miércoles, 22 de agosto de 2018

XVIII. EL MANTENIMIENTO DE LA EXPERIENCIA RELIGIOSA (EGW). CAPÍTULO 80. LA REVERENCIA POR LO QUE ES SANTO.


LA PRECIOSA GRACIA DE LA REVERENCIA.
Otro don que debería ser cuidadosamente fomentado es el de la reverencia (La Educación, pág. 237).

La educación y preparación de los jóvenes debe ser de un carácter que ensalce las cosas sagradas y estimule la devoción pura a Dios en su casa.  Muchos de los que profesan ser hijos del Rey celestial no tienen verdadero aprecio por el carácter sagrado de las cosas eternas.
 (Joyas de los Testimonios, tomo 2, págs. 198, 199).

DIOS HA DE SER REVERENCIADO.
La verdadera reverencia hacia Dios es inspirada por el sentimiento de su infinita grandeza y la comprensión de su presencia.  El corazón de todo niño debería ser profundamente impresionado con esta sensación del Invisible (La Educación, pág. 237).

HA DE SER REVERENCIADO SU NOMBRE.
También se debería mostrar reverencia hacia el nombre de Dios.  Nunca se debería pronunciar ese nombre con ligereza o indiferencia.  Hasta en la oración se debería evitar su repetición frecuente o innecesaria.  "Santo y temible es su nombre" (Salmo 111: 9).  Los ángeles, al pronunciarlo, cubren sus rostros. ¡Con cuánta reverencia deberíamos pronunciarlo nosotros que somos caídos y pecadores! (Id., pág. 238).

SU PALABRA ES SAGRADA.
Deberíamos reverenciar la Palabra de Dios.  Deberíamos mostrar respeto hacia el volumen impreso y no darle usos comunes ni manosearlo descuidadamente.  Nunca debería ser citada la Escritura en broma, ni parafraseada para decir una agudeza.  "Toda palabra de Dios es acrisolada"; "como plata refinada en horno de tierra, 511 siete veces acrisolada" 
(Prov. 30: 5; Sal. 12: 6) (Ibid.).

Debiera enseñarse a los niños que respeten cada palabra que procede de la boca de Dios.  Los padres han de magnificar siempre los preceptos de la ley de Dios delante de sus hijos, mostrando obediencia a esa ley y viviendo ellos mismos bajo los requerimientos de Dios.  Si los padres son poseídos por un sentimiento de lo sagrado de la ley, con seguridad esto transformará su carácter convirtiendo su alma.
 (Review and Herald, 10-5-1898).

DIOS ESTÁ EN EL LUGAR DE ORACIÓN.
Dios debe ser honrado en todo hogar cristiano con los sacrificios matutinos y vespertinos de oración y alabanza.  Debe enseñarse a los niños a respetar y a reverenciar la hora de oración.
 (Consejos para los Maestros, pág. 85).

Debería enseñarse al niño a considerar sagrados la hora y el lugar de oración y los cultos públicos, porque Dios está en ellos.  Y al manifestar reverencia en la actitud y conducta, el sentimiento que lo inspire se profundizará (La Educación, pág. 237).

LA CASA DE DIOS ES SU SANTO TEMPLO.
Convendría tanto a los jóvenes como a los viejos estudiar, meditar y a menudo repetir aquellas palabras de la Santa Escritura que muestran cómo debería considerarse el lugar señalado 
por la presencia especial de Dios.
"Quita el calzado de tus pies --ordenó Dios a Moisés, junto a la zarza ardiendo--; porque el lugar en que estás, tierra santa es" (Exo. 3: 5).
Jacob, después de contemplar la visión de los ángeles, exclamó: "Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. . . .  No es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo" (Gén. 28: 16, 17). 512
"Jehová empero está en su santo templo: guarde silencio delante de él toda la tierra" (Hab. 2: 20) (Id., págs. 237, 238).

Muchos . . . no tienen verdadero aprecio por el carácter sagrado de las cosas eternas.  Casi todos necesitan que se les enseñe a conducirse en la casa de Dios.  Los padres no deben sólo enseñar, sino ordenar a sus hijos que entren en el santuario con seriedad y reverencia.
 (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 199).

PRECAUCIÓN CONTRA UN DESCUIDO CRECIENTE.
Del carácter sagrado que rodeaba el santuario terrenal, los cristianos pueden aprender cómo deben considerar el lugar donde el Señor se encuentra con su pueblo.  Ha habido un gran cambio, y no en el mejor sentido, sino en el peor, en los hábitos y costumbres de la gente con referencia al culto religioso.  Las cosas preciosas y sagradas que nos relacionan con Dios, están perdiendo rápidamente su influencia y son rebajadas al nivel de las cosas comunes.  La reverencia que el pueblo tenía antiguamente por el santuario donde se encontraba con Dios en servicio sagrado, ha desaparecido mayormente.  Sin embargo, Dios mismo dio el orden del servicio, ensalzándolo muy por encima de todo lo que tuviese naturaleza temporal (Id., pág. 193).

La casa de Dios es profanada con frecuencia y el sábado es violado por los hijos de los observadores del sábado.  En algunos casos aún se les permite correr por la casa, jugar, conversar y manifestar su mal genio en las mismas reuniones donde los santos debieran rendir culto a Dios en la belleza de la santidad.  Y el lugar que debería ser santo, y donde debería reinar una quietud santa, y donde debiera haber un orden perfecto, limpieza y humildad, se convierte en una perfecta Babilonia, "confusión".  Esto es suficiente para provocar el desagrado de Dios 513 y ahuyentar su presencia de nuestras asambleas (Review and Herald, 19-9-1854).

TENEMOS MÁS RAZONES PARA LA REVERENCIA QUE LOS HEBREOS.
Es demasiado cierto que la reverencia por la casa de Dios ha llegado casi a extinguirse.  No se disciernen las cosas y los lugares sagrados, ni se aprecia lo santo y lo exaltado. ¿No falta en nuestra familia la piedad ferviente? ¿No se deberá a que se arrastra en el polvo el alto estandarte de la religión?  Dios dio a su antiguo pueblo reglas de orden, perfectas y exactas. ¿Ha cambiado su carácter? ¿No es el Dios grande y poderoso que rige en el cielo de los cielos? ¿No sería bueno que leyésemos con frecuencia las instrucciones dadas por Dios mismo a los hebreos, para que nosotros, los que tenemos la luz de la gloriosa verdad, imitemos su reverencia por la casa de Dios?  Tenemos abundantes razones. . . .  para ser aún más reflexivos y reverentes en nuestro culto que los judíos.  
Pero un enemigo ha estado trabajando para destruir nuestra fe en el carácter sagrado del culto cristiano.
 (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 198).

LA IGLESIA, EL SANTUARIO DE LA CONGREGACIÓN.
La casa es el santuario para la familia, y la cámara o el huerto el lugar más retraído para el culto individual; pero la iglesia es el santuario para la congregación.  Debiera haber reglas respecto al tiempo, el lugar y la manera de adorar (Id., pág. 193).

ENSEÑAD A LOS NIÑOS A ENTRAR REVERENTEMENTE.
Padres, elevad la norma del cristianismo en la mente de vuestros hijos; ayudadles a entretejer a Jesús en su experiencia; enseñadles a tener la más alta reverencia por la casa de Dios y a comprender que cuando entran en la casa del Señor deben hacerlo con corazón enternecido y subyugado por pensamientos como éstos: "Dios está aquí, ésta es su casa.  Debo tener pensamientos puros y los más santos motivos.  No debo 514 abrigar orgullo, envidias, celos, malas sospechas, odios ni engaño en mi corazón, porque vengo a la presencia del Dios santo.  Este es el lugar donde Dios se encuentra con su pueblo y lo bendice.  El Santo y Sublime, que habita la eternidad, me mira, escudriña mi corazón y lee los pensamientos y los actos más secretos de mi vida" (Id., pág. 196).

PERMANEZCAN CON SUS PADRES.
El gusto moral de los que adoran en el santo santuario de Dios debe ser elevado, refinado y santificado.  Esto se ha descuidado tristemente.  Su importancia se ha pasado por alto y como resultado han prevalecido el desorden y la irreverencia, y Dios ha sido deshonrado.  Cuando los dirigentes de la iglesia, ministros y miembros, padres y madres, no tienen opiniones elevadas sobre el asunto, ¿qué se puede esperar de los niños inexpertos?  Con demasiada frecuencia se los encuentra en grupos, separados de los padres que debieran encargarse de ellos.  No obstante estar en la presencia de Dios y bajo su mirada, son livianos y triviales, cuchichean y ríen, son descuidados, irreverentes y desatentos.
 (Id., pág. 199).

SED TRANQUILOS Y SOSEGADOS.
No tengáis tan poca reverencia hacia la casa y el culto de Dios que converséis con otros durante el sermón.  Si los que cometen esta falta pudiesen ver a los ángeles de Dios que los miran y toman en cuenta su acción se llenarían de vergüenza y de aborrecimiento propio.  Dios quiere oidores atentos.  El enemigo sembró la cizaña mientras el hombre dormía (Mensajes para los Jóvenes, pág. 264).

 NO HEMOS DE PROCEDER COMO EN UN LUGAR COMÚN.
Debiera haber un lugar sagrado, como el santuario de la antigüedad, donde Dios se encuentre con su pueblo.  Ese lugar no debiera usarse como comedor ni como oficina, sino sencillamente para el culto de Dios.  Cuando los niños asisten a la escuela en el 515 mismo lugar donde se reúnen para rendir culto en el sábado, no se puede hacer que sientan la santidad del lugar y que entren en él con sentimientos de reverencia.  Se mezclan de tal manera lo sagrado y lo común que es difícil distinguirlos.
Por esta razón, la casa o santuario dedicado a Dios no debiera convertirse en un lugar común.  Su santidad no se debiera confundir ni mezclar con los sentimientos comunes de todos los días o de la vida comercial.  Debiera haber un solemne temor reverente en los adoradores cuando entran en el santuario, y debieran dejar tras sí todos los pensamientos mundanos comunes, pues ése es el lugar donde Dios revela su presencia.  Es como la cámara de audiencia del gran Dios eterno.  Por lo tanto, el orgullo y la pasión, la disensión y la egolatría, el egoísmo y la avaricia, que Dios denuncia como idolatría, son inapropiados para tal lugar 
(Manuscrito 23, 1886).

NO SE HA DE MANIFESTAR UN ESPÍRITU DE LIVIANDAD.
Padres, es vuestro deber tener a vuestros hijos en perfecta sujeción, habiendo dominado todas sus pasiones y mal genio.  Y si los niños son llevados al culto, debiera hacérseles saber y entender dónde están: que no están en casa, sino donde Dios se encuentra con su pueblo.  Y debiera mantenérselos tranquilos y sin jugar, y Dios volverá su rostro hacia vosotros para encontraros y bendeciros.
Si se observa orden en las asambleas de los santos, la verdad tendrá un efecto mejor sobre todos los que la oyen.  Se fomentará una solemnidad que es muy necesaria y habrá poder en la verdad para conmover hasta lo más profundo del alma, y no penderá sobre los que oyen un estupor semejante a la muerte.  Serán afectados los creyentes y los incrédulos.  
Pareciera evidente que en algunos lugares el arca de Dios ha sido quitada de la iglesia, pues se han violado los santos mandamientos y la fortaleza 516 de Israel ha sido debilitada.
 (Review and Herald, 19-9-1854).

SACAD A LOS NIÑOS QUE DISTURBEN.
Ud. debiera enseñar a su hijo a obedecer como le obedecen a Dios los hijos de Dios.  Si se mantiene esta norma, una palabra suya tendrá peso cuando su hijo esté inquieto en la casa de Dios.  Pero si los niños no pueden ser reprimidos, si los padres sienten que la restricción se parece mucho a una extorsión, el niño debiera ser sacado de la iglesia inmediatamente.  No se debiera dejarlo para que distraiga la mente de los oidores con sus charlas y carreras.  Dios es deshonrado por la forma descuidada en que muchos padres están con sus hijos en la iglesia (Carta 1, 1877).

LA IRREVERENCIA SE FOMENTA POR LA OSTENTACIÓN.
Debe enseñarse a todos a ser aseados, limpios y ordenados en su indumentaria, pero sin dedicarse a los adornos exteriores que son completamente impropios para el santuario.  No debe haber ostentación de trajes; porque esto estimula la irreverencia.  .  .  .  En todos los asuntos de la indumentaria, debemos ser estrictamente cuidadosos y seguir muy de cerca las reglas bíblicas.  La moda ha sido la diosa que ha regido el mundo, y con frecuencia se insinúa en la iglesia.  
La iglesia debe hacer de la Palabra de Dios su norma y los padres deben pensar inteligentemente acerca de este asunto 
(Joyas de los Testimonios, tomo 2, págs. 201, 202).

MOSTRAD REVERENCIA POR LOS MINISTROS QUE SON REPRESENTANTES DE DIOS.
Se debería mostrar reverencia hacia los representantes de Dios: pastores, maestros y padres llamados a hablar y actuar en su lugar.  Dios es honrado por el respeto mostrado hacia ellos.
 (La Educación, pág. 239).

Rara vez se les indica [a los niños] que el ministro es el embajador de Dios, que el mensaje que 517 trae es uno de los medios designados por Dios para salvar a las almas, y que para todos los que tienen el privilegio de ser puestos a su alcance, será sabor de vida para vida o de muerte para muerte (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 199).

No debería tratarse con descuido e indiferencia nada que sea sagrado, que pertenezca al culto de Dios.  Cuando se habla la palabra de vida, deberíais recordar que estáis escuchando la voz de Dios a través de su siervo delegado.  No perdáis esas palabras por falta de atención; si las atendéis, impedirán que vuestros pies se extravíen por senderos equivocados (Mensajes para los Jóvenes, pág. 264).

LA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES CRITICONES.
Padres, tened cuidado en cuanto al ejemplo y a las ideas que inculcáis a vuestros hijos.  Sus mentes son plásticas y las impresiones se graban fácilmente en ellas.  En lo que respecta al servicio del santuario, si el que habló tiene alguna mancha, temed mencionarlo.  Hablad tan sólo de la buena obra que hace, de las buenas ideas que presentó, que debierais escuchar como procedentes del agente de Dios.  Puede verse fácilmente por qué los niños reciben tan poca impresión del ministerio de la palabra, y por qué tienen tan poca reverencia para con la casa de Dios.  Su educación ha sido deficiente al respecto.
 (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 200).

La mente delicada y susceptible de los jóvenes forma su concepto de las labores de los siervos de Dios por la manera en que sus padres las tratan.  Muchas cabezas de familias hacen del culto un asunto de crítica en casa, aprobando algunas cosas y condenando otras.  Así se crítica y pone en duda el mensaje de Dios a los hombres, y se lo hace tema de liviandad. ¡Sólo los libros del cielo revelarán qué impresiones hacen sobre los jóvenes estas observaciones descuidadas e irreverentes!  Los niños ven y 518 comprenden estas cosas mucho más rápidamente de lo que pueden pensar los padres.  Sus sentidos morales quedan mal encauzados, cosa que el tiempo nunca podrá cambiar completamente.  Los padres se lamentan por la dureza de corazón de sus hijos, y por lo difícil que es despertar su sensibilidad moral para que respondan a los requerimientos de Dios.

Pero los libros del cielo llevan, anotada por una pluma que no se equivoca, la verdadera causa.  Los padres no estaban convertidos.  No estaban en armonía con el cielo ni con la obra del cielo.  Sus ideas bajas y comunes del carácter sagrado del ministerio y del santuario de Dios se reprodujeron en la educación de sus hijos.  Es de dudar que alguno que haya estado durante años bajo la influencia agotadora de tal instrucción doméstica pueda ya tener una reverencia sensible y alta consideración por el ministerio de Dios y por los agentes que él designó para la salvación de las almas.  Debemos hablar de estas cosas con reverencia, con lenguaje decoroso y delicada susceptibilidad, a fin de demostrar a todos los que se asocian con nosotros que consideramos el mensaje de los siervos de Dios como mensaje dirigido a nosotros por Dios mismo (Id., págs. 199, 200).

PRACTICAD LA REVERENCIA HASTA QUE SE HAGA HABITUAL.
En la juventud de este siglo se necesita mucho la reverencia.  Estoy alarmada cuando veo a los niños y jóvenes de padres religiosos tan descuidados en cuanto al orden y decoro que debieran observarse en la casa de Dios.  Mientras los siervos de Dios están presentando las palabras de vida a la congregación, algunos leen, otros murmuran y ríen.  Sus ojos están pecando al distraer la atención de los que los rodean.  Este hábito crecerá e influirá en otros, si se permite que continúe sin ser frenado.

Los niños y jóvenes nunca debieran sentir que es algo para enorgullecerse el ser indiferentes y 519 descuidados en las reuniones donde se adora a Dios.   Dios ve cada pensamiento o acción irreverente, y se registra en los libros del cielo.  Él dice: "Conozco tus obras".  Nada está oculto de su ojo que todo lo escudriña.  Si habéis formado, en cualquier grado que fuera, el hábito de no prestar atención y de ser indiferentes en la casa de Dios, ejerced las facultades que tenéis para corregirlo, y mostrad que tenéis dominio propio.  Practicad la reverencia hasta que se convierta 
en una parte de vosotros mismos.
 (Youth's Instructor. 8-10-1896). 520

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