miércoles, 22 de agosto de 2018

XVI. PRESERVACIÓN DE LA INTEGRIDAD MORAL (EGW). CAPÍTULO 71. LA VIGILANCIA Y AYUDA PATERNALES.


LOS PADRES DEBEN ENSEÑAR EL DOMINIO PROPIO DESDE LA INFANCIA.
Cuán importante es que enseñemos a nuestros hijos el dominio propio desde su misma infancia y les enseñemos la lección de someter su voluntad a nosotros.  Si tuvieran la desgracia de aprender hábitos erróneos, sin conocer todos los malos resultados, pueden ser reformados recurriendo a su razón y convenciéndolos de que tales hábitos arruinan el organismo y afectan la mente.  Debiéramos mostrarles que no importa cuáles sean los argumentos que empleen las personas corruptas para aquietar sus justos temores e inducirles a seguir complaciendo ese hábito pernicioso, cualquiera que sea su pretexto, son sus enemigos y son los agentes del diablo (Appeal to Mothers, pág. 10).

MANTENEDLOS PUROS.  FORTALECED SU MENTE.
Es un crimen que las madres continúen en la ignorancia en cuanto a los hábitos de sus hijos.  Si son puros, que continúen siéndolo.  Fortaleced sus mentes juveniles y preparadlos para detestar ese vicio destructor de la salud y del alma (Id., pág. 13).

Satanás está dominando la mente de los jóvenes, y debemos trabajar resuelta y fielmente para salvarlos.  Hay tiernos niños que practican este vicio, los domina y se fortalece con los años hasta que cada noble facultad del cuerpo y del alma se degradan.  Muchos podrían haber sido salvados, si hubiesen sido cuidadosamente instruidos en cuanto a la influencia de esta práctica sobre su salud.  Ignoraban el hecho de que estaban acarreándose mucho sufrimiento sobre sí mismos. . . .
Madres, no podéis ser demasiado cuidadosas en prevenir a vuestros hijos para que no aprendan hábitos 431 viles.  Es más fácil aprender el mal que desarraigarlo después que se ha aprendido (Id., págs. 10, 11).

VÉLESE CON DETERMINACIÓN Y VIGÍLESE DE CERCA.
Si vuestros hijos practican este vicio, pueden estar en peligro de recurrir a la falsedad para engañaros.  Sin embargo, madres, no debéis ser aquietadas fácilmente y cesar en vuestras investigaciones.  No debéis quedar tranquilas, hasta que estéis plenamente satisfechas.  Están en peligro la salud y las almas de vuestros amados, lo que hace que este asunto sea de la mayor importancia.  El velar con determinación y vigilar de cerca, a pesar de las tentativas para evadir y ocultar, generalmente revelarán el verdadero estado del caso.  Entonces la madre debe presentarles fielmente este asunto en su luz verdadera, mostrando su tendencia envilecedora degradante.  Tratad de convencerlos que la complacencia en este pecado destruirá el respeto propio y la nobleza del carácter, arruinará la salud y la moral, y su sucia mancha borrará del alma el verdadero amor a Dios y la belleza de la santidad.  La madre debiera persistir en este asunto hasta que tenga suficientes evidencias de que ha terminado la práctica.
 (Id., págs. 13, 14).

EVITAD EL APRESURAMIENTO Y LA CENSURA AL COMENZAR.
Quizá preguntéis: ¿Cómo puedo remediar los males que ya existen? ¿Cómo comenzaremos el trabajo?  Si os falta sabiduría, id a Dios.  Él ha prometido dar liberalmente.  Orad mucho y fervientemente en procura de la ayuda divina.  Una sola regla no se puede seguir en cada caso.  Se necesita ejercer un juicio santificado.  No os apresuréis ni agitéis para atacar a vuestros hijos con censuras.  Un proceder tal tan sólo les provocaría rebelión.  Debierais lamentar profundamente cualquier equivocación cometida que quizá haya abierto la puerta a Satanás para descarriar 432 a vuestros hijos con sus tentaciones.  Sois culpables si no los habéis instruido en cuanto a la violación de las leyes de la salud.  Habéis descuidado un deber importante, cuyo resultado puede verse en las prácticas erróneas de vuestros hijos (Id., págs. 20, 21).

INSTRUID CON DOMINIO PROPIO Y SIMPATÍA.
Antes de que comencéis la obra de enseñar a vuestros hijos la lección del dominio propio, debéis aprenderla vosotras mismas.  Si os agitáis fácilmente y os impacientáis, ¿cómo podéis dar la impresión de que sois razonables a vuestros hijos al instruirlos para que dominen sus pasiones?  Con dominio propio y sentimientos de la más profunda simpatía y compasión, debéis aproximaras a vuestros hijos descarriados para presentarles fielmente la ruina segura que se efectuará en su organismo si continúan en el proceder que han comenzado: pues mientras debilitan lo físico y mental, así también lo moral debe sentir la decadencia y están pecando no solamente contra sí mismos, sino contra Dios.

Si es posible, debéis hacerles sentir que han estado pecando contra Dios, el puro y santo Dios: que el gran Escudriñador de los corazones está disgustado con su proceder; que nada está oculto de él.  Si podéis impresionar así a vuestros hijos para que se arrepientan de una manera aceptable a Dios, con ese piadoso dolor que obra arrepentimiento para salvación, del cual no se debe arrepentir uno, la obra será completa, la reforma segura.  Ellos sentirán tristeza no solamente porque sus pecados son conocidos, sino que verán sus prácticas pecaminosas en toda su gravedad y serán inducidos a confesarlas a Dios sin reservas, y las abandonarán.  Sentirán tristeza por su mala conducta porque han desagradado a Dios y pecado contra él y han deshonrado su cuerpo ante Aquel que los creó y les demanda que presenten su 433 cuerpo como un sacrificio vivo, santo y aceptable ante él, que es su culto racional.
 (Id., págs. 21, 22).

VIGILAD LAS COMPAÑÍAS DE LOS HIJOS. 
A menos que la mente de vuestros hijos esté firmemente equilibrada por principios religiosos, se corromperá su moral por el ejemplo depravado de aquellos con quienes se relacionan.
 (Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 134).

Resguardadlos, como deben hacerlo las madres fieles, para que no se contaminen asociándose con cualquier joven.  Conservadlos, como joyas preciosas, de la influencia corruptora de este siglo.  Si debido a las circunstancias no siempre podéis vigilar su asociación con jóvenes, como quisierais hacerlo, visiten ellos entonces a vuestros hijos en vuestra presencia; y en ningún caso permitáis que esos amigos duerman en la misma cama, ni aun en la misma habitación.  Será mucho más fácil evitar un mal que curarlo después. . . .
Ellos [los padres] les permiten visitar a otros amigos jóvenes, amistades formadas por su cuenta, y aun alejarse del cuidado paternal, a cierta distancia del hogar, donde tienen la libertad de hacer lo que les plazca.  Satanás aprovecha tales oportunidades y toma posesión de la mente de esos hijos cuyas madres exponen ignorantemente a sus astutas trampas (Appeal to Mothers, págs. 13, 14).

LA ALIMENTACIÓN ES IMPORTANTE.
No podéis despertar la sensibilidad moral de vuestros hijos si no sois cuidadosos en la elección de su alimento.  Las mesas que los padres generalmente preparan para sus hijos son una trampa para ellos (Testimonies, tomo 2, pág. 400).

Los padres indulgentes no enseñan a sus hijos el dominio propio.  El mismo alimento que les colocan por delante es tal que les irrita el estómago.  La excitación que así se produce se comunica al cerebro, 434 y como resultado se despiertan las pasiones.  No se puede repetir con demasiada frecuencia que todo lo que entra en el estómago afecta no sólo al cuerpo, sino finalmente también a la mente.  El alimento pesado y estimulante afiebra a la sangre, excita el sistema nervioso y con demasiada frecuencia embota la percepción moral, de modo que la razón y la conciencia son dominadas por los impulsos sensuales.  Es difícil, y con frecuencia casi imposible, que tenga paciencia y dominio propio el que es intemperante en la alimentación.  De aquí la importancia especial de permitir a los niños, cuyos caracteres todavía no se han formado, que participen solamente de alimento saludable y no estimulante.  Nuestro Padre celestial envió con amor la luz de la reforma pro salud para preservarnos contra los males de la complacencia desenfrenada del apetito.
 (Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 134).

Si hubo alguna vez un tiempo en que la alimentación debía ser de la clase más sencilla, es ahora.  No debe ponerse carne delante de nuestros hijos.  Su influencia tiende a excitar y fortalecer las pasiones inferiores, y tiende a amortiguar las facultades morales 
(Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 259).

LA LIMPIEZA ES IMPORTANTE.
El baño frecuente es muy beneficioso, especialmente por la noche, antes de acostarse, o al levantarse por la mañana.  Se necesitarán sólo unos pocos momentos para dar un baño a los niños y frotar su cuerpo hasta que entren en calor.  Esto lleva la sangre a la superficie aliviando el cerebro, y habrá menos inclinación para la complacencia en prácticas impuras.  Enseñad a los pequeños que Dios no se agrada al verlos con su cuerpo sucio y con ropas desaseadas y rotas.  Decidles que él quiere que sean puros por fuera y por 435 dentro para poder morar en ellos.
 (Christian Temperance and Bible Hygiene, págs. 141, 142).

ROPAS LIMPIAS Y AMPLIAS.
La ropa limpia y aseada será uno de los medios para conservar los pensamientos puros y amables.  Cada prenda de vestir debe ser llana y sencilla, sin adornos innecesarios, de modo que dé poco trabajo lavarla y plancharla.  Especialmente cada prenda que esté en contacto con la piel debe ser limpia y libre de cualquier olor ofensivo.  El cuerpo de los niños no debiera ser tocado por nada de carácter irritante, ni se debiera permitir que su ropa los apriete en forma alguna.  Sí se prestara más atención a este asunto, se practicaría mucho menos impureza.
 (Id., pág. 142).

NO LOS DEJÉIS SIN EJERCICIO.
En extenso grado se exime [a los jóvenes] de ejercicio físico por temor a que trabajen demasiado.  Los padres mismos llevan las cargas que sus hijos debieran llevar.  Es malo trabajar con exceso, pero los resultados de la indolencia son más temibles.  La ociosidad conduce a la práctica de hábitos corrompidos.  La laboriosidad no cansa ni agota una quinta parte de lo que rinde el hábito pernicioso del abuso propio [masturbación].  Si el trabajo sencillo y bien regulado agota a vuestros hijos, tened la seguridad, padres, de que hay, además del trabajo, algo que enerva su organismo y les produce una sensación de cansancio continuo.  Dad a vuestros hijos trabajo físico para que pongan en ejercicio los nervios y los músculos.  
El cansancio que acompaña a un trabajo tal, disminuirá su inclinación a participar en hábitos viciosos.
 (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 255, 256). 

LA INDOLENCIA ES UNA PUERTA ABIERTA PARA LA TENTACIÓN.
Madres, dad a vuestros hijos suficiente trabajo. . . . La indolencia no será favorable para la salud física, mental y moral.  Abre la puerta de par en par e invita a Satanás para que entre.  El aprovecha 436 la oportunidad y atrapa a los jóvenes en sus trampas.  Debido a la indolencia, no sólo se debilita la fuerza moral y se aumenta el impulso de la pasión, sino que los ángeles de Satanás se posesionan de toda la ciudadela de la mente y obligan a la conciencia a rendirse a la pasión vil.  Debiéramos enseñar a nuestros hijos hábitos de paciente laboriosidad.
 (Appeal to Mothers, págs. 18, 19).

DIOS NO DEJARÁ QUE PEREZCAN LOS ARREPENTIDOS.
Debéis animar a vuestros hijos pues un Dios misericordioso aceptará el corazón verdaderamente arrepentido y bendecirá sus esfuerzos para limpiarse de toda inmundicia de carne y espíritu.  Cuando Satanás vea que está perdiendo el dominio de la mente de vuestros hijos, los tentará fuertemente y procurará atarlos para que continúen con la práctica de este vicio seductor.  Pero con un firme propósito deben resistir las tentaciones de Satanás de complacer las pasiones animales porque son pecado contra Dios.  No debieran aventurarse en terreno prohibido, donde Satanás puede dominarlos.  Si ellos, con humildad, ruegan a Dios que les dé pureza de pensamientos y una imaginación refinada y santificada, él los oirá y les concederá sus peticiones.  Dios no los dejará que perezcan en sus pecados, sino que ayudará al débil y desvalido si se entregan a él con fe.
 (Id., págs. 22, 23). 437

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