mansiones celestiales, será porque en este mundo han aprendido a obedecer los mandamientos de Dios" 
(Manuscrito 60, 1903).

(La Conducción del Niño de E.G. de White)

(V) LA OBEDIENCIA ES LA LECCIÓN MAS IMPORTANTE: 10. “La Clave de la Felicidad y el Éxito”


La felicidad depende de la obediencia.
Recuerden los padres, las madres y los educadores de nuestras escuelas que la enseñanza de la obediencia a los niños es una rama superior de la educación. Demasiado poca importancia se le atribuye a este aspecto de la educación (Manuscrito 92, 1899).

Los niños serán más felices, mucho más felices, bajo la debida disciplina que si se los deja obrar siguiendo la sugerencia de sus impulsos no educados (Manuscrito 49, 1901).

La diligente y continua obediencia a los sabios reglamentos establecidos por los padres promoverá la felicidad de los niños tanto como honrará a Dios y hará bien a la sociedad. Los niños deben aprender que su perfecta libertad está en la sumisión a las leyes de la familia. Los cristianos aprenderán la misma lección: que en su obediencia a la ley de Dios está su perfecta libertad (Review and Herald. 30-8-1881).

La voluntad de Dios es la ley del cielo. Mientras esa ley fue la regla de la vida, toda la familia de Dios se mantuvo santa y feliz. Pero cuando se desobedeció la ley divina, entonces se introdujeron la envidia, los celos y las luchas, y cayó una parte de los habitantes del ciclo. Mientras se reverencie la ley de Dios en nuestros hogares terrenales, la familia será feliz (Ibid.).

La desobediencia causó la pérdida del Edén.
El relato de la desobediencia de Adán y de Eva en el  mismo comienzo de la historia de esta tierra ha sido dado extensamente. Mediante ese solo acto de desobediencia, nuestros primeros padres perdieron su hermoso hogar edénico. ¡Y era una cosa tan pequeña! Tenemos razón para estar agradecidos de que no haya sido un asunto de más importancia, porque de haber sido así, las pequeñas transgresiones en la desobediencia se habrían multiplicado. Fue la prueba más pequeña que Dios pudo darle a la santa pareja en el Edén.

La desobediencia y la transgresión siempre constituyen una gran ofensa contra Dios. La infidelidad en lo que es más pequeño, pronto, si no se la corrige, conduce a la transgresión en lo que es grande. No es la grandeza de la desobediencia, sino la desobediencia en sí misma lo que constituye un crimen (Manuscrito 92, 1899).

El fundamento de la prosperidad temporal y espiritual.
La prosperidad temporal y espiritual han sido prometidas a condición de que se obedezca la ley de Dios. Pero no leemos la Palabra de Dios y así no nos formalizamos con los términos de la bendición que ha de darse a todos los que prestan diligente atención a la ley de Dios y, la enseñan diligentemente a sus familias. La obediencia a la Palabra de Dios es nuestra vida, nuestra felicidad. Contemplamos el mundo y lo vemos gemir bajo el peso de la impiedad y la violencia de, los hombres que han rebajado la ley de Dios. El ha retirado su bendición de los huertos y los viñedos. Si no fuera por su pueblo que guarda los mandamientos y que vive en la tierra, no detendría sus juicios. Extiende su misericordia a causa de los justos que lo aman le temen (Manuscrito 64, 1899).

Conducid a los niños por las sendas de la obediencia.
Los padres tienen el deber sagrado de conducir  a sus hijos por las sendas de una estricta obediencia. La verdadera felicidad en esta vida y en la vida futura dependen de la obediencia a un "así dice Jehová". Padres, permitid que la vida de Cristo sea el modelo. Satanás ideará todo medio posible para destruir esta elevada norma de piedad como si fuera demasiado estricta. Vuestra obra consiste en impresionar a vuestros hijos en sus tiernos años con el pensamiento de que han sido formados a la imagen de Dios. Cristo vino a este mundo para darles un ejemplo viviente de lo que todos deben ser, y los padres que pretenden creer la verdad para este tiempo deben enseñar a sus hijos a amar a Dios y a obedecer su ley. . . .


 Esta es la obra más grande y más importante que los padres y las madres puedan realizar. . . . Dios se, propone, que aún los niños y los jóvenes comprenden inteligentemente lo que él requiere, para que puedan distinguir entre la justicia y el pecado, entre la obediencia y la desobediencia (Manuscrito 67, 1909).

La obediencia ha de resultar agradable.
Los padres deberían educar a sus hijos línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito aquí, un poquito allá, sin permitir ningún alejamiento de la santa ley de Dios. Deberían confiar en el poder divino, y pedir al Señor ayuda para mantener a sus hijos fieles a Aquel que dio a su hijo unigénito para que trajera a los desleales y desobedientes de vuelta al reconocimiento de su autoridad. Dios anhela derramar sobre hombres y mujeres la rica corriente de su amor. Anhela verlos deleitándose en hacer su voluntad, empleando en su servicio hasta la menor partícula de las facultades que les ha confiado, enseñando a todos los que se relacionan con ellos que la manera de ser considerados como justos por amor de Cristo consiste en obedecer la ley (Manuscrito 36, 1900).

(La Conducción del Niño de E.G.de White)

domingo, 9 de octubre de 2011

(III) MAESTROS DEBIDAMENTE PREPARADOS: 9. “Un Llamamiento A La Superación”


Se Necesita Un Avance Continuo.
El trabajo de la madre es de tal naturaleza que exige continuo progreso en su propia vida, a fin de poder conducir a sus hijos hacia realizaciones más elevadas. Pero Satanás traza sus planes para asegurarse las almas de los padres y los hijos. Las madres son alejadas de sus deberes del hogar y de la cuidadosa atención de sus pequeños, para servir al yo y al mundo (Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 60).
Por el bien de sus hijos, si no por otra razón, las madres deberían cultivar su intelecto, porque su obra implica una mayor responsabilidad que la del rey en su trono. Pocas madres experimentan el peso de la tarea que se les ha confiado, o comprenden la eficiencia que pueden alcanzar para su obra peculiar mediante un esfuerzo paciente y cabal en el cultivo de sí mismas. Y ante todo, la madre necesita disciplinarse estrictamente y cultivar todas las facultades y los afectos de la mente y el corazón, para no tener un carácter distorsionado o unilateral y dejar en sus vástagos las señales de su deficiencia o excentricidad. Muchas madres necesitan ser llevadas a ver la positiva necesidad de un cambio en sus propósitos y caracteres a fin de realizar aceptablemente los deberes que voluntariamente han asumido al contraer matrimonio. Los conductos de la utilidad de la mujer pueden ampliarse y su influencia puede extenderse hasta un grado casi ilimitado si ella quiere dar la debida atención a estos asuntos, los cuales atañen al destino de la humanidad (P. H. Journal, May 1890).
Mejorad Constantemente En Sabiduría Y Eficiencia.
Las madres, por encima de todos los demás, deberían acostumbrarse a pensar e investigar si quieren progresar en sabiduría y eficiencia. Las que perseveren en esta conducta, pronto advertirán que se está capacitando en lo que antes eran deficientes; están aprendiendo a formar correctamente los caracteres de sus hijos. El resultado del trabajo y la consideración dados a esta obra se verá en su obediencia, su sencillez, su modestia y pureza. Este resultado pagará con creces todo el esfuerzo empleado.
Dios quiere que las madres procuren constantemente mejorar tanto su mente como su corazón. Deberían sentir que tienen que realizar una obra para él en la educación y formación de sus hijos, y cuanto más perfectamente puedan mejorar sus propias facultades, tanto más eficientes serán en su obra maternal ( Signs of the Times, 9-2-1882).
Los Padres Deberían Progresar Intelectual Y Moralmente.
Es el deber de las madres cultivar su mente y, mantener puro su corazón. Deberían aprovechar todos los medios a su alcance para su mejoramiento intelectual y moral, a fin de que puedan calificarse para mejorar la calidad de la mente de sus hijos  (Testimonies, tomo 3, pág. 147). Los padres deberían ser alumnos constantes de la de Cristo. Necesitan lozanía y poder para enseñar con la sencillez de Cristo el conocimiento de su voluntad a los miembros jóvenes de la familia de Dios (Signs of the Times, 25-9-1901).
El Poder Asombroso De La Cultura Cristiana.
Los padres aún no comprenden el asombroso poder de la cultura cristiana. Hay minas de verdad que deben trabajarse pero que han sido extrañamente descuidadas. Esta negligencia no recibe la aprobación de Dios. Padres, Dios os llama a que consideréis esta cuestión con ojos ungidos. Sólo habéis raspado la  superficie. Reasumid la obra que habéis descuidado durante tanto tiempo, que Dios colaborará con vosotros. Realizad vuestra obra de todo corazón, y Dios os ayudará a mejorar, Comenzad llevando el Evangelio a la vida del hogar (Id., 3-4-1901).
Ahora estamos en el taller de Dios. Muchos de nosotros somos piedras ásperas sacadas de la cantera. Pero a medida que sintamos la influencia de la Palabra de Dios, desaparece toda imperfección y estamos preparados para brillar como piedras vivas en el templo celestial, donde nos asociaremos no sólo con los santos ángeles sino también con el mismo rey del cielo (Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 161).
El Blanco Es La Perfección
Madres, no descartaréis las labores inútiles y sin importancia que perecerán con el uso? ¿No os acercaréis a Dios para que su sabiduría os guíe y su gracia os asista en una obra que tendrá la duración de la eternidad. Proponeos hacer perfectos de carácter a vuestros hijos. Recordad que únicamente ellos podrán ver a Dios. . .
Muchos padres están descuidando la obra que Dios los ha dado. Ellos mismos están lejos de la pureza y la piedad, y no ven los defectos de sus hijos como deberían, si sus propios ojos estuvieran contemplando y admirando la perfección del carácter de Cristo (Signs of the Times, 1-7-1886).
Cómo Llegar A Ser Una Madre Ideal.
En vez de sumirse en una simple rutina de faenas domésticas, encuentre la esposa y madre de familia tiempo para leer, para mantenerse bien informada, para ser compañera de su marido y para seguir de cerca el desarrollo de la inteligencia de sus hijos. Aproveche sabiamente las oportunidades presentes para influir en sus amados de modo que los encamine hacia la vida superior. Haga del querido Salvador su  compañero diario y su amigo familiar. Dedique algo de tiempo al estudio de la Palabra de Dios, a pasear con sus hijos por el campo y a aprender de Dios por la contemplación de sus hermosas obras.
Consérvese alegre y animada. En vez de consagrar todo momento a interminables costuras, haga de la velada de familia una ocasión de grata sociabilidad, una reunión de familia después de las labores del día. Un proceder tal induciría a muchos hombres a preferir la sociedad de los suyos en casa a la del casino o de la taberna. Muchos muchachos serían guardados del peligro de la calle o del negocio de comestibles de la esquina. Muchas niñas evitarían las compañías frívolas y seductoras. La influencia del hogar llegaría a ser entonces para padres e hijos lo que Dios se propuso que fuera, es decir, una bendición para toda la vida (El Ministerio de Curación, págs. 225, 226).
El Éxito En La Vida Hogareña.
Consejo a una madre. No debe seguir sus propias inclinaciones. Debe tener mucho cuidado en establecer el ejemplo correcto en todas las cosas. No se quede inactiva. Despierte sus energías adormecidas. Hágase necesaria para su esposo siendo atenta y útil. Sea para él una bendición en todas las cosas. Lleve a cabo los deberes esenciales. Estudie la manera de realizar con vivacidad los deberes de la vida doméstica que son sencillos, no interesantes, sino muy necesario.
Trate de convertir en un éxito su vida hogareña. Desempeñar bien la posición de esposa y madre significa mucho más de lo que Ud. ha pensado. . . . Necesita la cultura y la experiencia de la vida doméstica. Ud. necesita la variedad, el aliciente, el esfuerzo ferviente, el cultivo del poder de la voluntad, que proporciona esta vida (Carta 5, 1884).
Los Padres Que Están Demasiado Ocupados.
Muchos padres sostienen que, tienen mucho que hacer de modo que no les queda tiempo para cultivar su mente, educar a sus hijos para la vida práctica, o para enseñarles cómo pueden llegar a ser corderos del rebaño de Cristo (Testimonies, tomo 3, págs. 144, 145).
Los padres no deben descuidar el fortalecimiento de su mente contra el pecado, para precaverse contra aquello que no sólo los arruinará a ellos mismos, sino que transmitirá dolor y toda clase de miserias y males a sus descendientes. Al educarse correctamente ellos mismos, los padres han de enseñar a sus hijos que los cielos gobiernan (Carta 86, 1899).
Los Padres Deben Recibir El Consejo.
Mientras duermen en una impía indiferencia, Satanás está sembrando en el corazón de sus hijos semillas que brotarán para producir una cosecha mortífera. Sin embargo, a menudo estos padres resisten los consejos que procuran corregir sus errores. Actúan como si quisieran preguntarles a aquellos que los aconsejan: ¿Qué derecho tiene Ud. para meterse con mis hijos? ¿Pero no son sus hijos también los hijos de Dios? ¿Cómo considera Dios su impío descuido de su deber? ¿Qué excusa presentirán cuando les pregunte por qué trajeron hijos al mundo, y luego los dejaron abandonados a las tentaciones de Satanás? (Signs of the Times, 3-4-1901).
Preparaos para escuchar consejos de otros. No penséis que no incumbe a vuestras hermanas o hermanos la manera como tratáis a vuestros hijos, o cómo se conducen vuestros hijos (Manuscrito 27, 1911).
El Beneficio De Las Reuniones Destinadas Al Consejo Mutuo.
Dios nos ha encomendado una obra muy sagrada, y necesitamos reunirnos para recibir instrucción, a fin de capacitarnos para realizarla. . . .  Necesitamos reunirnos y recibir el toque divino para poder comprender cuál es esa obra que debemos realizar en el hogar. Los padres necesitan comprensión como deben enviar a sus hijos e hijas desde el santuario del hogar, preparados y educados de tal manera que sean capaces de brillar como luces en el mundo (Testimonies, tomo 6, págs. 32, 33).
En las reuniones de los congresos adventistas [cuando hay instrucciones para la vida familiar], podemos obtener una mejor comprensión de nuestros deberes domésticos. Aquí hay lecciones que deben aprenderse concernientes a la obra que el Señor quiere que realicen nuestras hermanas en sus hogares. Deben aprender a cultivar un lenguaje cortés cuando hablan con su esposo y sus hijos. Deben estudiar cómo ayudar a cada miembro de la familia a someterse a la disciplina de Dios. Los padres y las madres comprendan que tienen la obligación de hacer que el hogar sea agradable y atractivo, y que no han de obtener la obediencia amenazando o reprendiendo. Muchos padres aún tienen que aprender que no obtendrán ningún bien con sus arrebatos de reprensión. Muchos no consideran que es necesario hablar bondadosamente a los niños. No recuerdan que estos pequeños han sido comprados con precio y son la posesión adquirida del Señor Jesús (Manuscrito 65. 1908). 


(La Conducción del Niño de E.G.de White)


(III) MAESTROS DEBIDAMENTE PREPARADOS: 8. “Se Requiere Preparación”


 La preparación de la madre es extrañamente descuidada.
El primer maestro del niño es la madre. En las manos de ésta se concentra en gran parte su educación durante el período de mayor sensibilidad y más rápido desarrollo. A ella se da en primer lugar la oportunidad de amoldar su carácter para bien o mal. Debería apreciar el valor de esa oportunidad y, más que cualquier otro maestro, debería estar preparada para usarla del mejor modo posible. Sin embargo, no hay otro ser a cuya educación se preste tan poca atención. La persona cuya influencia en materia de educación es más potente y abarcante es aquella en cuya ayuda se hace menos esfuerzo sistemático (La Educación, pág. 267).

Es urgente una preparación cuidadosa y cabal.

Aquellos a quienes se confía el cuidado del niñito ignoran a menudo sus necesidades físicas; poco saben de las leyes de la salud o los principios del desarrollo. Tampoco están mejor preparados para atender su crecimiento mental y espiritual. Pueden poseer cualidades para actuar en los negocios o brillar en sociedad; pueden haber hecho progresos en la literatura y la ciencia; pero poco saben de la educación de un niño. . .
Tanto sobre los padres como sobre las madres descansa la responsabilidad de la primera, como asimismo de la ulterior educación del niño, y ambos padres necesitan urgentísimamente una preparación  cuidadosa y cabal. Antes de cargar con las posibilidades de la paternidad y la maternidad, los hombres y las mujeres deberían familiarizarse con las leyes del desarrollo físico: con la fisiología y la higiene, con la relación de las influencias prenatales, con las leyes que rigen la herencia, la salud, el vestido, el ejercicio, y el tratamiento de las enfermedades; deberían comprender también las leyes del desarrollo mental y de la educación moral. . . La educación nunca llevará a cabo lo que podría y debería efectuar, hasta que se reconozca plenamente la obra de los padres y éstos reciban una preparación para desempeñar sus sagradas responsabilidades (Id., págs. 267, 268).
Los padres . . . deben estudiar las leyes de la naturaleza. Deben familiarizarse con el organismo del cuerpo humano. Necesitan entender las funciones de los varios órganos y su mutua relación y dependencia. Deben estudiar la relación de las facultades mentales con las físicas y las condiciones requeridas para el funcionamiento sano de cada una de ellas. Asumir las responsabilidades de la paternidad sin una preparación tal, es pecado (El Ministerio de Curación, pág. 294). 

"¿Quién es suficiente?"
Bien podrían preguntar los padres: "Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?" Sólo Dios es su suficiencia, y si lo dejan fuera del problema, y no buscan su ayuda y su consejo, su tarea es desesperanzada. Pero mediante la oración, el estudio de la Biblia y un celo ferviente. pueden tener éxito noblemente en este importante deber, y recibir como pago cien veces más por todo su tiempo y sus preocupaciones. . . . La fuente de sabiduría está abierta; de ella pueden extraer todo el conocimiento necesario en este sentido (Testimonies, tomo 4, pág. 198). 
A veces el corazón puede estar listo para desfallecer; pero una clara comprensión de los peligros que amenazan la felicidad presente futura de sus amados debería inducir a cada padre cristiano a buscar más fervientemente la ayuda de la Fuente de la fortaleza y la sabiduría. Debería tornarlos más circunspectos, más decididos, más serenos y sin embargo, firmes, mientras cuidan de estas almas, como quienes saben que tendrán que rendir cuentas por ellas (Review and Herald, 30-8-1881).

La educación del niño exige la comprensión de la voluntad de Dios.
Los padres no tienen excusa por no comprender claramente la voluntad de Dios para obedecer las leyes de su reino. Sólo así pueden conducir a sus hijos al cielo. Mis hermanos y hermanas, es vuestro deber comprender los requerimientos de Dios. ¿Cómo podréis educar a vuestros hijos en las cosas de Dios a menos que vosotros mismos conozcáis lo que es correcto y lo que es equivocado, a menos que comprendáis que la obediencia significa la vida eterna y la desobediencia la muerte eterna?
La comprensión de la voluntad de Dios debe convertirse en el tema de la obra de toda nuestra vida. Unicamente en la medida en que hagamos esto lograremos educar correctamente a nuestros hijos (Manuscrito 103, 1902).

El manual de Dios con abundantes instrucciones.
Los padres no pueden cumplir debidamente sus responsabilidades a menos que tomen la Palabra de Dios como una regla de su vida, a menos que comprendan que han de educar y formar el carácter de cada precioso tesoro humano para que finalmente llegue a aprehender la vida eterna (Manuscrito 84, 1897).
La Biblia, un volumen rico en instrucciones, debería ser su libro de texto. Si preparan a sus hijos de acuerdo con sus preceptos, no sólo colocan los pies de sus niños en el sendero correcto, sino que se educan a sí mismos en el cumplimiento de sus deberes más sagrados (Testimonies, torno 4, pág. 198).
La obra de los padres es una obra importante y solemne; los deberes que les conciernen son grandiosos, pero si estudian la Palabra de Dios cuidadosamente, encontrarán en ella abundantes instrucciones y muchas promesas preciosas hechas para ellos a condición de que cumplan su tarea fielmente y con eficacia (Signs of the Times, 8-4-1886).

Reglas para los padres y los hijos.
Dios ha dado reglas para la dirección de los padres y los hijos. Y estas reglas han de obedecerse estrictamente. Los hijos no han de ser mimados y no debe permitírselas pensar que, pueden seguir sus propios deseos sin pedir el consejo de sus padres. . . . 
No es posible apartarse, sin pecar, de las reglas que Dios ha dado para la dirección de los padres y los hijos. Dios espera que los padres eduquen a sus hijos de acuerdo con los principios de su Palabra. La fe y las obras deben ir juntas. Todo lo que se haga en la vida del hogar y de la escuela debe hacerse, con decencia y orden (Carta 9, 1904).

A la ley y al testimonio.

La obra de educación en el hogar, si se cumple de acuerdo como Dios se ha propuesto, exige que los padres sean estudiantes diligentes de las Escrituras. Deben aprender del gran Maestro. Día a día la ley del amor y la bondad debe estar en sus labios. Sus vidas deben manifestar la gracia y la verdad que se vieron en la vida de su Ejemplo. Luego un amor santificado unirá los corazones de los padres con los hijos, y los jóvenes crecerán afirmados en la fe y arraigados y fundados en el amor de Dios. Cuando la voluntad y los caminos de Dios llegan a ser la voluntad y los caminos de los padres adventistas, sus hijos crecerán para amar, honrar y obedecer  a Dios. Satanás no podrá dominar su mente, porque habrán sido educados para considerar la Palabra de Dios como suprema, y pondrán a prueba toda vicisitud que les sobrevenga de acuerdo con la ley y el testimonio (Carta 356, 1907).

Si habéis sido inteligentes, redimid el tiempo.
Los padres deberían estudiar la Palabra de Dios para sí mismos y para su familia. Pero en lugar de hacer esto, muchos niños crecen sin recibir enseñanza, sin que se los dirija, sin que se los restrinja. Los padres deberían hacer ahora todo lo posible por redimir su descuido y colocar a sus hijos en el lugar donde estén bajo la mejor influencia (Manuscrito 76, 1905).
Entonces, padres, escudriñad las Escrituras. No seáis sólo oidores; sed hacedores de la Palabra. Cumplid la norma de Dios en la educación de vuestros hijos (Manuscrito 57, 1897).

La regla guiadora: ¿qué dice el Señor?

La obra de todos los padres consiste en educar a sus hijos en los caminos del Señor. Esta no es una cuestión que pueda tratarse livianamente, o dejarse de lado, sin incurrir en el desagrado de Dios. No se nos ha llamado a decidir cuál es la conducta que deben seguir otros, o cómo podemos hacer las cosas más fácilmente, sino que debemos preguntarnos: ¿qué dice el Señor? Ni los padres ni los hijos pueden tener paz o felicidad o reposo de espíritu cuando transitan por una senda falsa. Pero cuando el temor de Dios reine en el corazón combinado con el amor a Jesús se experimentarán paz y gozo.
Padres, extended la Palabra de Dios delante de Aquel que lee vuestro corazón y toda cosa secreta, y preguntad: ¿qué dicen las Escrituras? Esta debe ser la regla de vuestra vida. Los que aman a las almas no quedarán silenciosos cuando adviertan el peligro. Se nos ha asegurado que ninguna cosa fuera de la verdad de Dios puede dar sabiduría a los padres en el trato con las mentes humanas, y mantenerlos obrando sabiamente (Review and Herald, 30-3-1897).

Preparación individual.

Si existe un puesto del deber por encima de otro que requiere el cultivo de la mente, donde las facultades intelectuales y físicas requieren un tono saludable y vigoroso, es la educación de los niños (Pacific Health Journal, junio de 1890).
En vista de la responsabilidad individual de las madres, cada mujer debería desarrollar una mente equilibrada y un carácter puro, que reflejen únicamente la verdad, el bien y la hermosura. La esposa y madre puede unir a su esposo e hijos a su corazón mediante un amor considerado, manifestado en palabras suaves y un comportamiento cortés, el cual, como regla, será copiado por sus hijos (Id., septiembre de 1890).

Madre, ésta es su tarea sagrada.
Hermana mía, Cristo le ha encomendado la obra sagrada de enseñar sus mandamientos a sus hijos. A fin de capacitarse para esta obra, Ud. misma debe vivir en obediencia a todos sus preceptos. Cultive el hábito de observar cuidadosamente cada palabra y acción. Cuide con mucha diligencia sus palabras. Venza todo arranque temperamental; porque si manifiesta impaciencia, ayudará el adversario a hacer que la vida del hogar sea desagradable para sus hijos (Carta 47 a, 1902).

Trabajad en colaboración con la divinidad.
Madres, dejad que vuestro corazón se abra para recibir la instrucción de Dios, recordando siempre que debéis hacer vuestra parte de conformidad con la voluntad de Dios. Debéis colocaros en la luz y buscar la sabiduría de Dios, a fin de saber cómo obrar, para que reconozcáis a Dios como el obrero principal, y  comprendáis que vosotros sois colaboradoras juntamente con él. Que vuestro corazón se extienda en la contemplación de las cosas celestiales. Ejercitad los talentos que Dios os ha dado al cumplir los deberes confiados por Dios a vosotras como madres, y trabajad en colaboración con los instrumentos divinos, Trabajad inteligentemente, y, "si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios" (Signs of the Times, 9-4-1896).
La madre debería someterse a sí misma y a sus hijos al cuidado del compasivo Redentor. Debería procurar mejorar sus habilidades ferviente, paciente, animosamente, a fin de utilizar correctamente las facultades más elevadas de la mente en la educación de sus hijos. Su propósito más elevado debería ser dar, impartir a sus hijos una educación que reciba la aprobación de Dios. Al realizar su obra de manera inteligente, recibirá capacidad para hacer su parte (Id., 3-4-1901). La madre debería sentir su necesidad de la dirección del Espíritu Santo, para que ella misma tenga una experiencia genuina al someterse a los caminos y la voluntad del Señor. Luego, mediante la gracia de Cristo, podrá ser una maestra sabia, suave y amante de sus hijos.
 (Review and Herald. 10-5-1898).

Si habéis comenzado mal.

A los padres que han comenzado mal su enseñanza les digo: no desesperéis. Necesitáis convertiros cabalmente a Dios. Necesitáis el verdadero espíritu de obediencia a la Palabra de Dios. Debéis hacer reformas decididas en vuestras propias costumbres y prácticas, conformando vuestra vida a los principios salvadores de la ley de Dios. Cuando hagáis esto, tendréis la justicia de Cristo que llena la ley de Dios, porque amáis a Dios y reconocéis su ley como una copia de su carácter. La verdadera fe en los méritos de Cristo no  es una fantasía. Es de la mayor importancia que pongáis los atributos de Cristo en vuestra propia vida y carácter y eduquéis y forméis a vuestros hijos con esfuerzos perseverantes para que sean obedientes a los mandamientos de Dios. Un "así dice Jehová" debería guiaros en todos vuestros planes de educación....
Que haya un profundo y cabal arrepentimiento delante de Dios. Comenzad este año... buscando fervientemente a Dios para recibir su gracia, para recibir discernimiento espiritual a fin de descubrir los defectos en la obra del pasado de vuestra obra como misioneros del hogar (Manuscrito 12, 1898).
Este es vuestro día de confianza, vuestro día de responsabilidad y oportunidad. Pronto llegará aquel en que habréis de dar cuenta. Emprended vuestra obra con ferviente oración y fiel esfuerzo. Enseñad a vuestros hijos que es privilegio suyo recibir cada día el bautismo del Espíritu Santo. Permitid que Cristo encuentre en vosotros su mano auxiliadora para ejecutar sus propósito. Por la oración podéis adquirir una experiencia que dará perfecto éxito a vuestro ministerio en favor de vuestros hijos.
 (Consejos para los Maestros. Págs.100, 101). 
(La Conducción del Niño de E.G.de White)
 

martes, 30 de agosto de 2011

(II) LOS MÉTODOS Y LOS TEXTOS: 7. “Lecciones Prácticas del Libro de la Naturaleza”

La voz de Dios en su creación.
Doquiera nos volvamos, oímos la voz de Dios y contemplamos la obra de sus manos.
Desde el solemne y profundo retumbo del trueno y el incesante rugido del viejo océano, hasta los alegres cantos que llenan los bosques de melodía, las diez mil voces de la naturaleza expresan su loor. En la tierra, en el mar y en el cielo, con sus maravillosos matices y colores, que varían en glorioso contraste o se fusionan armoniosamente, contemplamos su gloria. 
Las montañas eternas hablan de su poder. Los árboles que hacen ondear sus verdes estandartes a la luz del sol, las flores en su delicada belleza, señalan a su Creador. El verde vivo que alfombra la tierra, habla del cuidado de Dios por la más humilde de sus criaturas. Las cuevas del mar y las profundidades de la tierra, revelan sus tesoros. El que puso las perlas en el océano y la amatista y el crisólito entre las rocas, ama lo bello. El sol que se levanta en los cielos es una representación de Aquel que es la vida y la luz de todo lo que ha hecho. Todo el esplendor y la hermosura que adornan la tierra e iluminan los cielos, hablan de Dios.

Por lo tanto, mientras disfrutamos de sus dones, ¿habremos de olvidarnos del Dador? Dejemos más bien que nos induzcan a contemplar su bondad y su amor, y que todo lo que hay de hermoso en nuestra patria terrenal nos recuerde el río cristalino y los campos verdes, los ondeantes árboles y las fuentes vivas, la resplandeciente ciudad y los cantores de ropas blancas de nuestra patria celestial, el mundo de belleza que ningún artista puede pintar, que  ninguna lengua mortal puede describir. "Cosas que ojo no vio, ni oreja oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman" (1 Cor. 2:9) (Consejos para los Maestros pág. 44).

Del amor y el carácter de Dios.
Las madres . . . no deberían recargarse tanto con actividades y preocupaciones que no les quede tiempo para educar a sus hijos con ayuda del gran libro de la naturaleza, impresionando su tierna mente con las bellezas que contienen los pimpollos y las flores. Los elevados árboles, los hermosos pájaros que envían sus alegres cantos a su Creador, hablan a sus sentidos de la bondad, la misericordia y la benevolencia de Dios. Cada hoja y flor con sus tintes variados, que perfuman el aire, les enseñan que Dios es amor. Todo lo que es bueno, amante y hermoso en este mundo les habla del amor de nuestro Padre celestial. Pueden discernir el carácter de Dios en sus obras creadas (Signs of the Times, 5-8-1875).

De la perfección de Dios.
Así como las cosas de la naturaleza manifiestan su aprecio por su Creador al hacer lo mejor posible por embellecer la tierra y representar la perfección de Dios, así también los seres humanos deberían esforzarse en su esfera de acción por manifestar la perfección de Dios, permitiéndole obrar mediante ellos sus propósitos de justicia, misericordia y bondad (Carta 47, 1903).

Del Creador y el sábado.
¿Quién nos da el sol que hace producir la tierra? ¿Quién nos da las lluvias abundantes? ¿Quién nos ha dado los cielos de arriba y el sol y las estrellas del cielo? ¿Quién os concedió la razón, quién cuida de vosotros todos los días? . . . Cada vez que contemplemos el mundo, se nos recuerda de la poderosa mano de Dios que lo trajo a la existencia. El cielo que se extiende por encima de nuestra cabeza, y la tierra que se  ensancha bajo nuestros pies cubierta por una alfombra de verdor, hacen recordar el poder de Dios y también su bondad. Pudo haber hecho el pasto oscuro o negro, pero Dios ama la belleza, y por lo tanto nos ha dado cosas hermosas para contemplar. ¿Quién podría pintar las flores con los delicados tintes que Dios les ha dado? . . .

No podemos tener un libro de texto mejor que la naturaleza. "Considerad los lirios del campo, como crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos". Elevemos hacia Dios la mente de nuestros hijos. Para eso él nos dio el séptimo día y lo dejó como un recordativo de sus obras creadas (Manuscrito 16, 1895).

La obediencia a la ley.
El mismo poder que sostiene la naturaleza, obra también en el hombre. Las mismas grandes leyes que guían igualmente a la estrella y al átomo, rigen la vida humana. Las leyes que gobiernan la acción del corazón para regular la salida de la corriente de vida al cuerpo, son las leyes de la poderosa Inteligencia que tiene la jurisdicción del alma. De esa Inteligencia procede toda la vida. Unicamente en armonía con ella se puede hallar su verdadera esfera de acción. La condición para todos los objetos de su creación, es la misma: una vida sostenida por la vida que se recibe de Dios, una vida que esté en armonía con la voluntad del Creador. Transgredir su ley, física, mental, o moral, significa perder la armonía con el universo, introducir discordia, anarquía y ruina. Toda la naturaleza se ilumina para aquel que aprende así a interpretar sus enseñanzas; el mundo es un libro de texto; la vida, una escuela. La unidad del hombre con la naturaleza y con Dios, el dominio universal de la ley, los resultados de la transgresión, no pueden dejar de hacer impresión en la mente y modelar el carácter. Estas son las lecciones que nuestros niños deben aprender (La Educación, págs. 95, 96).

Otras lecciones de las leyes de la naturaleza.
Al cultivar la tierra, el trabajador reflexivo descubrirá que se abren ante él tesoros jamás soñados. Nadie puede tener éxito en los trabajos agrícolas o de la huerta si no presta atención a las leyes que entrañan. Es necesario estudiar las necesidades especiales de cada variedad de plantas. Las diversas variedades requieren terreno y cultivo diferentes, y la condición del éxito es la obediencia a las leyes que rigen a cada una. La atención requerida al trasplantar, para que no se cambien de lugar ni amontonen siquiera las raíces más finas, el cuidado de las plantas tiernas, la poda y el riego; la protección contra la helada de la noche y el sol durante el día, el cuidado de mantener alejadas las malas hierbas, las enfermedades y las plagas de insectos, el arreglo de las plantas, no sólo enseñan lecciones importantes en cuanto al desarrollo del carácter, sino que el trabajo mismo es un medio de desarrollo. Al desarrollar el cuidado, la paciencia, la atención a los detalles, la obediencia a la ley, se obtiene una educación esencial. El contacto constante con el misterio de la vida y el encanto de la naturaleza, así como la ternura necesaria para cuidar esos hermosos objetos de la creación de Dios, tienden a vivificar la mente y refinar y elevar el carácter, y las lecciones aprendidas preparan al trabajador para tratar con más éxito con otras mentes (Id., págs. 107, 108).

Lecciones de la siembra.
La parábola del sembrador y de la simiente encierra una profunda lección espiritual. La simiente representa los principios sembrados en el corazón, y su crecimiento, el desarrollo del carácter. Haced práctica la enseñanza de este  punto. Los niños pueden preparar el suelo y sembrar la simiente; y mientras trabajan, los padres o maestros pueden explicarles cómo es el jardín del corazón, y la buena o mala semilla que se siembra en él; que así como el jardín debe ser preparado para la semilla natural, el corazón también debe serlo para la semilla de la verdad. A medida que crece la planta, puede continuarse con la relación entre la siembra natural y la espiritual (Consejos para los Maestros, págs.109, 110). Al esparcir la semilla en el suelo, pueden enseñar la lección de la muerte de Cristo, y al brotar la hierba, la verdad de la resurrección.
 (La Educación, págs. 106, 107).

El huerto del corazón necesita cultivo.
Continuamente se pueden aprender lecciones del cultivo del suelo. Nadie se establece en un pedazo de tierra inculta con la esperanza de que dé inmediatamente una cosecha. Se debe hacer una labor diligente, perseverante, en la preparación del suelo, la siembra de la semilla, y el cultivo de las mieses. Igual debe ser el proceder en la siembra espiritual. Debe cultivarse el jardín del corazón. La tierra debe ser roturada por el arrepentimiento. Deben sacarse de raíz las malas hierbas que ahogan el grano sembrado. Así como se requiere un trabajo diligente para limpiar un campo que se ha llenado de abrojos, sólo se pueden vencer las malas tendencias del corazón por medio de esfuerzos fervientes hechos en el nombre y el poder de Cristo (Id., pág. 107).

El crecimiento en la gracia.
Hablad a vuestros hijos del poder que Dios tiene de hacer milagros. Mientras estudian el gran libro de texto de la naturaleza, Dios impresionará sus mentes. El agricultor labra su tierra y siembra su semilla; pero no puede hacerla crecer. Debe confiar en que Dios hará lo que ningún poder humano puede realizar. El Señor  pone su poder vital en la semilla, haciéndola germinar, y tener vida. Bajo su cuidado, el germen de vida atraviesa la dura corteza que lo envuelve, y brota para llevar fruto. Primero aparece la hoja, después la espiga, y luego el grano lleno en la espiga. Al hablárseles a los niños de la obra que Dios hace en la semilla, aprenderán el secreto del crecimiento en la gracia (Consejos para los Maestros. pág. 96).

Superación del ambiente.
En Norteamérica tenemos los lozanos nenúfares. Estas hermosas flores crecen puras, inmaculadas, perfectas, sin una sola mancha. Surgen en medio de una masa de desechos. Le dije a mi hijo: "Quiero que trates de conseguirme el tallo de ese nenúfar y arrancarlo tan cerca de la raíz como sea posible. Quiero que comprendas algo relacionado con él". Me trajo varios nenúfares, y yo los observé. Todos estaban llenos de canalitos abiertos, y los tallos extraían el alimento de la arena limpia que había debajo, y estos elementos nutritivos se convertían en el puro e inmaculado nenúfar. Rehusaba todos los desechos. Rehusaba todo lo repugnante. Y así se desarrollaba en toda su pureza.

Esta es exactamente la manera en que debemos educar a nuestros jóvenes en este mundo, que sus mentes y corazones reciban instrucción acerca de quién es Dios, quién es Jesucristo, y el sacrificio que ha realizado en nuestro favor. Que absorban la pureza, la virtud, la gracia, la cortesía, el amor y la paciencia; que las absorban de la Fuente de todo poder (Manuscrito 43 a, 1894).

Lecciones de confianza y perseverancia.
"Mas pregunta, si quieres, a las bestias, que ellas te enseñarán, o a las aves del cielo, que ellas te lo dirán; y los peces del mar te lo contarán". "Ve a la hormiga, . . . considera sus caminos". "Mirad las  aves". "Considerad los cuervos" (Job 12:7,8; Prov. 6:6; Mat. 6:26; Luc. 12:24). No solamente hemos de hablar al niño de estas criaturas de Dios. Los mismos animales deben ser sus maestros. Las hormigas enseñan lecciones de trabajo paciente, de perseverancia para vencer los obstáculos, de previsión para el futuro. Los pájaros son maestros de la dulce lección de la confianza. Nuestro Padre celestial hace provisión para ellos, pero ellos deben buscar alimento, construir sus nidos y criar a sus hijos. Constantemente están expuestos a los enemigos que tratan de destruirlos y, sin embargo, ¡con qué ánimo hacen el trabajo! ¡Cuán gozosos son sus cantos!

Es hermosa la descripción que hace el salmista del cuidado de Dios por las criaturas de los bosques: "Las altas montañas son para las cabras monteses; Los peñascos sirven de refugio para los damanes" (Sal. 104:18). El hace correr los manantiales por las montañas donde los pájaros tienen su habitación y "gorjean entre las ramas" (Sal. 104:12). Todas las criaturas de los bosques y de las montañas forman parte de su gran familia. El abre la mano y satisface "el deseo de todo ser viviente"
 (Sal. 145:16)  (La Educación, págs. 113, 114).

Los insectos enseñan laboriosidad.
La industriosa abeja le da a los hombres inteligentes un ejemplo de lo que harían bien en imitar. Esos insectos observan un orden perfecto, y en la colmena no se tolera a ningún ocioso. Realizan el trabajo asignado a cada una con una inteligencia y una actividad que escapan a nuestra comprensión. . . . El sabio nos llama la atención hacia las cosas pequeñas de la tierra: "Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento". "Las  hormigas, pueblo no fuerte, y en el verano preparan su comida". Podemos aprender lecciones de fidelidad de estos pequeños maestros. Si aprovecháramos con la misma diligencia las facultades que un Creador sabio nos ha concedido, cuánto crecerían nuestras facultades para la utilidad. El ojo de Dios contempla hasta la más pequeña de sus criaturas; ¿no considera entonces, al hombre formado a su imagen, y requiere de él que le corresponda por todas las ventajas que le ha concedido? (Testimonies, tomo 4, págs. 455, 456).
(La Conducción del Niño de E.G.de White)

viernes, 15 de julio de 2011

(II) LOS MÉTODOS Y LOS TEXTOS: 6. “El Libro de la Naturaleza”

Una segura fuente de instrucción.
La naturaleza ha de ser nuestro gran libro de texto después de la Biblia (Testimonies, tomo 6, pág. 185).
Para el niñito que aún no es capaz de aprender lo que se enseña por medio de la página impresa o de ser iniciado en la rutina del aula, la naturaleza presenta una fuente infalible de instrucción y deleite. El corazón que aún no ha sido endurecido por el contacto con el mal, es perspicaz para reconocer la Presencia que penetra todas las cosas creadas. El oído que no ha sido entorpecido por el vocerío del mundo, está atento a la Voz que habla por medio de las expresiones de la naturaleza. Y para los de más edad, que necesitan continuamente los silenciosos recordativos de lo espiritual y lo eterno, la enseñanza de la naturaleza no dejará de ser una fuente de placer e instrucción (La Educación, pág. 96).

Utilizada como libro de texto en el Edén.
Todo el mundo natural está destinado a ser intérprete de las cosas de Dios. Para Adán y Eva en su hogar del Edén, la naturaleza estaba llena del conocimiento de Dios, rebosante de la instrucción Divina. Para sus oídos atentos, hacía repercutir la voz de la sabiduría. La sabiduría hablaba al ojo y era recibida en el corazón; porque ellos comulgaban con Dios en sus obras creadas (Consejos para los Maestros, págs. 143, 144).

El libro de la naturaleza, al desplegar ante ellos sus lecciones vivas, les proporcionaba una fuente inagotable de instrucción y deleite. El nombre de Dios estaba escrito en cada hoja del bosque y en cada piedra de las montañas, en toda estrella brillante, en el mar, el cielo y la tierra. Los moradores del Edén trataban con la creación animada 44 e inanimada; con las hojas, las flores, y los árboles, con toda criatura viviente, desde el leviatán de las aguas, hasta el átomo en el rayo del sol, y aprendían de ellos los secretos de su vida. La gloria de Dios en los cielos, los mundos innumerables con sus movimientos prefijados, "los equilibrios de las nubes" (Job 37:16), los misterios de la luz y del sonido, del día y de la noche, todos eran temas de estudio para los alumnos de la primera escuela de la tierra (La Educación, pág. 18).

Nuevas lecciones desde la caída.
Aunque la tierra estaba marchitada por la maldición, la naturaleza debía seguir siendo el libro de texto del hombre. Ya no podía representar bondad solamente, porque el mal estaba presente en todas partes y arruinaba la tierra, el mar y el aire con su contacto contaminador. Donde antes había estado escrito únicamente el carácter de Dios, el conocimiento del bien, estaba también escrito ahora el carácter de Satanás, el conocimiento del mal. El hombre debía recibir continuamente de la naturaleza, que ahora revelaba el conocimiento del bien y del mal, amonestaciones referentes a los resultados del pecado (Id ., pág. 23).

La naturaleza ilustra las lecciones de la Biblia.
Los escritores de la Biblia hacen uso de muchas ilustraciones que ofrece la naturaleza, y si observamos las cosas del mundo natural, podremos comprender más plenamente, bajo la mano guiadora del Espíritu Santo, las lecciones de la Palabra de Dios (Id., pág. 115). En el mundo natural, Dios ha puesto en las manos de los hijos de los hombres la llave que ha de abrir el alfolí de su Palabra. Lo invisible queda ilustrado por lo que se ve; la sabiduría divina, la verdad eterna y la gracia infinita se entienden por las cosas que Dios ha hecho (Consejos para los Maestros, pág. 145). 45

Debería animarse a los niños a buscar en la naturaleza los objetos que ilustran las enseñanzas bíblicas y rastrear en la Biblia los símiles sacados de la naturaleza. Deberían buscar, tanto en la naturaleza como en la Sagrada Escritura, todos los objetos que representan a Cristo, como también los que él empleó para ilustrar la verdad. Así pueden aprender a verle en el árbol y en la vid, en el lirio y en la rosa, en el sol y en la estrella. Pueden aprender a oír su voz en el canto de los pájaros, en el murmullo de los árboles, en el ruido del trueno y en la música del mar. Y cada objeto de la naturaleza les repetirá las preciosas lecciones del Creador. Para los que así se familiaricen con Cristo, nunca jamás será la tierra un lugar solitario y desolado. Será para ellos la casa de su Padre, llena de la presencia de Aquel que una vez moró entre los hombres (La Educación, págs. 115, 116).

La Biblia interpreta los misterios de la naturaleza.
Sin embargo, hasta el niño, al ponerse en contacto con la naturaleza, hallará causas de perplejidad. No puede dejar de reconocer la actuación de fuerzas antagónicas. Es aquí donde la naturaleza necesita un intérprete. Al ver el mal manifiesto hasta en el mundo natural, todos tienen que aprender la misma triste lección: "Algún enemigo ha hecho esto" (Mat. 13: 28). Sólo se puede leer debidamente la enseñanza de la naturaleza, a la luz que procede del Calvario. Hágase ver por medio de la historia de Belén y de la cruz, cuán bueno es vencer el mal, y cómo constituye un don de la redención cada bendición que recibimos.

En la zarza y la espina, el abrojo y la cizaña, está representado el mal que marchita y desfigura. En el canto del pájaro y el pimpollo que se abre, en la lluvia, y la luz del sol, en la brisa estival y en el suave rocío, en diez mil objetos de la 46 naturaleza, desde el cedro del bosque hasta la violeta que florece a su pie, se ve el amor que restaura. Y la naturaleza nos habla todavía de la bondad de Dios (Id., pág. 97).

Lecciones en el aula ideal.
Así como los moradores del Edén aprendieron de las páginas de la naturaleza, así como Moisés percibió lo que Dios había escrito en los llanos y las montañas de Arabia, y el niño Jesús en los cerros de Nazaret, los niños de hoy día también pueden aprender del Creador. Lo visible ilustra lo invisible (Id., pág. 96).

Cultivad el amor a la naturaleza. Que la madre . . . encuentre tiempo para cultivar en ella misma y en sus hijos amor por las cosas hermosas de la naturaleza. Que les muestre las glorias extendidas en los cielos, los miles de formas de belleza que adornan la tierra, y que luego les hable acerca del que creó todas estas cosas. Así podrá conducir su tierna mente hacia su Creador, y despertar en su corazón reverencia y amor por el Dador de toda bendición. Los campos y las colinas -la cámara de audiencia de la naturaleza- deberían ser el aula para los niños. Sus tesoros deberían constituir su libro de texto. Las lecciones así impresas en su mente no se olvidarán fácilmente. . .

Los padres pueden hacer mucho al relacionar a sus hijos con Dios animándolos a amar las cosas de la naturaleza que él les ha dado, y a reconocer la mano del Dador en todo lo que reciben. El suelo del corazón puede ser preparado así para recibir las preciosas semillas de la verdad, las cuales a su debido tiempo brotarán y llevarán una rica cosecha.
 (Signs of the Times, 6-12-1877).

Uníos a los pájaros con cantos de alabanza.
Especialmente los niñitos debieran acercarse a la naturaleza. En vez de aherrojarlos con las modas, déjeselos libres como los corderitos, para que jueguen 47 bajo los dulces y alegres rayos solares. Mostradles los arbustos y las flores, la humilde hierba y los altos árboles, y dejadlos familiarizarse con sus hermosas, múltiples y delicadas formas. Enseñadles a ver sabiduría y el amor de Dios en sus obras creadas; y mientras sus corazones se ensanchen de gozo y amor agradecido, dejadlos unirse a las aves en sus cantos de alabanza.

Educad a los niños y jóvenes a considerar las obras del gran Artífice y Maestro y a imitar las gracias atrayentes de la naturaleza en la edificación de su carácter. A medida que el amor de Dios conquiste sus corazones, dejadles impregnar sus vidas con la hermosura de la santidad. Así usarán sus capacidades para beneficiar a otros y para honrar a Dios.
 (Consejos para los Maestros, pág. 145).

Buscad en la naturaleza al Dios de la naturaleza.
Los niños necesitan recibir lecciones que los fortalezcan para resistir el pecado. Señaladles en la naturaleza al Dios de la naturaleza, y así se familiarizarán con el Creador. ¿En qué forma mejor puedo enseñar a mis hijos a servir y glorificar a Dios? Debería ser la pregunta que ocupe la mente de los padres. Si todo el cielo se interesa en el bienestar de la humanidad, ¿no deberíamos ser diligentes en hacer lo mejor posible para el bien de nuestros hijos? (Manuscrito 29, 1886).

El estudio de la naturaleza fortalece la mente.
La gloria de Dios está desplegada en la obra de sus manos. Aquí hay misterios en cuya dilucidación se fortalecerá la mente. Las mentes que se han divertido con la lectura de obras de ficción y se han ocupado de ellas con exceso pueden encontrar en la naturaleza un libro abierto, y leer la verdad en las obras de Dios que las rodean. Todos pueden encontrar temas de estudio en la sencilla hoja de los árboles del bosque, en el pasto que cubre la tierra con 48 su aterciopelada alfombra verde, en las plantas y las flores, en los altos árboles del bosque, en las elevadas montañas, en las rocas graníticas, en el océano inquieto, en las preciosas gemas de luz que tachonan los cielos para tornar hermosa la noche, en las inagotables riquezas de la luz solar, en las solemnes glorias de la luna, en el frío del invierno, en el calor del verano, en las estaciones cambiantes, en el perfecto orden y la armonía regidos por el poder infinito; aquí hay temas que demandan el pensamiento profundo, y la expansión de la imaginación.

Si los frívolos y los que buscan placeres espacian sus mentes en lo que es real y verdadero, el corazón no dejará de llenarse de reverencia, y adorarán al Dios de la naturaleza. La contemplación y el estudio del carácter de Dios como está revelado en sus obras creadas abrirá un campo de pensamiento que desviará la mente de las diversiones rastreras, degradantes y enervadoras. Unicamente en este mundo podemos comenzar a obtener el conocimiento de las obras de Dios y de sus caminos. Este estudio proseguirá a través de toda la eternidad. Dios proporciona al hombre motivos de pensamiento que pondrán en actividad todas las facultades de la mente. Podemos leer el carácter del Creador en los cielos que se extienden por arriba y en la tierra aquí abajo, llenando el corazón de gratitud y agradecimiento. Cada nervio y sentido responderá a las expresiones del amor de Dios manifestadas en sus maravillosas obras (Testimonies, tomo 4, pág. 581).

La naturaleza y la Biblia fueron los libros de texto de Jesús.
Se educó en las fuentes designadas por el Cielo, en el trabajo útil, en el estudio de las Escrituras, en la naturaleza y en las experiencias de la vida, en los libros de texto de Dios, llenos de enseñanza para todo aquel que recurre a ellos con 49 manos voluntarias, ojos abiertos y corazón dispuesto a entender (El Ministerio de Curación, pág. 311).

Su conocimiento íntimo de las Escrituras nos demuestra cuán diligentemente dedicó sus primeros años al estudio de la Palabra de Dios. Delante de él se extendía la gran biblioteca de las obras de Dios. El que había hecho todas las cosas, estudió las lecciones que su propia mano había escrito en la tierra, el mar y el cielo. Apartado de los caminos profanos del mundo, adquiría conocimiento científico de la naturaleza. Estudiaba la vida de las plantas, los animales y los hombres. Desde sus más tiernos años, fue dominado por un propósito: vivió para beneficiar a otros. Para ello, hallaba recursos en la naturaleza; al estudiar la vida de las plantas y de los animales concebía nuevas ideas de los medios y modos de realizarlo. . .

Así se revelaba a Jesús el significado de la Palabra y las obras de Dios, mientras trataba de comprender la razón de las cosas que veía. Le acompañaban los seres celestiales, y se gozaba cultivando santos pensamientos y comuniones. Desde el primer destello de la inteligencia, estuvo constantemente creciendo en gracia espiritual y conocimiento de la verdad. Todo niño puede aprender como Jesús. Mientras tratemos de familiarizarnos con nuestro Padre celestial mediante su Palabra, los ángeles se nos acercarán, nuestro intelecto se fortalecerá, nuestro carácter se elevará y refinará (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 51).

Jesús la utilizó en su enseñanza.
El gran Maestro puso a sus oyentes en contacto con la naturaleza, para que oyesen la voz que habla en todas las cosas creadas, y a medida que sus corazones se hacían más sensibles y sus mentes más receptivas, les ayudaba a interpretar la enseñanza espiritual de las 50 escenas que contemplaban sus ojos. Las parábolas, por medio de las cuales le gustaba enseñar lecciones de verdad, muestran cuán abierto estaba su espíritu a las influencias de la naturaleza y cómo le agradaba sacar la enseñanza espiritual del ambiente en que transcurría la vida diaria.

Cristo se valía de las aves del cielo, los lirios del campo, el sembrador y la semilla, el pastor y las ovejas, para ilustrar verdades inmortales. También sacaba ilustraciones de los acontecimientos de la vida, de cosas familiares a sus oyentes, tales como la levadura, el tesoro escondido, la perla, la red del pescador, la moneda perdida, el hijo pródigo, las casas construidas en la arena y en la roca. En sus lecciones había algo para interesar a cada mente, e impresionar cada corazón. De ese modo la tarea diaria, en vez de ser una mera rutina de trabajo, exenta de pensamientos elevados, era animada por recuerdos constantes de lo espiritual y lo invisible.

Del mismo modo deberíamos enseñar nosotros. Aprendan los niños a ver en la naturaleza una expresión del amor y de la sabiduría de Dios; vincúlese el concepto del Creador al ave, la flor, y el árbol; lleguen todas las cosas visibles a ser para ellos intérpretes de lo invisible y todos los sucesos de la vida, medios de enseñanza divina. Al mismo tiempo que aprenden así a estudiar lecciones que enseñan todas las cosas creadas y todas las circunstancias de la vida, muéstrese que las mismas leyes que rigen las cosas de la naturaleza y los sucesos de la vida, deben regirnos a nosotros; que son promulgadas para nuestro bien; y que únicamente obedeciéndolas podemos hallar felicidad y éxito verdaderos (La Educación, págs. 98, 99). 51

(La Conducción del Niño de E.G.de White)