domingo, 29 de enero de 2017

XIII. IMPORTANCIA FUNDAMENTAL DEL DESARROLLO FÍSICO. 58. LA PREPARACIÓN PARA LA VIDA PRÁCTICA.



*POR QUÉ DESIGNÓ DIOS TRABAJO PARA ADÁN Y EVA.
El Señor creó a Adán y a Eva y los colocó en el jardín del Edén para cultivarlo y guardarlo para el Señor.  Se les dio esa ocupación para su felicidad, o de lo contrario el Señor no les hubiera asignado su trabajo (Manuscrito 240 b, 1894).
En consejo con el Padre, antes de que el mundo fuera, se determinó que Jehová Dios plantara un huerto para Adán y Eva en el Edén y les diera la tarea de cuidar los árboles frutales y cultivar y velar por la vegetación.  El trabajo útil había de ser su salvaguardia y había de perpetuarse a través de todas las generaciones hasta la terminación de la historia de la tierra (Sings of the Times, 13-8-1896).

EL EJEMPLO DE JESÚS COMO EL PERFECTO OBRERO.
Durante su vida terrenal Cristo fue . . . obediente y útil en el hogar.  Aprendió el oficio de carpintero y trabajó con sus propias manos en el tallercito de Nazaret. . . . La Biblia dice de Jesús: "Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él".  Mientras trabajaba en su niñez y juventud, se desarrollaban su mente y su cuerpo.  No empleaba sus facultades físicas descuidadamente, sino que las ejercitaba de modo que se mantuvieran en salud, a fin de que pudiera efectuar lo mejor en todo sentido.  No estaba dispuesto a ser defectuoso aun en el manejo de las herramientas.  Era perfecto como obrero así como era perfecto en carácter (Fundamentals of Christian Education, págs. 417, 418).
Cada artículo que hacía estaba bien hecho, las diferentes partes encajaban exactamente, el conjunto 324 podía soportar cualquier prueba (Evangelism, pág. 378).

TRABAJABA ARDUAMENTE CADA DÍA CON MANOS PACIENTES.
Mediante su ejemplo, Jesús convirtió en sagradas las más humildes vocaciones de la vida humana. . . . Su vida fue de diligente laboriosidad.  El, la Majestad del cielo, caminó por las calles revestido con el sencillo atavío del obrero común.  Transitó subiendo y bajando por las laderas de la montaña, a la ida y al regreso de su humilde trabajo.  Los ángeles no fueron enviados para ayudarle a subir por el cansador camino empinado o para prestarle su fortaleza para realizar su humilde tarea.  Sin embargo, cuando salía para contribuir al sostén de la familia mediante su trabajo diario, poseía el mismo poder que cuando efectuó el milagro de alimentar a cinco mil personas hambrientas a la orilla del mar de Galilea.
Pero no usó su poder divino para disminuir sus cargas o aliviar su trabajo.  Había tomado sobre sí la forma de la humanidad con todas sus enfermedades inherentes y no se desprendió de sus severas pruebas.  Vivió en el hogar de un aldeano, vestido con ropas burdas, se entremezcló con los humildes, trabajaba cada día con manos pacientes.  Su ejemplo nos muestra que el deber del hombre es ser industrioso, que el trabajo es honorable (Health Reformer, octubre de 1876).
Durante largo tiempo, Jesús moró en Nazaret sin ser honrado ni conocido, a fin de que pudiera enseñar a los hombres a vivir cerca de Dios mientras desempeñan los humildes deberes de la vida.  Era un misterio para los ángeles que Cristo, la Majestad del cielo, condescendiera no sólo en revestirse con la humanidad, sino en llevar sus cargas más pesadas y sus oficios más humillantes.  Hizo esto a fin de convertirse en uno como nosotros, para que pudiera 325 familiarizarse con las faenas, los dolores y las fatigas de los hijos de los hombres (Ibid.).

DESPIÉRTESE LA AMBICIÓN DE CUMPLIR TAREAS ÚTILES.
En los niños y los jóvenes debe despertarse la ambición de obtener su ejercicio haciendo algo que los beneficie a sí mismos y a los demás.  El ejercicio que desarrolla la mente y el carácter, que enseña a las manos a ser útiles, que educa a los jóvenes para que lleven su parte de las cargas de la vida, es lo que da fuerza física y vivifica toda facultad.  Y hay una recompensa en la laboriosidad virtuosa, en el cultivo del hábito de vivir haciendo bien (Consejos para los Maestros, págs. 113, 114).
Es necesario enseñar a los jóvenes que la vida significa trabajo serio, responsabilidad, preocupación.  Necesitan una preparación que los haga prácticos, que haga de ellos hombres y mujeres que puedan hacer frente a las emergencias.  Debería enseñárselas que la disciplina del trabajo sistemático y bien regulado es esencial no sólo como salvaguardia contra las vicisitudes de la vida, sino como ayuda para un desarrollo completo (La Educación, pág. 211).

EL TRABAJO FÍSICO NO ES DEGRADANTE.
Es un error popular entre una clase muy numerosa el considerar el trabajo como degradante; por eso los jóvenes anhelan educarse para ser maestros, dependientes, comerciantes, abogados y ocupar casi cualquier puesto que no requiera trabajo físico.  Las jóvenes consideran el trabajo doméstico como humillante.  Y aunque el ejercicio físico requerido para las labores domésticas, si no es demasiado severo, es apropiado para fomentar la salud, procuran para educarse aquello que las hará idóneas para llegar a ser maestras o dependientes, o aprender algún oficio que las encerrará entre cuatro paredes, o algún empleo sedentario (Consejos para los Maestros, págs. 222, 223). 326
El mundo está lleno de jóvenes de ambos sexos que se jactan de ignorar todo trabajo útil; y son casi invariablemente frívolos, vanos, amantes de la ostentación, desdichados, insatisfechos y, con demasiada frecuencia, disipados y carentes de principios.  Tales caracteres son un borrón en la sociedad y una desgracia para sus padres (The Health Reformer, diciembre de 1877).
Nadie debiera avergonzarse del trabajo, aunque parezca pequeño y servil.  El trabajo es ennoblecedor.  Todos los que trabajan asiduamente con la mente o las manos son obreros u obreras.  Y todos están cumpliendo con su deber y honrando a su religión, tanto mientras lavan la ropa o los platos como cuando van a una reunión.  Mientras las manos se ocupan en las labores más comunes, la mente debe ser elevada y ennoblecida por pensamientos puros y santos (Testimonies, tomo 4, pág. 590).

LOS JÓVENES DEBEN SER AMOS Y NO ESCLAVOS DEL TRABAJO.
Los jóvenes debieran ser inducidos a ver la verdadera dignidad del trabajo (La Educación, pág. 210).
Un poderoso motivo por el cual se menosprecia el trabajo físico es la forma descuidada e irreflexivo en que tan a menudo se realiza.  Es hecho por necesidad y no por gusto.  El obrero no le dedica su corazón ni tampoco conserva el respeto propio ni conquista el de otros.  La educación manual debería corregir este error.  Debería desarrollar hábitos de exactitud y prolijidad.  Los alumnos deberían aprender a tener tacto y sistema; deberían aprender a economizar el tiempo y a hacer valer cada movimiento.  No sólo se les debiera enseñar los mejores métodos, sino que se les debería inspirar la ambición de mejorar constantemente.  Debería ser su blanco hacer su trabajo tan perfecto como puedan lograrlo las manos y el cerebro humanos. 327
Semejante educación hará a los jóvenes amos y no esclavos del trabajo.  Alegrará la suerte del labrador rudo y ennoblecerá hasta la más humilde ocupación.  El que considera el trabajo meramente como una cosa penosa, y lo lleva a cabo con complacida ignorancia, sin esforzarse por mejorar, hallará que es ciertamente una carga.  Pero los que reconozcan que hay ciencia en el trabajo más humilde, verán en él nobleza y belleza y se deleitarán en hacerlo con fidelidad y eficiencia (Id., pág. 218).

LA RIQUEZA NO ES UNA EXCUSA PURA QUE NO HAYA UNA PREPARACIÓN PRÁCTICA.
En muchos casos, los padres que son ricos no sienten la importancia de dar a sus hijos una educación en los deberes prácticos de la vida tanto como en las ciencias.  No ven la necesidad de darles un entendimiento cabal del trabajo útil para bien de la mente y la moral de sus hijos y para su futura utilidad.  Esto deben a sus hijos para que, si llegara la desgracia, ellos puedan mantenerse en noble independencia, sabiendo cómo usar las manos.  Si tienen un capital de vigor, no pueden ser pobres aun cuando no tengan un dólar.
Muchos que en su juventud estuvieron en la prosperidad pueden ser despojados de todas sus riquezas y dejados con padres y hermanos y hermanas que dependan de ellos para su sostén.  Por lo tanto, ¡cuán importante es que cada joven sea educado para trabajar, a fin de que esté preparado para cualquier emergencia!  Ciertamente, las riquezas son una maldición cuando sus poseedores permiten que se interpongan en el camino de sus hijos e hijas y les impidan obtener un conocimiento del trabajo útil a fin de que se preparen para la vida práctica (Testimonies. tomo 3, pág. 150).

LOS NIÑOS DEBEN COMPARTIR LOS DEBERES DOMÉSTICOS.
La madre fiel no será, ni puede serlo, una adicta a la moda, ni será una esclava doméstica que soporte 328 los caprichos de sus hijos y los excuse del trabajo.  Les enseñará a compartir con ella los trabajos domésticos a fin de que tengan un conocimiento de la vida práctica.  Si los niños comparten el trabajo con su madre, aprenderán a considerar las ocupaciones útiles como esenciales para la felicidad, como ennoblecedoras más bien que degradantes.  Pero si la madre enseña a sus hijas a ser indolentes, al paso que ella lleva las pesadas cargas de la vida doméstica, les está enseñando a menospreciarla como a su sirvienta, que les presta sus servicios y hace las cosas que ellas debieran hacer. La madre siempre debiera retener su dignidad (Pacific Health Journal, junio de 1890).
Algunas madres cometen el error de desligar a sus hijas de las faenas y los cuidados.  Al hacer esto, las animan en la indolencia.  La excusa que a veces presentan estas madres es: "Mis hijas no son fuertes".  Pero ellas tienen la culpa de que sean débiles e ineficientes.  El trabajo bien orientado es precisamente lo que necesitan para ser fuertes, vigorosas, alegres, felices y valientes para afrontar las diversas pruebas que nos acosan en esta vida (Signs of the Times. 19-8-1875).

ASÍGNESE TAREAS ÚTILES A LOS HIJOS.
La negligencia de los padres al descuidar el dar empleo a sus hijos ha resultado en males indecibles, ha puesto en peligro las vidas de muchos jóvenes y ha dañado tristemente su utilidad.  Dios desea que tanto los padres como los maestros preparen a los hijos en los deberes prácticos de la vida de cada día.  Animadlos para que sean laboriosos.  Las niñas, y aun los muchachos que no tienen trabajo al aire libre, debieran aprender a ayudar a la madre.  Desde la niñez, debiera enseñarse a los muchachos y las niñas a llevar cargas cada vez más pesadas, con las que ayuden inteligentemente en el trabajo de la empresa familiar. 329 Madres, pacientemente mostrad a vuestros hijos cómo usar sus manos.  Entiendan ellos que sus manos han de ser usadas tan hábilmente como las vuestras en el trabajo doméstico (Review and Herald, 8-9-1904).
Cada hijo debiera llevar una parte de la carga hogareña y debiera enseñársele a realizar su tarea fiel y alegremente.  Si el trabajo se distribuye en esta forma y los niños crecen acostumbrándose a llevar responsabilidades adecuadas, ningún miembro de la familia estará sobrecargado y todo se desarrollará agradable y suavemente en el hogar.  Se mantendrá una economía adecuada, pues cada uno estará interiorizado de los detalles del hogar  y se interesará en ellos (Signs of the Times, 23-8-1877).

COCINAR Y COSER SON LECCIONES BÁSICAS
Las madres debieran llevar a sus hijas a la cocina con ellas para darles una educación adecuada en ese sector de la casa.  También debieran instruirlas en el arte de coser bien.  Debieran enseñarles a cortar prendas económicamente y luego a coserlas con prolijidad.  Algunas madres prefieren hacer esto ellas mismas antes que molestarse en enseñar pacientemente a sus hijas, faltas de experiencia.  Pero al hacer esto, descuidan los aspectos esenciales de la educación y cometen un gran error contra sus hijas, pues con el correr de la vida se sienten molestas debido a su falta de conocimiento en estas cosas (Appeal to Mothers, pág. 15).

DAD PREPARACIÓN TANTO A LOS MUCHACHOS COMO A LAS NIÑAS.
Puesto que tanto los hombres como las mujeres tienen una parte en la constitución del hogar, tanto los niños como las niñas deberían obtener un conocimiento de los deberes domésticos.  El tender la cama, ordenar una pieza, lavar la loza, preparar una comida, lavar y remendar su ropa, constituyen una educación que no tiene por qué hacer menos varonil a ningún muchacho; lo hará más feliz y más útil. 330 O si las niñas, a su vez pudiesen aprender a enjaezar y guiar un caballo * manejar el serrucho y el martillo, lo mismo que el rastrillo y la azada, estarían mejor preparadas para hacer frente a las emergencias de la vida (La Educación, págs. 212, 213).
Es tan esencial para nuestras hijas aprender el debido uso del tiempo como lo es para nuestros hijos, y son igualmente responsables ante Dios por la manera en que lo ocupan.  La vida nos es dada para el sabio perfeccionamiento de los talentos que poseemos (The Health Reformer, diciembre de 1877).

CONSIDÉRESE UN PRIVILEGIO EL CONSERVAR LA ENERGÍA DE LA MADRE.
Cada día hay trabajos domésticos que hacer: cocinar, lavar los platos, barrer y limpiar el polvo.  Madres, ¿habéis enseñado a vuestras hijas a hacer estos deberes diarios? . . . Sus músculos necesitan ejercicio.  En lugar de ejercitarse saltando y jugando a la pelota o al croquet, hagan su ejercicio con algún propósito (Manuscrito 129, 1898).
Enséñese a los niños a compartir las cargas del hogar.  Manténgaselos ocupados en algún empleo útil.  Muéstreseles cómo hacer su trabajo fácil y eficientemente.  Ayúdeseles a comprender que al aliviar las cargas de su madre, le están preservando la energía y prolongando la vida.  Más de una madre fatigada ha descendido a una tumba prematura sólo porque no se les enseñó a sus hijos que compartieran sus cargas.  Fomentando un espíritu de servicio abnegado en el hogar, los padres atraen a sus hijos más cerca de Cristo, que es la personificación del altruismo (Manuscrito 70, 1903).

UN EXPERIMENTO EN LA FELICIDAD.
Hijos, sentad a vuestra madre en un cómodo sillón y pedidle que os indique lo que ella haría primero. ¡Qué sorpresa 331 sería ésta para más de una madre cansada y abrumada! Los niños y jóvenes nunca sentirán la paz de la felicidad hasta que por el fiel cumplimiento de los deberes del hogar alivien las manos cansadas y el corazón y cerebro fatigados de la madre.  Estos son peldaños en la escalera del progreso que los harán avanzar para recibir la educación más elevada.
El fiel cumplimiento de los deberes diarios es lo que trae la satisfacción y la paz propias del verdadero obrero del hogar.  Los que descuidan compartir las responsabilidades del hogar son los que están perturbados con la soledad y el descontento; pues no han aprendido la verdad de que los que están contentos, lo están porque comparten la rutina diaria del trabajo que recae sobre la madre u otros miembros de la familia.  Muchos están dejando sin aprender las lecciones más útiles que es esencial que entiendan para su bien futuro (Manuscrito 129, 1898).

LA RECOMPENSA DE LA FIDELIDAD EN LOS DEBERES DEL HOGAR.
Es verdaderamente elevador el fiel cumplimiento de los deberes del hogar y el llenar el puesto que podéis ocupar de la mejor manera posible, aunque sea de lo más sencillo y humilde.  Se necesita esta influencia divina.  En esto hay paz y sagrado gozo.  Posee poder curador.  Secreta e insensiblemente mitigará las heridas del alma y aun los sufrimientos del cuerpo.  La paz mental, que proviene de acciones y motivos puros y santos, dará libertad y empuje vigoroso a todos los órganos del cuerpo.  La paz interior y una conciencia libre de culpa delante de Dios reavivarán y vigorizarán el intelecto, como el rocío que destila sobre las tiernas plantas.  La voluntad entonces es correctamente dirigida y regida y es más decidida y, sin embargo, está libre de terquedad.  Las meditaciones son agradables porque están santificadas.  La serenidad mental que podéis poseer bendecirá a todos con quienes os asociéis. 332
En su debida oportunidad, esta paz y calma se volverán naturales y reflejarán sus preciosos rayos en todo vuestro derredor, para reflejarse nuevamente sobre vosotros.  Mientras más probéis de esta paz celestial y tranquilidad mental, más aumentará.  Es un placer animado y viviente que no provoca la paralización de las energías morales, sino que las despierta a una actividad multiplicada.  La paz perfecta es un atributo del Cielo que poseen los ángeles (Testimonies, tomo 2, págs. 326, 327).

HABRÁ ACTIVIDAD EN EL CIELO.
Los ángeles son obreros; son ministros de Dios para los hijos de los hombres.  Los siervos negligentes que esperan un cielo de inacción tienen ideas falsas de lo que constituye el cielo.  El Creador no ha preparado un lugar para la satisfacción de la indolencia pecaminosa.  El cielo es un lugar de actividad provechosa.  Sin embargo, para el cansado y sobrecargado, para los que han peleado la buena batalla de la fe, será un descanso glorioso, pues será suyo el vigor juvenil de la inmortalidad, y no tendrán que luchar más contra el pecado y Satanás.  Para los obreros enérgicos sería tedioso un estado de eterna indolencia.  No sería cielo para ellos.  La senda del trabajo arduo, asignada a los cristianos en la tierra, puede ser dura y cansadora, pero ha sido honrada por las pisadas del Redentor y está seguro el que sigue ese camino sagrado (Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 99). 333


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