sábado, 8 de septiembre de 2012

(VIII) LA TAREA SUPREMA: EL DESARROLLO DEL CARÁCTER 32. “Cómo se Forma el Carácter”


Se logra mediante el esfuerzo perseverante e incansable.
El carácter no se adquiere por casualidad. No queda determinado por un arranque temperamental, por un paso en la dirección equivocada. Es la repetición del acto lo que lo convierte en hábito y moldea el carácter para el bien o para el mal. Los caracteres rectos pueden formarse únicamente mediante el esfuerzo perseverante e incansable, utilizando para la gloria de Dios cada talento y capacidad que él ha dado. En lugar de hacer esto, muchos se dejan llevar a donde los impulsos o las circunstancias quieren. No se debe esto a que les falte buen material, sino que porque no comprenden que en su juventud Dios quiere que hagan lo mejor posible (Youth's Instructor, 27-7-1899).
Nuestro primer deber con Dios y nuestros semejantes es el desarrollo de nosotros mismos. Cada facultad con la cual nos ha dotado Dios debería cultivarse hasta el grado más alto de perfección, a fin de ser capaces de hacer la mayor cantidad de bien posible. Para purificar y refinar nuestros caracteres, necesitamos la gracia dada por Cristo que nos capacitará para ver y corregir nuestras deficiencias y aprovechar los rasgos excelentes de nuestros caracteres (Pacific Health Journal, abril de 1890).

Cultivemos las facultades dadas por Dios.
En extenso grado, cada uno es arquitecto de su propio carácter. Cada día la estructura se acerca más a su terminación. La Palabra de Dios nos amonesta a prestar atención a cómo edificamos, a cuidar de que nuestro edificio esté fundado en la roca eterna. Se acerca el momento en que nuestra obra quedará revelada tal cual es. Ahora es el momento en que  todos han de cultivar las facultades que Dios les ha dado y formar un carácter que los haga útiles aquí y alcanzar la vida superior más allá. La fe en Cristo como Salvador personal dará fuerza y solidez al carácter. Los que tienen verdadera fe en Cristo, serán serios, recordando que el ojo de Dios los ve, que el Juez de todos los hombres pesa el valor moral, que los seres celestiales observan qué clase de carácter están desarrollando (Consejos para los Maestros, pág. 172).

Es influido por cada acto.
Cada acto de la existencia, por muy insignificante que sea, tiene su influencia en la formación del carácter. Un buen carácter es más precioso que las posesiones mundanales; y la obra de su formación es la más noble a la cual puedan dedicarse los hombres. Los caracteres formados por las circunstancias son variables y discordantes, una masa de sentimientos encontrados. Sus poseedores no tienen un blanco elevado o fin en la vida. No ejercen influencia ennoblecedora sobre el carácter de los demás. Viven sin propósito ni poder (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 603, 604).

Se perfecciona al seguir la norma de Dios.
Dios espera que edifiquemos nuestros caracteres de acuerdo con la norma que él nos ha dado. Debemos colocar ladrillo sobre ladrillo, añadiendo gracia sobre gracia, descubriendo nuestros puntos débiles y corrigiéndolos de acuerdo con la dirección dada. Cuando se advierte una resquebrajadura en las murallas de una mansión, sabemos que hay algo malo en el edificio. En la edificación de nuestro carácter a menudo se ven resquebrajaduras. A menos que remediemos estos defectos, la casa caerá cuando la tempestad de la prueba la azote (Youth's Instructor, 25-10-1900).

Dios nos da fortaleza, razonamiento y tiempo, a fin de que edifiquemos caracteres que él pueda aprobar. Quiere que cada uno de sus hijos edifique un carácter noble, realizando obras puras y nobles, para que al final pueda presentar una estructura simétrica, un hermoso templo, honrado por el hombre y Dios. En la edificación de nuestro carácter, debemos construir sobre Cristo. El es nuestro seguro fundamento un fundamento que es inconmovible. La tempestad de la tentación y las pruebas no pueden mover el edificio que está fundado en la Roca Eterna. El que quiera transformarse en un hermoso edificio para el Señor, debe cultivar cada actitud de su ser. Únicamente empleando debidamente los talentos es posible desarrollar armoniosamente el carácter. Así ponemos como fundamento lo que en la Palabra se representa como oro, plata, piedras preciosas: material que resistirá la prueba de los fuegos purificadores de Dios. Cristo es nuestro ejemplo en nuestra edificación del carácter (Id., 16-5-1901).

Hay que resistir la tentación.
La vida de Daniel es una ilustración inspirada de lo que constituye un carácter santificado. Presenta una lección para todos y especialmente los jóvenes. Un estricto cumplimiento de los requerimientos de Dios es beneficioso para la salud del cuerpo y de la mente (La Educación Cristiana, pág. 268).
Los padres de Daniel lo habían educado en su infancia en hábitos de estricta temperancia. Le habían enseñado que debía obedecer las leyes de la naturaleza en todos sus hábitos; que sus hábitos de comer y beber ejercían una influencia directa sobre su naturaleza física, mental y moral, y que era responsable delante de Dios por sus actitudes; porque las poseía como un don de Dios, y por ningún motivo debía empequeñecerlas o invalidarlas. Como  resultado de esta enseñanza, la ley de Dios fue exaltada en su mente y reverenciada en su corazón. Durante los primeros años de su cautiverio, Daniel pasó por una prueba que debía familiarizarlo con la grandeza de la corte, con la hipocresía y el paganismo. ¡En verdad era una extraña escuela para capacitarlo para la vida de sobriedad, trabajo y fidelidad! Y, sin embargo, vivió sin corromperse por la atmósfera de mal con la cual estaba rodeado. Daniel y sus compañeros gozaron precozmente de los beneficios de la correcta educación y enseñanza, pero estas ventajas solas no habrían podido hacer de ellos lo que fueron. Llegó el tiempo cuando debieron obrar por sí mismos, cuando su futuro dependió de su propia conducta. Entonces decidieron ser fieles a las lecciones recibidas en su infancia. El temor de Dios, que es principio de la sabiduría, fue el fundamento de su grandeza. El Espíritu de Dios fortaleció cada propósito genuino, cada noble resolución (Manuscrito 132, 1901).

El blanco debe ser elevado.
Si los jóvenes de la actualidad quieren obrar como obró Daniel, deben poner en acción cada nervio y fibra espirituales. El Señor no quiere que sean siempre novicios. Quiere que alcancen el peldaño más alto de la escalera, para que de allí entren en el reino de Dios (Youth's Instructor, 27-7-1899).
Si los jóvenes aprecian debidamente la importancia de la edificación del carácter, verán la necesidad de hacer su obra de modo que soporte la prueba de la investigación delante de Dios. Los más humildes y débiles, mediante un esfuerzo perseverante en resistir a la tentación y buscar la sabiduría de lo alto, pueden alcanzar cimas que ahora les parecen imposibles. Estas realizaciones no se lograrán sin un propósito definido de ser fieles en el cumplimiento de los pequeños deberes. Se requiere una constante vigilancia para impedir que se fortalezcan los malos rasgos. Los jóvenes pueden tener poder moral, porque Jesús vino al mundo para ser nuestro ejemplo, y dar ayuda divina a todos, tanto jóvenes como adultos (Id., 3-11-1886).

Escúchense el consejo y el reproche.
Los que tienen defectos de carácter, conducta, hábitos y prácticas, deben escuchar los consejos y reproches. Este mundo es el taller de Dios, y cada piedra que pueda utilizarse en el templo celestial debe ser cortada y pulida hasta que se convierta en una piedra probada y preciosa, apta para ocupar su lugar en el edificio del Señor. Pero si rehusamos ser enseñados y disciplinados, seremos como piedras que no serán cortadas y pulidas, y que son desechadas como inútiles (Id., 31-8-1893).
Es posible que sea necesario realizar mucho trabajo en la formación de su carácter, y que Ud. sea una piedra tosca que debe ser cortada en perfecta escuadra y pulida antes que pueda ocupar un lugar en el templo de Dios. No necesita sorprenderse si con martillo y cincel Dios corta las aristas agudas de su carácter, hasta que Ud. esté preparado para ocupar el lugar que él le reserva. Ningún ser humano puede realizar esta obra. Unicamente Dios puede hacerla. Y tenga Ud. la seguridad de que no asestará él un solo golpe inútil. Da cada uno de sus golpes con amor, para su felicidad eterna. Conoce sus flaquezas y obra para curar y no para destruir (Joyas de los Testimonios. tomo 3, pág. 204).

(La Conducción del Niño de E.G. de White)

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