martes, 5 de junio de 2012

(VII) EL DESARROLLO DE LAS CUALIDADES CRISTIANAS: 27. “Alegría y Agradecimiento”


Haya una dulce influencia en el hogar.
Sobre todo, rodeen los padres a sus hijos de una atmósfera de alegría, cortesía y amor. En el hogar donde habita el amor y se expresa en miradas, palabras y actos, los ángeles se complacen en manifestar su presencia. Padres, dejad entrar en vuestros corazones los rayos de sol del amor, de la jovialidad y del feliz contentamiento, y permitid que su dulce y preciosa influencia compenetre vuestro hogar. Manifestad un espíritu bondadoso y tolerante; fomentadlo también en vuestros hijos, cultivando todas las gracias que iluminarán vuestra vida familiar. La atmósfera así creada será para los hijos lo que son el aire y el sol para la vegetación y promoverán la salud y el vigor de la mente y del cuerpo.
(El Ministerio de Curación, pág. 300).

El rostro manifieste alegría.
En la religión de Jesús no hay ninguna cosa sombría. Al paso que hay que evitar cuidadosamente toda liviandad, frivolidad, y chanzas, las cuales el apóstol dice que no son convenientes, hay un dulce descanso y reposo en Jesús que se manifestará en el rostro. Los cristianos no han de estar tristes, deprimidos y desesperados. Han de ser serenos y, sin embargo, deben mostrar al mundo un gozo que únicamente la gracia puede impartir (Review and Herald, 15-4-1884).
Los niños son atraídos por una conducta alegre y animosa. Mostradles bondad y cortesía y ellos manifestarán el mismo espíritu hacia vosotros y entre sí (La Educación, pág. 235).
Educad el alma para manifestar alegría y agradecimiento, y para que exprese gratitud a Dios por el gran amor con el cual nos ha amado. . . . El  gozo del cristiano es la belleza de la santidad (Youth's Instructor, 11-7-1895).

Pronunciad palabras agradables y alegres.
Las palabras agradables y alegres no cuestan más que las palabras desagradables y tristes. ¿Os desagrada que os dirijan palabras duras? Recordad que cuando vosotros habláis esas palabras otros sienten la espina. . . . Padres, llevad a vuestro hogar la piedad práctica. Los ángeles no son atraídos a un hogar donde reina la discordia. Educad a vuestros hijos para que hablen palabras que proporcionarán alegría y gozo (Review and Herald, 31-12-1901).

Estimulad una actitud alegre.
Si hay alguien que debe estar continuamente agradecido, es el cristiano. Si hay alguien que disfruta de felicidad, aun en esta vida, es el fiel seguidor de Jesucristo. Los hijos de Dios tienen el deber de ser alegres. Deberían estimular una actitud feliz. Dios no puede ser glorificado por sus hijos que viven continuamente bajo una nube y que arrojan sombras dondequiera que van. El cristiano debería arrojar luz en vez de sombra. . . . Debe tener un rostro alegre (Id., 28-4-1859).
Los niños aborrecen la sombra de las tinieblas y la tristeza. Su corazón responde a la brillantez, a la alegría y al amor (Consejos sobre la Obra de la Escuela Sabática, pág. 109).

Sonreíd, padres, sonreíd.
Algunos padres, y asimismo algunos maestros, parecen haber olvidado que ellos también fueron niños. Son solemnes, fríos, y no son simpáticos. . . . Sus rostros habitualmente tienen una expresión seria y reprobadora. La alegría o las travesuras infantiles, la inquieta actividad de la vida joven, no encuentran excusa ante sus ojos. Las travesuras insignificantes son tratadas como pecados graves. Esta disciplina no es la de Cristo. Los niños educados en esta forma temen  a sus padres o maestros, pero no los aman; no les confían sus experiencias infantiles. Así se matan algunas de las cualidades más valiosas de la mente y el corazón, como una planta tierna expuesta al viento gélido.
Sonreíd, padres; sonreíd, maestros. Si vuestro corazón está triste, que vuestro rostro no lo manifieste. Que la luz de un corazón amante y agradecido ilumine el rostro. Abandonad vuestra solemnidad de hierro, adaptaos a las necesidades de los niños, y haced que os amen. Debéis ganar su afecto si queréis impresionar sus corazones con la religión (Review and Herald, 21-3-1882).

Una oración adecuada.
Alegrad vuestro trabajo con cantos de alabanza. Si queréis tener un registro limpio en los libros del cielo, nunca os impacientéis ni rezonguéis.

  Vuestra oración diaria sea: "Señor, enséñame a hacer lo mejor. Enséñame cómo trabajar más eficientemente. Dame energía y alegría"...


Poned a Cristo en todo lo que hacéis. Entonces vuestra vida estará llena de alegría y agradecimiento. . . . Hagamos lo mejor posible, avanzando gozosamente en el servicio del Señor, con nuestro corazón lleno de su felicidad (Australasian Union Record, 15-11-1903).

Enseñad a los niños a ser agradecidos.
"Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa". Deberían manifestarse agradecimiento y alabanza a Dios por las bendiciones temporales y por todo el bienestar que derrama sobre nosotros. Dios quiere que cada familia que se está preparando para habitar en las mansiones eternas le tribute gloria por los ricos tesoros de su gracia. Si se educara a los niños, en la vida de hogar, para que sean agradecidos al Dador de todas las cosas buenas, veríamos manifestarse en nuestra familia un elemento de gracia celestial; se vería gozo en la  vida doméstica, y los jóvenes que procedieran de esos hogares llevarían consigo un espíritu de respeto y reverencia a la escuela y a la iglesia. Habría concurrencia en el santuario donde Dios se reúne con su pueblo, reverencia en todas las ceremonias de su culto, y gozosa alabanza y agradecimiento por todos los dones de su providencia.

Si actualmente se cumpliera la Palabra de Dios tan estrictamente como en el tiempo del antiguo Israel, los padres y las madres darían a sus hijos un ejemplo que sería del valor más elevado. . . . Cada bendición temporal se recibiría con gratitud, y cada bendición espiritual sería doblemente preciosa porque la percepción de cada miembro de la familia habría sido santificada por la palabra de verdad. El Señor Jesús está muy cerca de los que aprecian sus generosos dones y saben que todas las buenas cosas que tienen proceden del Dios amante que se preocupa por ellos, y lo reconocen como la gran fuente de todo bienestar y consuelo, la fuente inextinguible de la gracia (Manuscrito 67, 1907).

(La Conducción del Niño de E.G. de White)

(VII) EL DESARROLLO DE LAS CUALIDADES CRISTIANAS: 26. “La Cortesía y la Reserva”



La cortesía comienza en el hogar.
Padres, enseñad a vuestros hijos. . . a conducirse en el hogar con verdadera cortesía. Educadlos para que manifiesten bondad y ternura unos con otros. No permitáis que el egoísmo viva en el corazón o encuentre lugar en el hogar (Manuscrito 74, 1900).
Los jóvenes que crecen empleando palabras y actitudes descuidadas y rudas, manifiestan el carácter de la educación recibida en su hogar. Los padres no han comprendido la importancia de su mayordomía; y han cosechado los resultados de la siembra realizada (Manuscrito 117, 1899).

La supremacía de los principios del cielo.
Los principios del cielo han de introducirse en el gobierno del hogar. Debe enseñarse a cada niño a ser atento, compasivo, amante, misericordioso, cortés, tierno de corazón (Manuscrito 110, 1902).
Cuando todos son miembros de la familia real, hay verdadera cortesía en la vida del hogar. Cada miembro de la familia procura agradar a los demás miembros (Manuscrito 60, 1903).

Enseñad por precepto y ejemplo.
Los niños, como también los mayores, están expuestos a las tentaciones; y los miembros maduros de la familia deberían darles, por precepto y ejemplo lecciones de cortesía, alegría, afecto y cumplimiento fiel de sus deberes diarios (Manuscrito 27, 1896).

Respeto por los ancianos.
Dios ha mandado especialmente que se manifieste tierno respeto hacia los ancianos. "Corona de gloria es la cabeza cana -dice-, cuando se halla en el camino de justicia" (Prov. 16: 31). Habla de batallas peleadas, y victorias ganadas; de cargas llevadas y tentaciones resistidas. Habla de pies cansados que se acercan al descanso de puestos que pronto quedarán vacantes. Ayudad a los niños a pensar en esto, y ellos suavizarán el camino de los ancianos mediante su cortesía y respeto, y añadirán gracia y belleza a sus jóvenes vidas si prestan atención al mandato: "Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano" (Lev. 19: 32) (La Educación, pág. 239).

Enséñense la modestia y la reserva.
El orgullo, la estimación propia y el atrevimiento son características destacadas de los niños de hoy y son la maldición de nuestra era. . . . Han de enseñarse a los niños, tanto en la casa como en la escuela sabática, las lecciones más sagradas de modestia y humildad (Consejos sobre la Obra de la Escuela Sabática, pág. 50).
¿Os ocuparéis vosotros, a quienes dirijo estas palabras, de la instrucción que se os ha dado? Amonestad a los jóvenes; que no sean atrevidos en la conversación sino modestos y recatados. Que escuchen con prontitud las cosas benéficas para el alma, y que sean lentos en hablar, a menos que sea para exponer a Jesús y para testificar de la verdad. Manifestad humildad mediante un comportamiento modesto (Youth's Instructor, 11-7-1895).

Un guardián de la virtud.
Cultivad la gema preciosa e inapreciable de la modestia. Esta será un guardián de la virtud. . . . Me siento impelida por el Espíritu del Señor a instar a mis hermanas que profesan la piedad a cultivar la modestia en el comportamiento y a ser reservadas. . . . He preguntado: ¿cuándo nuestras hermanas jóvenes actuarán con propiedad? Sé que no habrá un cambio favorable hasta que los padres sientan la importancia de ejercer gran cuidado en la educación correcta de sus hijos. Enseñadles a actuar con reserva y modestia (Testimonies, tomo 2, págs. 458, 459).

Los encantos verdaderos.
Los verdaderos encantos de un niño consisten en la modestia y la obediencia, en oídos atentos para escuchar las palabras de instrucción, en pies y manos voluntarios para andar y trabajar en el camino del deber. Y la verdadera bondad de un niño producirá su propia recompensa, aun en esta vida (Review and Herald, 10-5-1898).

(La Conducción del Niño de E.G. de White)

(VII) EL DESARROLLO DE LAS CUALIDADES CRISTIANAS: 25. “La Sencillez”


Educad en la sencillez natural.
Los niñitos deberían ser educados con sencillez infantil. Debería enseñárseles a conformarse con los deberes sencillos y útiles y los placeres e incidentes naturales a sus años. La niñez corresponde a la hierba de la parábola, y la hierba tiene una belleza peculiar. No se debería forzar en los niños el desarrollo de una madurez precoz, sino que se debería tratar de conservar, tanto tiempo como fuera posible, la frescura y gracia de sus primeros años. Cuanto menos afectada por la excitación artificial y más en armonía con la naturaleza, más favorable será para el vigor físico y mental, y la fuerza espiritual (La Educación, pág. 103). Los padres, mediante su ejemplo, deberían estimular la formación de hábitos de sencillez, y alejar a sus hijos de la vida artificial para conducirlos a la vida natural (Signs of the Times, 2-10-1884).

Los niños no afectados son más atrayentes.
Los niños más atrayentes son naturales y sin afectación. No es prudente dar atención especial a los niños... No debe estimularse su vanidad alabando su aspecto, sus palabras o sus acciones. Tampoco debe vestírseles de una manera costosa o vistosa. Esto estimularía en ellos el orgullo y despertaría la envidia en el corazón de sus compañeros. Enseñad a los niños que el verdadero adorno no es exterior. "El adorno de las cuales no sea exterior con encrespamiento del cabello, y atavío de oro, ni en compostura de ropas; sino el hombre del corazón que está encubierto en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios" (1 Ped. 3: 3, 4) (Consejos para los Maestros, pág. 109).

El secreto del verdadero encanto.
Debería enseñarse a las niñas que el verdadero encanto de la femineidad no se encuentra únicamente en la belleza de formas o rasgos, ni en la posesión de habilidades; sino en el espíritu humilde y tranquilo, en la paciencia la generosidad, la bondad y la disposición para trabajar y sufrir por otros. Deberían ser enseñadas a trabajar, a estudiar con algún propósito, a vivir con un objeto, a confiar en Dios y a temerle, y a respetar a sus padres. Luego, a medida que avancen en edad, desarrollarán una mente más pura, tendrán más confianza propia, y serán más apreciadas. Será imposible degradar a una mujer con estas características. Escapará a las tentaciones y a las pruebas que han sido la ruina para tantas mujeres (Health Reformer, diciembre de 1877).

Semillas de vanidad.
En muchas familias, las semillas de vanidad y egoísmo se siembran en el corazón de los niños casi desde la infancia. Sus dichos y hechos graciosos son comentados y alabados en su presencia, y repetidos a otros con exageración. Los pequeños advierten esto, y se sienten muy importantes; se atreven a interrumpir las conversaciones, y se tornan audaces y descarados. La adulación y la indulgencia estimulan su vanidad y obstinación, hasta que el jovencito con no poca frecuencia gobierna a toda la familia, incluso al padre y a la madre.

Las tendencias formadas por esta clase de enseñanza no pueden dejarse de lado a medida que el niño desarrolla su juicio maduro. Se desarrollan  con su crecimiento, y lo que habría podido parecer habilidad en el niño, se transforma en rasgos reprochables y malos en el hombre o la mujer. Procuran gobernar a sus compañeros, y si alguno rehúsa someterse a sus deseos, se consideran agraviados e insultados. Esto se debe a que en su niñez se los dañó al acceder a todos sus deseos, en vez de enseñárseles la abnegación necesaria para soportar las dificultades y los trabajos de la vida (Testimonies, tomo 4, págs. 200, 201).

No estimuléis el deseo de alabanza.
Los niños necesitan aprecio, simpatía, y estímulo, pero se debería cuidar de no fomentar en ellos el amor a la alabanza. No es prudente prestarles una consideración especial ni repetir delante de ellos sus agudezas y ocurrencias. El padre o maestro que tiene presente el verdadero ideal de carácter y las posibilidades de éxito, no puede fomentar ni estimular el engreimiento. No alentará en los jóvenes el deseo o empeño de exhibir su habilidad o pericia. El que mira más allá de sí, será humilde, y sin embargo, poseerá una dignidad que no se consterna ni desconcierta ante el fausto exterior ni la grandeza humana (La Educación. págs. 232, 233).

Estimulad la sencillez en la alimentación y el vestido.
Estos [los padres] tienen un sagrado deber que cumplir en cuanto a enseñar a sus hijos a ayudar a llevar las cargas del hogar, a conformarse con alimentos sencillos y ropas aseadas y poco costosas (Consejos para los Maestros, pág. 122).

¡Oh, si los padres y las madres comprendieran que son responsables delante de Dios y que él ha de pedirles cuenta! ¡Qué cambio ocurriría en la ciudad! No se echarían a perder los niños mediante alabanzas y mimos, o se envanecerían mediante la complacencia en el vestido (Review and Herald, 13-4-1897).

Enseñad la sencillez y la confianza.
Deberíamos enseñar a nuestros hijos lecciones de sencillez y confianza. Deberíamos enseñarles a amar, a temer y a obedecer a su Creador. En todos los planes y los propósitos de la vida, su gloria debería ocupar un lugar sobresaliente; su amor debería ser la motivación principal de cada acción (Id., 13-6-1882).

Cristo es nuestro ejemplo.
Jesús, nuestro Redentor, anduvo en la tierra con la dignidad de un rey. Sin embargo, era humilde y manso de corazón. Era una luz y una bendición para cada hogar, porque llevaba alegría, esperanza y ánimo. Ojalá que pudiéramos satisfacernos con menos deseos, con menos esfuerzo en procura de cosas difíciles de obtener con el fin de embellecer nuestros hogares, en tanto que no buscamos aquello que Dios avalúa por encima de las joyas: un espíritu humilde y tranquilo. La gracia de la sencillez, la humildad y el verdadero afecto, harían un paraíso del hogar más humilde. Es mejor soportar alegremente cada inconveniente que despojarse de la paz y el contentamiento (Testimonies, tomo 4, pág. 622).

(La Conducción del Niño de E.G. de White)

lunes, 14 de mayo de 2012

(VI) LECCIONES DE VIRTUDES PRÁCTICAS: 24. “Economía y Ahorro”


Elimínense los hábitos de despilfarro.
Enseñad a vuestros hijos que Dios tiene derecho sobre todo lo que poseen, y que ninguna cosa podría suprimir ese derecho; todo lo que poseen lo han recibido como un legado, para probarlos si serán obedientes. El dinero es un bien necesario; que no se prodigue a quienes no lo necesitan. Hay otros que necesitan vuestros dones voluntarios. . . . Si tenéis hábitos de despilfarro, suprimidlos de vuestra vida tan pronto como sea posible. A menos que hagáis esto, os arruinaréis para la eternidad. Y los hábitos de economía, trabajo, y sobriedad son, aun en este mundo, una mejor porción para vosotros y vuestros hijos que una rica dote (Manuscrito 139, 1898).

Instruid a vuestros hijos en la economía.
El Señor me ha iluminado con la idea de que debemos ser cuidadosos en no gastar imprudentemente nuestro precioso tiempo y dinero. Hay muchas cosas que satisfarán nuestros caprichos, pero debemos precavernos contra el gasto de dinero en aquello que no es pan. Necesitaremos muchas medios para adelantar decididamente la obra en nuestras ciudades. Cada uno tendrá una parte que desempeñar en la obra del Señor. Los padres deben instruir a sus hijos en lecciones de economía, a fin de que los jóvenes miembros de la grey aprendan a compartir la responsabilidad de sostener la causa de Dios en este tiempo (Carta 4, 1911).

El amor no se manifiesta por el despilfarro.
Practicad la economía en vuestro hogar. Muchas personas fomentan y adoran los ídolos. Desechad vuestros ídolos. Abandonad vuestro placer egoísta. Os ruego que no empleéis dinero en embellecer vuestros hogares, porque es el dinero de Dios, y se os pedirá  cuenta de él. Padres, por amor de Cristo, no utilicéis el dinero del Señor para agradar los caprichos de vuestros hijos. No les enseñéis a ir en pos de la moda y la ostentación a fin de ganar influencia en el mundo. . . .

No eduquéis a vuestros hijos para que piensen que vuestro amor por ellos debe manifestarse halagando su orgullo, su despilfarro, su amor a la ostentación. Ya no hay tiempo de inventar modos de gastar el dinero. Vuestra capacidad inventiva debe ponerse al trabajo a fin de encontrar la mejor manera de economizar. 
(Manuscrito 139, 1898).

La lección de economía de Cristo.
Hay una lección para nosotros en el acto de alimentar a los cinco mil, una lección que tiene una aplicación especial para estos tiempos cuando vivimos en circunstancias difíciles y nos vemos compelidos a practicar una estricta economía. Después de hacer el milagro y satisfacer el hambre de la multitud, Cristo tuvo cuidado de que el alimento que había sobrado no se desperdiciara (Manuscrito 3, 1912).

Les dijo a sus discípulos: "Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada". Aunque todos los recursos del cielo estaban a sus órdenes, él no permitía que ni siquiera un trozo de pan se desperdiciara (Carta 20 a, 1893).

No descartéis nada que sea útil.
Ninguna cosa que pueda utilizarse debería descartarse. Esto requerirá sabiduría, planeamiento y cuidado constante. Me ha sido presentado que la incapacidad para ahorrar en las cosas pequeñas es una de las razones por las cuales tantas familias padecen necesidades (Manuscrito 3, 1912).

Nunca aprendieron a economizar.
Hay mucha obra que realizar para el Maestro, y hombres que hoy podrían ocupar elevadas posiciones en relación con la obra de Dios, han fallado porque nunca  aprendieron a economizar. No limitaron sus deseos a sus entradas cuando ingresaron en la obra, y sus hábitos de derroche provocaron la ruina de su utilidad en la causa (Carta 48, 1888).

Cómo enseñar el uso debido del dinero.
Enséñese a cada joven y a cada niño no solamente a resolver problemas imaginarios, sino a mantener una cuenta exacta de sus propias entradas y salidas. Enséñeseles el uso correcto del dinero dándoles la oportunidad de utilizarlo. Sea que lo suplan los padres o que lo adquieran por sus propias ganancias, que los niños y niñas aprendan a elegir y comprar su propia ropa, sus libros y otros artículos necesarios; y al llevar una cuenta de sus gastos, aprenderán el valor y el empleo del dinero, como no podrían aprenderlo en otra forma (Counsels on Stewardship, pág. 294).

El valor de llevar cuentas.
Cuando los niños son aún muy tiernos, se les debe enseñar a leer, a escribir, a comprender los números, y a llevar sus propias cuentas. Pueden avanzar paso a paso en este conocimiento (Consejos para los Maestros, pág. 129).

Enseñad a los niños a llevar cuentas. Esto los capacitará para ser exactos. El niño gastador será el hombre gastador. La niña vanidosa, egoísta y preocupada de sí misma será la misma clase de mujer. Debemos recordar que hay otros jóvenes de quienes somos responsables. Si enseñamos a nuestros hijos a corregir sus hábitos, mediante ellos podremos influir en otros.
 (Carta 11, 1888).

(La Conducción del Niño de E.G. de White)

(VI) LECCIONES DE VIRTUDES PRÁCTICAS: 23. “Abnegación, Generosidad Y Previsión”


Lecciones necesarias para cada hogar.
En todo hogar, deben enseñarse lecciones de abnegación. Padres y madres, enseñad a vuestros hijos a economizar. Animadles a ahorrar sus centavos para la obra misionera. Jesús es nuestro ejemplo. Por amor de nosotros se hizo pobre, para que por su pobreza fuésemos enriquecidos. Enseñó que todos deben unirse en amor para trabajar como él trabajó, para sacrificarse como él se sacrificó, para amar como hijos de Dios (Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 349).

Aprended la lección de abnegación y enseñadla a vuestros hijos. Se necesita ahora todo lo que se pueda ahorrar para la obra que ha de hacerse. Hay que aliviar al que sufre, vestir al desnudo, alimentar al hambriento; hay que hablar de la verdad para este tiempo a los que no la conocen (Mensajes para los Jóvenes, pág. 312).

El hábito de sacrificarse.
Por precepto y ejemplo enseñad la abnegación, la economía, la generosidad y la dependencia propia. Todo aquel que posea un carácter firme estará capacitado para hacer frente a las dificultades y pronto para seguir un "Así dice Jehová". Los hombres no están preparados para comprender su obligación para con Dios hasta no haber aprendido en la escuela de Cristo a llevar su yugo de restricción y obediencia. El sacrificio es el comienzo mismo de nuestra obra de hacer progresar la verdad y de establecer instituciones. Es una parte esencial de la educación. El sacrificio debe llegar a ser habitual en toda la formación de nuestro carácter en esta vida si queremos tener un edificio no hecho con  manos, eterno, en los cielos (Joyas de los Testimonios, tomo 2, págs. 472, 473).

La caja de la abnegación.
Hay que educar a los niños para que sean abnegados. Una vez, cuando hablaba en Nashville, el Señor me iluminó respecto de este asunto. Me impresionó con gran fuerza con la idea de que en cada hogar debería haber una caja de la abnegación y que habría que enseñar a los niños a colocar en esa caja sus monedas que de otro modo gastarían en dulces y en otras cosas innecesarias. . . . Descubriréis que a medida que los niños colocan sus monedas en esas cajas, obtendrán una gran bendición. . . . Cada miembro de la familia, desde el más viejo al más joven, debería practicar la abnegación (Review and Herald, 22-6-1905).

Los niños no deberían ser el centro de atracción.
Los niños de 2 a 4 años no deberían ser inducidos a creer que deben tener todo lo que pidan. Los padres deberían enseñarles lecciones de abnegación y nunca tratarlos de modo que piensen que son el centro, y que todas las cosas giran alrededor de ellos. 

Muchos niños han heredado el egoísmo de sus padres, pero los padres deberían procurar desarraigar de su naturaleza cada fibra de esta tendencia. Cristo expresó diversos reproches a los que eran codiciosos y egoístas. Los padres, a la primera manifestación de egoísmo, sea en su presencia o cuando están con otros niños, deberían procurar restringir y desarraigar esos rasgos del carácter de sus hijos (Signs of the Times, 13-8-1896).

Algunos padres dedican mucho tiempo y atención a jugar con sus hijos; pero los niños deben aprender a jugar solos, a ejercitar su ingenio habilidad. De este modo sabrán contentarse con placeres sencillos. Debe enseñárseles a soportar valientemente sus pequeños desengaños y pruebas. En vez de hacerles reparar en el menor dolorcillo, distráigaseles la atención y enséñeseles a pasar por alto leves contratiempos y penas (El Ministerio de Curación pág. 302).

La gracia del desprendimiento.
Una de las características que debería ser fomentada y cultivada en todo niño es el olvido de sí mismo que imparte a la vida una gracia inconsciente. De todas las excelencias del carácter, ésta es una de las más hermosas, y para toda obra verdadera de la vida es uno de los requisitos más esenciales (La Educación, pág. 232).

Estúdiese para aprender a enseñar a los niños a ser serviciales. Los jóvenes deben acostumbrarse desde temprano a la sumisión, a la abnegación y a la consideración de la felicidad ajena. Debe enseñárseles a subyugar el temperamento impulsivo, a retener la palabra apasionada, a manifestar invariablemente bondad, cortesía y dominio propio (Consejos para los Maestros, pág. 95).

¡Con cuánto cuidado deberían dirigir los padres a sus hijos a fin de contrarrestar toda inclinación al egoísmo! Continuamente deberían sugerir nuevas maneras por las cuales sus hijos pueden ser considerados con otros y aprender a hacer cosas por sus padres y madres, quienes lo hacen todo por ellos (Signs of the Times, 13-8-1896).

(La Conducción del Niño de E.G. de White)