miércoles, 22 de agosto de 2018

XIX. EL DÍA DEL CÓMPUTO FINAL (EGW). CAPÍTULO 82. LA HORA ES TARDÍA.


SATANÁS ESTÁ PREPARANDO SUS HUESTES.
Satanás está preparando sus huestes, ¿estamos preparados individualmente para el terrible conflicto que está precisamente delante de nosotros? ¿Nos estamos preparando y estamos preparando a nuestra familia para que comprenda la posición de nuestros adversarios y sus ardides bélicos? ¿Están formando hábitos de decisión vuestros hijos para que puedan ser firmes y no se rindan en ningún asunto de principio y deber?  Ojalá todos puedan entender las señales de los tiempos y estemos preparados junto con nuestros hijos para que en el tiempo de conflicto Dios pueda ser nuestro refugio y nuestra defensa.
 (Review and Herald, 23-4-1889).

PREPARAOS PARA UNA SORPRESA ABRUMADORA.
La transgresión casi ha llegado a su límite.  La confusión llena el mundo y pronto ha de sobrecoger a los seres humanos un gran terror.  El fin está muy cerca.  El pueblo de Dios debiera estarse preparando para lo que ha de sobrevenir al mundo como una sorpresa abrumadora.
Nuestro tiempo es precioso. No tenemos sino unos pocos, muy pocos días de gracia en los cuales prepararnos para la vida inmortal futura.
 (Youth's Instructor, 28-4-1908).

MUCHAS FAMILIAS NO ESTÁN PREPARADAS.
El sábado y domingo, en visiones de la noche, me pareció estar dando mi testimonio delante de la gente.  En ambas 526 ocasiones, me pareció estar en una grandiosa carpa que estaba literalmente atestada.  El Señor me dio un mensaje decisivo para la gente.  Mi preocupación era nuestras familias que no están preparadas para encontrarse con el Señor.  Una preocupación especial estaba sobre mí, de señalar a nuestro pueblo la necesidad de buscar al Señor con un íntimo escudriñamiento de corazón y fervor de propósito. . . .
Los padres que estén verdaderamente convertidos revelarán en su vida del hogar que están colocando su vida bajo la disciplina de la Palabra de Dios. . . .  La preparación correcta de sus hijos es la más importante obra de la vida para el padre y la madre (Carta 64, 1911).

PREGUNTAS SOLEMNES PARA LOS PADRES.
Padres y madres, ¿cómo están vuestros registros? ¿Habéis sido fieles a vuestro cometido?  Al ver a vuestros hijos inclinados a seguir una conducta que sabíais resultaría en pensamientos, palabras y actos impuros, habiendo pedido primero la ayuda de Dios, ¿habéis tratado de mostrarles su peligro? ¿Les habéis señalado el peligro de tomar la senda de su propia elección?  Madres, ¿habéis descuidado vuestra obra dada por Dios: la más grande obra jamás dada a los mortales? ¿Os habéis rehusado a llevar vuestras responsabilidades dadas por Dios?  
En el tiempo de angustia que está delante de nosotros, cuando los juicios de Dios caigan sobre los impuros y los no santificados, ¿os maldecirán vuestros hijos debido a vuestra negligencia? 
(Review and Herald, 23-12-1902).

LOS PADRES QUE SON NUEVOS EN EL MENSAJE NECESITAN INSTRUCCIÓN.
Los que llevan el último mensaje de misericordia al mundo deben sentir que es su deber instruir a los padres acerca de la religión en el hogar.  El gran movimiento de reforma debe principiar presentando a los padres, las madres y los 527 hijos los principios de la ley de Dios.  A medida que se presentan los requerimientos de la ley de Dios, y los hombres y mujeres se convencen de su deber de acatarla, muéstreseles la responsabilidad de su decisión, no sólo para consigo mismos sino para con sus hijos.  Muéstreseles que la obediencia a la Palabra de Dios es nuestra única salvaguardia contra los males que están arrastrando al mundo a la destrucción (Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 406).

NUESTROS JÓVENES NECESITAN AYUDA Y ÁNIMO.
Ahora es nuestro momento y oportunidad de trabajar por la juventud.  Decidles que estamos ahora en una crisis peligrosa y necesitamos saber discernir la verdadera piedad.  Nuestra juventud necesita ser ayudada, levantada y alentada, pero de la manera debida; no, por ejemplo, como ella lo querría, sino de la manera que le ayude a tener mentes santificadas.  Necesitan religión buena y santificadora más que cualquier otra cosa.
 (La Educación Cristiana, pág. 497).

NO OS DEMORÉIS.
Los acontecimientos venideros están proyectando su sombra sobre nuestro sendero.  Padres, madres, os exhorto a hacer los más fervientes esfuerzos ahora en favor de vuestros hijos.  Dadles instrucción religiosa diariamente.  Enseñadles a amar a Dios y ser leales a los principios de rectitud.  Con una fe elevada y ferviente, dirigida por la influencia divina del Espíritu Santo, trabajad, trabajad ahora.  No dilatéis un solo día, ni una hora.
 (Review and Herald, 23-4-1889).

HACED UNA OBRA CABAL.
Padres, humillad vuestro corazón delante de Dios.  Comenzad una obra cabal con vuestros hijos.  Rogadle al Señor que os perdone vuestro descuido de su Palabra al desatender la preparación de vuestros hijos en la forma debida.  Pedid luz y dirección, una conciencia sensible y un discernimiento claro para que podáis ver vuestros errores y faltas.  Dios oirá oraciones tales que emanen de 528 un corazón humilde y contrito (Manuscrito 22, 1904).

LA CONFESIÓN PUEDE SER NECESARIA.
Si habéis fallado en vuestro deber para vuestra familia, confesad vuestros pecados delante de Dios.  Reunid a vuestros hijos en torno de vosotros y reconoced vuestro descuido.  Decidles que deseáis realizar una reforma en el hogar y pedidles que os ayuden a hacer del hogar lo que debiera ser.  Leedles las instrucciones que se encuentran en la Palabra de Dios.  Orad con ellos, y pedid a Dios que les salve la vida y les ayude a prepararse para un hogar en su reino.  En esta forma, podréis comenzar una obra de reforma y luego continuad observando el sendero del Señor (Ibid.).

DAD A LOS NIÑOS UN EJEMPLO DE ESTRICTA OBEDIENCIA.
La obra especial de los padres es hacer que las leyes de Dios sean claras para sus hijos e instarles para que las obedezcan, a fin de que vean la importancia de obedecer a Dios todos los días de su vida.  Esta fue la obra de Moisés.  Debía prescribir a los padres su deber de dar a sus hijos un ejemplo de estricta obediencia.  Y ésta es la obra que está por encima de cualquier otra cosa que deba hacerse en la vida del hogar hoy día.  Ha de acompañar al mensaje del tercer ángel.  La ignorancia no es una excusa para que los padres descuiden enseñar a sus hijos lo que significa transgredir la ley de Dios.  La luz es abundante y nadie está obligado a caminar en tinieblas, nadie necesita estar en la ignorancia.  Dios es tan verdaderamente nuestro instructor hoy como fue el Maestro de los hijos de Israel, y todos estamos constreñidos por la más sagrada obligación a obedecer sus leyes (Carta 90, 1898).

ORAD Y TRABAJAD POR LA SALVACIÓN DE VUESTROS HIJOS.
Enseñad a vuestros hijos que el corazón debe ser preparado para que ejerza dominio propio y abnegación.  Los motivos de la vida deben estar en 529 armonía con la ley de Dios.  Nunca estéis satisfechos de que vuestros hijos crezcan apartados de Cristo.  Nunca os sintáis tranquilos mientras estén fríos e indiferentes.  Clamad a Dios día y noche.  Orad y trabajad por la salvación de las almas de vuestros hijos.  "El temor de Jehová es el principio de la sabiduría".  Es el muelle real y la péndola del carácter.* Sin el temor de Jehová, no alcanzarán el gran propósito de su creación 
(Review and Herald, 23-4-1889).

PROCEDED COMO EDIFICADORES DEL CARÁCTER. 
Los padres adventistas del séptimo día deben comprender más plenamente sus responsabilidades como edificadores del carácter.  Dios les ofrece el privilegio de fortalecer su causa por la consagración y las labores de sus hijos.  Desea ver reunida en los hogares de nuestro pueblo a una gran compañía de jóvenes que, a causa de las influencias piadosas de sus padres, le hayan entregado su corazón, y salgan a prestar el más alto servicio de sus vidas.  Dirigidos y educados por la piadosa instrucción del hogar, la influencia del culto matutino y vespertino, el ejemplo consecuente de los padres que aman y temen al Señor, han aprendido a someterse a Dios como Maestro, y están preparados para rendirle un servicio aceptable como hijos e hijas leales.  Estos jóvenes están preparados para representar ante el mundo el poder y la gracia de Cristo.
 (Consejos para los Maestros, pág. 101). 530

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