viernes, 3 de octubre de 2014

(X) LA DISCIPLINA Y SU ADMINISTRACIÓN: 42. “El Tiempo Para Comenzar La Disciplina”

 
Los Hijos Desobedientes Son Una Señal De Los Últimos Días. Una de las señales de los "postreros días" es la desobediencia de los hijos a los padres. ¿Comprenden los padres su responsabilidad? Muchos parecen haber perdido de vista la vigilancia que debieran ejercer sobre sus hijos y les permiten que complazcan sus malas pasiones y los desobedezcan (Review and Herald, 19-9-1854). 

Los hijos son la heredad del Señor, y a menos que los padres los eduquen en forma de capacitarlos para guardar los caminos del Señor, descuidan un solemne deber. No es la voluntad ni el propósito de Dios que los hijos lleguen a ser incultos, ásperos, descorteses, desobedientes, ingratos, impíos, implacables, infatuados, amantes de los placeres más que de Dios. 
Las Escrituras declaran que ésta sería la condición de la sociedad como una señal de los últimos días 
(Signs of the Times, 17-9-1894). 

Los padres indulgentes quedan descalificados para el orden del cielo. Hay perfecto orden en el cielo, perfecta armonía y acuerdo. Si los padres descuidan que sus hijos estén aquí bajo la debida autoridad, ¿cómo pueden esperar que sean considerados aptos para acompañar a los santos ángeles en un mundo de paz y armonía? (Testimonies, tomo 4, pág. 199). 

 Los que no respetan el orden o la disciplina en esta vida, no respetarían el orden que se observa en el cielo. No podrán nunca ser admitidos allí; porque todos los que sean dignos de entrar en el cielo amarán el orden y respetarán la disciplina. Los caracteres formados en esta vida determinarán el destino futuro. Cuando venga Cristo, no cambiará el carácter de ninguna persona. . . . Los padres no deben descuidar ningún deber de su parte para beneficiar a sus hijos. Deben educarlos de tal manera que sean una bendición para la sociedad aquí, y puedan cosechar la recompensa de la vida eterna (Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 538, 539).

 Cuándo Debiera Empezar La Disciplina. El momento en que el niño comienza a elegir su propia voluntad y sus propios caminos, es el momento cuando debe comenzar su educación en la disciplina. Esta puede llamarse una educación inconsciente. Entonces es cuando debe comenzar una obra consciente y poderosa. Necesariamente descansa sobre la madre la mayor parte del peso de esta obra. Ella tiene la primera responsabilidad sobre el niño y ha de establecer el fundamento de una educación que lo ayude a desarrollar un carácter fuerte y simétrico. . . .  

Con frecuencia meros bebés demuestran una voluntad muy determinada. Si esa voluntad no es dominada por una autoridad más sabia que los deseos indóciles del niño, Satanás se posesiona de la mente y dispone el carácter en armonía con su voluntad (Carta 9, 1904). 

 El descuido de la obra de disciplinar y educar hasta que un carácter perverso se ha fortalecido, está provocando en los niños un mal gravísimo, pues crecen egoístas, exigentes y antipáticos… La obra de la madre debe comenzar en una edad muy precoz, sin dar a Satanás la oportunidad de dominar la mente y el carácter de sus pequeños (Manuscrito 43, 1900). 

 Reprimid Las Primeras Manifestaciones Del Mal. Padres, debéis principiar vuestra primera lección de disciplina cuando vuestros hijos son aún niños mamantes en vuestros brazos. Enseñadles a conformar su voluntad a la vuestra. Esto puede hacerse con serenidad y firmeza. Los padres deben ejercer un dominio perfecto sobre su propio genio, y con mansedumbre, aunque con firmeza, doblegar la voluntad del niño hasta que no espere otra cosa sino el deber de ceder a sus deseos. Los padres no empiezan a tiempo. No subyugan la primera manifestación de mal genio del niño, y éste nutre una terquedad que aumentará con el crecimiento y se fortalecerá a medida que él mismo adquiera fuerza.
 (Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 78).

 "¿Son Demasiado Jóvenes Para Ser Castigados?" Elí no administró su casa de acuerdo con los reglamentos que Dios dio para el gobierno de la familia. Siguió su propio juicio. El padre indulgente pasó por alto las faltas y los pecados de sus hijos en su niñez, lisonjeándose de que después de algún tiempo, al crecer, abandonarían sus tendencias impías. 

 Muchos están cometiendo ahora un error semejante. Creen conocer una manera mejor de educar a sus hijos que la indicada por Dios en su Palabra, fomentan tendencias malas en ellos y se excusan diciendo: "Son demasiado jóvenes para ser castigados. Esperemos que sean mayores, y se pueda razonar con ellos". En esta forma se permite que los malos hábitos se fortalezcan hasta convertirse en una segunda naturaleza. Los niños crecen sin freno, con rasgos de carácter que serán una maldición para ellos durante toda su vida, y que propenderán a reproducirse en otros.

 No hay maldición más grande en una casa que la de permitir a los niños que hagan su propia voluntad. Cuando los padres acceden a todos los deseos de sus hijos y les permiten participar en cosas que reconocen perjudiciales, los hijos pierden pronto todo respeto por sus padres, toda consideración por la autoridad de Dios o del hombre, y son llevados cautivos de la voluntad de Satanás (Patriarcas y Profetas, págs. 625, 626). 

Colóquese En Primer Lugar La Educación En El Hogar. Muchos señalan a los hijos de los pastores, de los maestros y de otros hombres de elevada reputación por su sabiduría y piedad y dicen que si esos hombres, con todas sus ventajas, fracasan en el gobierno de su familia, los que son menos favorecidos no pueden tener esperanza de tener éxito. La pregunta que debe dilucidarse es ésta: ¿Esos hombres han dado a sus hijos lo que les corresponde por derecho: un buen ejemplo, instrucción fiel y adecuada restricción? El descuido de esos puntos esenciales es lo que hace que tales padres proporcionan a la sociedad hijos que no están bien equilibrados en su mente, impacientes ante la restricción e ignorantes de los deberes de la vida práctica. En esto hacen al mundo un daño que sobrepuja todo el bien realizado por sus labores. Esos hijos transmiten su propia perversidad de carácter como una herencia a sus descendientes y al mismo tiempo su mal ejemplo e influencia corrompen a la sociedad y trastornan a la iglesia. No podemos creer que hombre alguno, no importa cuán grande sea su habilidad y utilidad, sirva mejor a Dios o al mundo mientras dedique su tiempo a otros propósitos descuidando a sus propios hijos. (Signs of the Times 9-2-1882).

 Se Promete La Cooperación Celestial. Dios bendecirá una disciplina justa y correcta Pero Cristo dice "sin mí nada podéis hacer". Los seres celestiales no pueden cooperar con los padres y madres que descuidan la educación de sus hijos, permitiendo que Satanás maneje esa maquinaria infantil, esa mente juvenil, como un instrumento mediante el cual puede obrar para contrarrestar la acción del Espíritu Santo (Manuscrito 126, 1897).
(La Conducción del Niño de E.G. de White)

lunes, 11 de agosto de 2014

(X) LA DISCIPLINA Y SU ADMINISTRACIÓN: 41. “Propósitos de la Disciplina”


El Dominio Propio Es El Propósito Primordial. El objeto de la disciplina es educar al niño para que se gobierne solo. Se le debería enseñar la confianza en sí mismo y el dominio propio. Por lo tanto, tan pronto como sea capaz de comprender, se debería alistar su razón de parte de la obediencia. Procurad que todo el trato con él muestre que la obediencia es justa y razonable. Ayudadle a ver que todas las cosas están sujetas a leyes y que la desobediencia conduce, al fin, al desastre y el sufrimiento. Cuando Dios prohíbe una cosa nos amonesta, en su amor, contra las consecuencias de la desobediencia a fin de salvarnos de daños y pérdidas 
(La Educación, pág. 279). 

Consígase El Poder De La Voluntad. Sólo se logra el verdadero objeto del reproche cuando se induce al transgresor a ver su falta y se prepara su voluntad para su corrección. Obtenido esto, indíquesele la fuente del perdón y poder (Id., pág. 283).

 Los que educan a sus alumnos para que sientan que reside en sí mismos el poder de llegar a ser hombres y mujeres de honra y utilidad, serán los que tendrán un éxito más permanente 
(Fundamentals of Christian Education, pág. 58). 


Corregid Los Malos Hábitos Y Las Malas Inclinaciones Y Tendencias. Es obra de los padres restringir, guiar y controlar. No pueden cometer un mal peor que permitir que sus hijos satisfagan todos sus deseos y fantasías pueriles, y dejarlos que sigan sus propias inclinaciones; no les pueden hacer un mal peor que dejar en su mente la impresión que deben vivir para agradarse a sí mismos y divertirse, para seguir sus propias inclinaciones y buscar sus propios placeres y compañías. . . . Los jóvenes necesitan padres que los eduquen y disciplinen, que les corrijan sus malos hábitos e inclinaciones y poden sus malas tendencias.
 (Manuscrito 12, 1898). 

Derribad El Baluarte de Satanás. Madres, el destino de vuestros hijos descansa en gran medida en vuestras manos. Si no cumplís vuestro deber, podéis colocarlos en las filas de Satanás y hacerlos sus agentes para arruinar otras almas. O vuestra fiel disciplina y ejemplo piadoso pueden conducirlos a Cristo, y ellos a su vez influirán en otros, y así se salvarán muchas almas por vuestro medio (Signs of the Times, 9-2-1882). 

Observemos Cuidadosamente y Comencemos a RecogerNuestros Puntos Corridos.* Derribemos los baluartes del enemigo. Corrijamos misericordiosamente a nuestros amados y preservémoslos del poder del enemigo. No os desaniméis 
(Review and Herald, 16-7-1895). 

Enseñad El Respeto a Las Autoridades Divina y Paterna. Los hijos . . . debieran ser preparados, educados y disciplinados hasta que lleguen a ser obedientes a sus padres, respetando su autoridad. En esta forma el respeto a la autoridad divina será implantado en su corazón y la educación de la familia será como una escuela preparatoria para la familia celestial. La educación de los niños y jóvenes debiera ser de tal carácter que los hijos estén preparados para asumir sus deberes religiosos y quedar así preparados para entrar en las cortes celestiales (Id., 13-3-1894). 

El que es la fuente de todo conocimiento ha fijado las condiciones de nuestra idoneidad para entrar en el cielo de los bienaventurados con estas palabras: "Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad". 

 La obediencia a los mandamientos de Dios es el precio del cielo, y la obediencia a los padres en el Señor es la lección importantísima que deben aprender los hijos (Manuscrito 12, 1896). 

Obediencia Por Principio Y No A La Fuerza. Decid a vuestros hijos exactamente lo que requerís de ellos. Comprendan entonces que vuestra palabra es ley y debe ser obedecida. Así los estáis educando para que respeten los mandamientos de Dios, . . . es mucho mejor que vuestros muchachos obedezcan por principio y no a la fuerza 
(Review and Herald, 15-9-1904). 

Una Lección de Confianza Implícita. Isaac queda atado por las manos temblorosas y amantes de su padre compasivo, porque Dios lo ha dicho. El hijo se somete al sacrificio, porque cree en la integridad de su padre. . . . Este acto de fe de Abrahán ha sido registrado para nuestro beneficio. Nos enseña la gran lección de confiar en los requerimientos de Dios, por severos y crueles que parezcan; y enseña a los hijos a someterse enteramente a sus padres y a Dios. Por la obediencia de Abrahán se nos enseña que nada es demasiado precioso para darlo a Dios.
 (Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 353). 

Los Jóvenes Responderán A La Confianza. Debe impresionarse a los jóvenes con la idea de que se les tiene confianza. Tienen un sentido del honor y quieren ser respetados, y en esto están en su derecho. Si los alumnos reciben la impresión de que no pueden ni salir ni entrar, sentarse a la mesa o estar en cualquier lugar, aun en sus habitaciones, a menos que se los vigile, un ojo crítico esté sobre ellos para criticar y desatarlos, esto tendrá la influencia de desmoralizarlos y un pasatiempo no les proporcionará placer. Este conocimiento de una vigilancia continua es más que una tutoría paternal y mucho peor; pues los padres prudentes, mediante el tacto, con frecuencia pueden discernir debajo de la superficie y ver la obra de la mente inquieta por debajo de los anhelos de la juventud, o bajo las fuerzas de las tentaciones, y pueden hacer sus planes para trabajar contrarrestando los males. Pero esta vigilancia continua no es natural y produce los males que está procurando evitar. La salud de los jóvenes requiere ejercicio, alegría y una atmósfera feliz y agradable que los rodee para el desarrollo de la salud física y del carácter simétrico
 (Fundamentals of Christian Education, pág. 114). 

El Gobierno Propio En Contra De La Autoridad Absoluta. En muchas familias, los niños parecen bien educados, mientras están bajo la disciplina y el adiestramiento; pero cuando el sistema que los sujetó reglas fijas se quebranta, parecen incapaces de pensar, actuar y decidir por su cuenta. Estos niños han estado durante tanto tiempo bajo una regla férrea sin que se les permitiera pensar o actuar por su cuenta en lo que les correspondía, que no tienen confianza en sí mismos para obrar de acuerdo con su propio juicio u opinión. Y cuando se apartan de sus padres para actuar por su cuenta, el juicio ajeno los conduce en dirección equivocada. No tienen estabilidad de carácter. No se les ha hecho depender de su propio juicio a medida que era posible, por lo tanto su mente no se ha desarrollado ni fortalecido debidamente. Han estado durante tanto tiempo absolutamente controlados por sus padres, que fían completamente en ellos; sus padres son para ellos mente y juicio. 

Por otro lado, no se debe dejar a los jóvenes que piensen y actúen independientemente del juicio de sus padres y maestros. Debe enseñárseles a los niños a respetar el juicio experimentado y a ser guiados por sus padres y maestros. Se los debe educar de tal manera que sus mentes estén unidas con las de sus padres y maestros, y se los ha de instruir para que comprendan lo conveniente que es escuchar sus consejos. Entonces, cuando se aparten de la mano guiadora de sus padres y maestros, su carácter no será como el junco que tiembla al viento. En el caso de que no se les enseñe a los jóvenes a pensar debidamente y actuar por su cuenta, en la medida en que lo permita su capacidad e inclinación mental, a fin de que por este medio pueda desarrollarse su pensamiento, su sentido de respeto propio, y su confianza en su propia capacidad de obrar, el adiestramiento severo producirá siempre una clase de seres débiles en fuerza mental y moral. 

Y cuando se hallen en el mundo para actuar por su cuenta, revelarán el hecho de que fueron adiestrados como los animales, y no educados. Su voluntad, en vez de ser guiada, fue forzada a someterse por la dura disciplina de padres y maestros. 
(Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 315, 316). 

Los Malos Resultados Cuando Una Mente Domina A Otra. Aquellos padres y maestros que se jactan de ejercer el dominio completo de la mente y la voluntad de los niños que están bajo su cuidado, dejarían de jactarse si pudiesen ver la vida futura de los niños así dominados por la fuerza o el temor. Carecen casi completamente de preparación para compartir las severas responsabilidades de la vida. Cuando estos jóvenes ya no estén bajo el cuidado de sus padres y maestros, y estén obligados a pensar y actuar por su cuenta, es casi seguro que seguirán una conducta errónea y cederán al poder de la tentación. No tienen éxito en esta vida; y se advierten las mismas deficiencias en su vida religiosa. Si los instructores de los niños y los jóvenes pudiesen ver desplegados delante de ellos el resultado futuro de su disciplina errónea, cambiarían su plan de educación. Esa clase de maestros que se congratulan de dominar casi por completo la voluntad de sus alumnos, no son los que tienen más éxito, aunque momentáneamente las apariencias sean halagadoras. Dios no quiso nunca que una mente humana estuviese bajo el dominio completo de otra. Los que se esfuerzan porque la individualidad de sus alumnos se funda en la suya, para ser mente, voluntad y conciencia de ellos, asumen terribles responsabilidades. Estos alumnos pueden, en ciertas ocasiones, parecerse a soldados bien adiestrados. Pero, cuando se elimine la restricción, no actuarán en forma independiente, basados en principios firmes que existan en ellos (Id. págs. 316, 317). 

Mediante Habilidad Y Paciente Esfuerzo. Se requieren habilidad y paciente esfuerzo para modelar a los jóvenes en la forma correcta. Especialmente, los niños que han venido al mundo cargados con una herencia de mal, como resultado directo de los pecados de sus padres, necesitan muchísimo la más cuidadosa cultura para desarrollar y fortalecer sus facultades morales e intelectuales. Y la responsabilidad de los padres es ciertamente difícil. Han de restringirse cuidadosamente las malas tendencias y deben reprocharse tiernamente; ha de estimularse la mente en favor de lo correcto. Debiera animarse al niño para que logre gobernarse a sí mismo. Y esto ha de hacerse juiciosamente, pues podría frustrarse el propósito deseado. (Christian Temperance and Bible Hygiene, pág. 138). 

(La Conducción del Niño de E.G. de White)

jueves, 20 de febrero de 2014

(IX) ELEMENTOS FUNDAMENTALES DE LA EDIFICACIÓN DEL CARÁCTER 40. “Ejemplificad Los Principios Cristianos”


Los niños imitarán a los padres. 
 Padres y madres, sois maestros; vuestros niños son los alumnos. El tono de vuestra voz, vuestra conducta, vuestro espíritu son copiados por los pequeñuelos (Signs of the Times, 11-3-1886). 

Los hijos imitan a sus padres; por lo tanto, debiera tenerse gran cuidado de presentarles modelos correctos. 
 Los padres que son bondadosos y corteses en el hogar, al paso que son firmes y decididos, verán que se manifiestan los mismos rasgos en sus hijos. Si son correctos, honrados y honorables, lo más probable es que sus hijos los imiten en eso. Si reverencian y rinden culto a Dios, sus hijos, educados de la misma forma, no se olvidarán de servir también a Dios 
(Testimonies, tomo 5, págs. 319, 320). 

Los padres y madres siempre debieran presentar en la familia delante de sus hijos el ejemplo que desean que imiten. 
Debieran manifestarse mutuamente un tierno respeto en palabra, apariencia y acción. Debieran hacer que sea evidente que los rige el Espíritu Santo, al presentar a sus hijos el carácter de Jesucristo. Son fuertes las facultades de imitación, y cuando esta facultad es más activa, en la niñez y la juventud, debiera presentarse un modelo perfecto delante de los menores. Los hijos debieran tener confianza en sus padres y apropiarse así de las lecciones que ellos les inculquen (Review and Herald, 13-3-1894).

 Enseñad por precepto y ejemplo. 
En la educación de sus hijos, la madre está en una escuela continua. Mientras les enseña, aprende ella misma diariamente. Las lecciones que les da de dominio propio deben ser practicadas por ella. Al tratar con las diferentes mentes y los temperamentos de sus niños, necesita facultades de agudo discernimiento o se verá en peligro de juzgar mal y tratar con parcialidad a sus niños. Practicará la ley de la bondad en su vida familiar, si quiere que sus hijos sean corteses y bondadosos. Así se les repiten las lecciones diariamente por precepto y ejemplo 
(Pacific Health Journal, junio de 1890). 

"Los maestros en la escuela harán algo por la educación de vuestros hijos, pero vuestro ejemplo efectuará más de lo que se pueda lograr por otros medios". 

 Vuestra conversación, la forma en que manejáis vuestros asuntos comerciales, la forma en que expresáis vuestros gustos y fobias, todo contribuye a la formación del carácter. El temperamento bondadoso, el dominio propio, el dominio del yo, la cortesía que vuestros hijos vean en vosotros, les serán lecciones diarias. A semejanza del tiempo, esta educación siempre prosigue y la tendencia de esta escuela de todos los días debiera consistir en hacer de vuestros hijos lo que debieran ser 
(Review and Herald, 27-6-1899). 

Cuidad de no ser rudos con vuestros hijos. . . . Requerid obediencia y no habléis descuidadamente a vuestros hijos, porque vuestras maneras y palabras son su libro de texto. Ayudadlos suave y tiernamente en este período de su vida. La luz de vuestra presencia infunda luz en su corazón. Esos adolescentes, muchachos y niños, son muy sensibles y mediante la rudeza podéis dañar toda su vida. Sed cuidadosas, madres, nunca regañéis pues eso nunca ayuda (Manuscrito 127, 1898). 

Los padres han de ser modelos de dominio propio. Los niños debieran estar exentos de excitaciones en todo lo posible. Por lo tanto, la madre debiera estar tranquila y serena, libre de toda excitación y premura nerviosa. Esta es una escuela de disciplina para ella misma tanto como para los niños. Mientras enseña a los pequeños la lección de la abnegación, se está educando para ser un modelo de sus hijos. Mientras trabaja con tierno interés el terreno del corazón de ellos, a fin de someter las inclinaciones pecaminosas naturales, está cultivando en sus propias palabras y en su propio comportamiento las gracias del Espíritu (Manuscrito 43, 1900). 

Una victoria ganada sobre vosotros mismos será de gran valor y ánimo para vuestros hijos. Podéis colocaros en terreno ventajoso diciendo: Soy la heredad de Dios; soy el edificio de Dios. Me coloco bajo su mano para ser modelado conforme a la similitud divina, a fin de ser colaborador con Dios al modelar la mente y caracteres de mis hijos de modo que les sea más fácil caminar en la senda del Señor. . . . Padres y madres, cuando podáis dominaros, ganaréis grandes victorias en el dominio de vuestros hijos (Carta 75, 1898). 

Los frutos del dominio propio. 
Padres, cada vez que perdéis el dominio propio y habláis o actuáis impacientemente, pecáis contra Dios. El ángel registrador anota cada palabra pronunciada delante de ellos impaciente e impremeditadamente, descuidadamente o en broma; cada palabra que no es casta y elevada es señalada por él como un punto contra vuestro carácter cristiano. Hablad bondadosamente a vuestros hijos. Recordad cuán sensibles sois, cuán poco podéis soportar el ser reprochados, y no pongáis sobre ellos lo que no podéis soportar, pues son más débiles que vosotros y no pueden soportar tanto. Los frutos del dominio propio, la consideración y el esfuerzo abnegado de vuestra parte se multiplicarán cien veces. Vuestras agradables y animadoras palabras siempre serán como rayos de sol en vuestra familia (Signs of the Times, 10-4-1884). 

"Si los padres desean que sus hijos sean correctos y, hagan lo correcto, deben ser ellos mismos correctos en teoría y en práctica" 
(Good Health, enero de 1880). 

Los hijos son influidos por el comportamiento de los profesos cristianos. Hay hijos de observadores del sábado a quienes se les ha enseñado a guardar el sábado desde su juventud. Algunos de ellos son muy buenos, fieles al deber en lo que atañe a los asuntos temporales, pero no sienten ninguna convicción profunda de pecado ni la necesidad de arrepentirse del pecado. Esta es, una condición peligrosa. Observan el comportamiento y los esfuerzos de los profesos cristianos. Ven a algunos que hacen una elevada profesión, pero no son cristianos concienzudos, y comparan sus propios puntos de vista y acciones con esas piedras de tropiezo; y como no hay pecados manifiestos en su propia vida, se jactan a sí mismos de que son más o menos correctos 
(Testimonies, tomo 4, pág. 40). 

La enseñanza de la Escritura no tiene mayor efecto sobre los jóvenes porque tantos padres y maestros que profesan creer en la Palabra de Dios niegan su poder en sus vidas. 
 A veces los jóvenes sienten el poder de la Palabra. Ven la belleza de su carácter, las posibilidades de una vida dedicada a su servicio. Pero ven en contraste la vida de los que profesan reverenciar los preceptos de Dios
 (La Educación, pág. 253). 

Los padres deben decir "no" a la tentación. 
Madres, al no seguir las prácticas del mundo, podéis colocar delante de vuestros hijos un ejemplo de fidelidad a Dios enseñándoles así a decir no. Enseñad a vuestros hijos el significado del proverbio: "Si los pecadores te quisieran engañar, no consientas". Pero si queréis que vuestros hijos puedan decir no a la tentación, vosotros mismos deberéis ser capaces de decir no. Un hombre necesita decir no, tanto como un niño 
(Review and Herald, 31-3-1891). 

Ejemplificad la caballerosidad. 
Padres sed bondadosos y gentiles con vuestros hijos, y ellos aprenderán caballerosidad. Demostremos en nuestro hogar que somos cristianos. Conceptúo como desprovista de valor aquella profesión que no se practica en la vida del hogar en forma de bondad, tolerancia y amor 
(Manuscrito 97, 1909). 

Vigilad el tono de la voz tanto como las palabras. 
No salga de vuestros labios una palabra de enojo, dureza o mal genio. La gracia de Cristo espera que la demandéis. Su Espíritu dominará vuestro corazón y conciencia, presidiendo vuestras palabras y actos. No renunciéis nunca a vuestro respeto propio mediante palabras apresuradas y no pensadas. Procurad que vuestras palabras sean puras, vuestra conversación santa. Dad a vuestros hijos un ejemplo de lo que deseáis que sean ellos. . . . Haya paz, palabras amables y semblantes alegres (Carta 28, 1890). 

Los padres nunca pueden ser despóticos en ningún sentido sin correr riesgos. No deben demostrar un espíritu mandón, criticón y censurador. Las palabras que hablan, el tono en que las dicen, son lecciones buenas o malas para sus hijos. Padres y madres, si salen de vuestros labios palabras ásperas estáis enseñando a vuestros hijos que hablen de la misma manera, y la influencia refinadora del Espíritu Santo queda sin efecto. Una paciente perseverancia en el bien hacer es esencial si queréis cumplir vuestro deber hacia vuestros hijos (Carta 8 a, 1896). 

Los padres son los agentes de Dios para modelar el carácter. Está formándose el intelecto de vuestros hijos, se están modelando sus apetencias y caracteres, ¿pero de acuerdo con qué modelo? Recuerden los padres que son agentes en esta transacción. Y aun cuando estén durmiendo en la tumba, es duradera la obra que dejaron tras sí, y dará testimonio de ellos, ya sea bueno o malo (Pacific Health Journal, junio de 1890). 

Imprimiendo la imagen de la Divinidad. 
Debéis instruir, amonestar y aconsejar, recordando siempre que vuestra apariencia, vuestras obras y acciones tienen una influencia directa sobre el proceder futuro de vuestros amados. Vuestra obra no consiste en pintar una bella forma en un lienzo ni en cincelarla en el mármol, sino en imprimir en el alma humana la imagen de la Divinidad (Signs of the Times, 25-5-1882). 

(La Conducción del Niño de E.G.de White)

(IX) ELEMENTOS FUNDAMENTALES DE LA EDIFICACIÓN DEL CARÁCTER 39. “La Voluntad Como Factor de Éxito”


Cada niño debiera entender el poder de la voluntad 
La voluntad es el poder que gobierna en la naturaleza del hombre, colocando a todas las otras facultades bajo su dominio. La voluntad no es el gusto ni la inclinación, sino el poder de decidir, que obra en los hijos de los hombres para obedecer a Dios o para desobedecerle 
(Testimonies, tomo 5, pág. 513).

 Todo niño debería comprender 
la verdadera fuerza de la voluntad. 
 Se le debería hacer ver cuán grande 
es la responsabilidad encerrada en este don.
 La voluntad es . . . el poder de decisión o elección 
(La Educación, pág. 280). 

Se logra el éxito cuando la voluntad se someta a Dios. 
Todo ser humano que razone tiene poder para escoger lo recto. En toda vicisitud de la vida la Palabra de Dios nos dice: "Escogeos hoy a quién debáis servir" (Jos. 24: 15). 

 Todos pueden poner su voluntad de parte de la voluntad de Dios, escoger obedecerle y así, al relacionarse con los agentes divinos, mantenerse donde nada pueda forzarlos a hacer mal. 

 En todo joven y niño, hay poder para formar, con la ayuda de Dios, un carácter integro, y vivir una vida útil.

El padre o el maestro que, por medio de semejante instrucción, enseña al niño a dominarse, será utilísimo y siempre tendrá éxito. Tal vez su obra no parezca muy provechosa al observador superficial; tal vez no sea tan apreciada como la del que tiene la mente y la voluntad del niño bajo el dominio de una autoridad absoluta, pero los años ulteriores mostrarán el resultado del mejor método de educación 
(Id., pág. 281). 

 No debilitéis la voluntad del niño, sino dirigidla. 
Salvad toda la fuerza de la voluntad, porque el ser humano la necesita toda; pero dadle la debida dirección. Tratadla sabia y tiernamente, como un tesoro sagrado. No la desmenucéis a golpes; sino amoldadla sabiamente, por precepto y verdadero ejemplo, hasta que el niño llegue a los años en que pueda llevar responsabilidad (Consejos para los Maestros, pág. 90). 

Los niños deberían ser educados precozmente para someter su voluntad e inclinaciones a la voluntad y autoridad de sus padres. Cuando los padres enseñan a sus hijos esta lección, los están educando para someterse a la voluntad de Dios y obedecer sus requerimientos y los preparan para ser miembros de la familia de Cristo (Manuscrito 119, 1899). 

Ha de ser guiado pero no aplastado.
 Tanto los padres como el maestro deberían estudiar la forma de dirigir el desarrollo del niño sin estorbarlo con un control indebido. Tan malo es el exceso de órdenes como la falta de ellas. 

 El esfuerzo por "quebrantar la voluntad" del niño es un error terrible. Las mentes están diferentemente constituidas; aunque la fuerza puede asegurar la sumisión aparente, el resultado, en el caso de muchos niños, es una rebelión aún más decidida del corazón. 

 El hecho de que el padre o el maestro llegue a ejercer el "control" que pretende, no quiere decir que el resultado sea menos perjudicial para el niño. . . . Puesto que la sumisión de la voluntad es mucho más difícil para unos alumnos que para otros, el maestro debería facilitar todo lo posible la obediencia a sus exigencias. Debería guiar y amoldar la voluntad, pero no desconocerla ni aplastarla (La Educación, págs. 279, 280). 

Guiad; nunca empujad. 
Permitid que los niños que están bajo vuestro cuidado tengan una individualidad, así como la tenéis vosotros. Tratad siempre de guiarlos, pero nunca de empujarlos (Testimonies, tomo 5, pág. 653).

 El ejercicio de la voluntad expande y fortalece la mente. 
Se puede enseñar a un niño de manera que, . . . no tenga voluntad propia. Aun su individualidad se fusionará en aquella que vigila su educación; su voluntad, para todos los intentos y propósitos, queda sujeta a la del maestro. 

 Los niños así educados serán siempre deficientes en energía moral y en responsabilidad individual. No se les ha enseñado a obrar por razón y principio; su voluntad ha sido controlada por otra, y la mente no ha sido llamada a manifestarse, a fin de expandirse y fortalecerse por el ejercicio. No han sido dirigidos y disciplinados con respecto a sus constituciones peculiares y capacidades mentales, para ejercitar sus facultades más fuertes cuando sea necesario (Consejos para los Maestros, págs. 59, 60). 

Cuando hay un choque de voluntades. 
Si el niño es de voluntad terca, la madre, si entiende su responsabilidad, comprenderá que esa voluntad terca es parte de la herencia que ella le ha dado. No considerará a la voluntad de su hijo como algo que deba ser quebrantado. Hay veces cuando la determinación de la madre hace frente a la determinación del hijo, cuando la firme y madura voluntad de la madre hace frente a la irrazonable voluntad del hijo, y cuando la madre dirige debido a su mayor edad y experiencia, o la voluntad de la persona mayor es dominada por la voluntad menor e indisciplinada del hijo. En tales oportunidades, hay necesidad de gran sabiduría; pues mediante un trato imprudente o severa compulsión, puede echarse a perder al niño para esta vida y la venidera. Todo se puede perder por falta de sabiduría. 

Esta es una crisis que rara vez debiera permitirse que se presentara, pues tanto la madre como el niño pasarán por una dura lucha. Debiera evitarse tal cosa con sumo cuidado. Pero si se llega a ese punto, debiera verse que el niño se someta a la voluntad superior del progenitor. La madre ha de mantener sus palabras en perfecto dominio propio. No deben darse órdenes en voz alta. Nada debe hacerse que desarrolle un espíritu desafiante en el niño.

 La madre debe estudiar la forma de tratarlo de tal manera que sea atraído hacia Jesús. Debe orar con fe para que Satanás no venza en la voluntad del niño. Los ángeles celestiales están contemplando la escena. La madre debe comprender que Dios es su ayudador, que el amor es su éxito, su poder. Si ella es una cristiana sabia, no tratará de dominar por la fuerza la voluntad del niño. Orará, y mientras ore, experimentará una renovación de la vida espiritual dentro de sí. Y verá que al mismo tiempo el poder que obra en ella también está obrando en el niño. Y el niño, en vez de ser compelido, es dirigido y se hace más suave. Así se gana la batalla. 

 Cada pensamiento bondadoso, cada acto paciente, cada palabra de sabia sujeción, es como manzana de oro con figuras de plata. La madre ha ganado una victoria más preciosa de lo que pueda expresar el lenguaje. Tiene luz renovada y una experiencia mayor. La "luz verdadera, que alumbra a todo hombre" de este mundo ha sometido la voluntad de ella. Hay paz después de la tormenta, como el sol que brilla después de la lluvia (Carta 55, 1902). 

Los padres debieran reprimir sus sentimientos juveniles. 
 Poquísimos se dan cuenta de la importancia de reprimir, hasta donde sea posible, sus propios sentimientos juveniles, sin llegar a ser ásperos y faltos de simpatía en su naturaleza. Agradaría a Dios que los padres mezclaran la graciosa sencillez de un niño con la fortaleza, sabiduría y madurez de la virilidad y la femineidad. Algunos nunca tuvieron una genuina niñez. Nunca disfrutaron de la libertad, sencillez y frescura de la vida de un capullo. Fueron regañados y reprendidos, reprochados y golpeados, hasta que la inocencia y la confiada franqueza de la niñez se trocaron en temor, envidia, celos y falsía. Rara vez tendrán los tales las características que harán feliz la niñez de sus propios seres amados 
(Good Health, marzo de 1880). 

¡Un Gran Error!
Se comete un gran error cuando los resortes de la dirección se colocan en las manos del niño, y se le permite que haga su propia voluntad y rija el hogar. De ese modo se da una dirección equivocada a ese elemento maravilloso que es el poder de la voluntad. Pero esto se ha hecho y se continuará haciendo porque hay padres y madres que son ciegos en su discernimiento y sus cálculos (Manuscrito 126, 1897). 

Una madre que se rendía a los clamores de su niño. 
 Su niño . . . necesita la mano de la sabiduría para que lo guíe correctamente. Se le ha permitido llorar para conseguir lo que deseaba, hasta que ha formado el hábito de hacerlo. Se le ha permitido llorar para que estuviera su padre con él. Vez tras vez, al alcance de su oído se les ha dicho a otros cómo llora por la presencia de su padre, hasta el punto de que hace esto para conseguir su objeto. 

 Si su hijo estuviera en mis manos, lo transformaría en tres semanas. Le haría comprender que mi palabra es ley, y bondadosa y firmemente llevaría a cabo mis propósitos. No sometería mi voluntad a la voluntad del niño. Ud. tiene una obra que hacer en esto, y ha perdido mucho al no emprenderla antes (Carta 5. 1884).

 La vida desventurada de un niño echado a perder.
 Cada niño que no es disciplinado cuidadosamente y con oración, será desdichado en este tiempo de prueba y formará tales rasgos desagradables de carácter, que el Señor no podrá unirlo con su familia celestial. Hay una enorme carga que debe ser llevada a lo largo de toda la vida de un niño malcriado. En las pruebas, en los desengaños, en la tentación, seguirá su propia voluntad indisciplinada y desencaminada (Manuscrito 126, 1897). 

Los niños a los que se les permite que hagan lo que quieren, no son felices. El corazón rebelde no tiene dentro de sí los elementos de paz y satisfacción. Deben disciplinarse la mente y el corazón y ponerse bajo la debida restricción a fin de que armonice el carácter con las sabias leyes que gobiernan nuestro ser. La inquietud y el descontento son los frutos de la complacencia y el egoísmo (Testimonies, tomo 4, pág. 202). 

El origen de muchas pruebas. 
Las tristes pruebas que resultan tan peligrosas para la prosperidad de una iglesia y que hacen que tropiecen los incrédulos y se aparten con dudas y motivos de descontento, generalmente surgen de un espíritu indómito y rebelde, el resultado de la complacencia paternal en los años mozos. 

 Cuántas vidas naufragan, cuántos crímenes se cometen por la influencia de una pasión que se levanta rápidamente, la cual podría haber sido dominada en la niñez, cuando la mente era impresionable, cuando el corazón era fácilmente influido por lo correcto y estaba sometido a la voluntad tierna de una madre. La educación ineficaz de los niños es el fundamento de muchísimas desgracias morales (Ibid.). 

(La Conducción del Niño de E.G.de White)

viernes, 22 de febrero de 2013

(IX) ELEMENTOS FUNDAMENTALES DE LA EDIFICACIÓN DEL CARÁCTER 38. “Estudiad La Edad, El Carácter Y El Temperamento”


No apresuréis a los niños para que salgan de la niñez. 
Los padres nunca debieran apresurar a los niños para que salgan de su niñez. Las lecciones que se les den deben ser de tal carácter que inspiren su corazón con nobles propósitos; pero que sean niños y crezcan con esa sencilla confianza, candor y veracidad que los prepararán para entrar en el reino. (Good Health, marzo de 1880).

 Hay una belleza apropiada para cada período.
 Los padres y los maestros debieran proponerse cultivar de tal modo las tendencias de los jóvenes, que, en cada etapa de la vida, éstos representen la debida belleza de ese período, que se desarrollen naturalmente, como lo hacen las plantas del jardín. (La Educación. pág. 103).

 Una de las parábolas más hermosas e impresionantes de Cristo es la del sembrador y la semilla. . . 
 Las verdades que esta parábola enseña fueron hechas una realidad viviente en la vida misma de Cristo. Tanto en su naturaleza física como en la espiritual, siguió el orden divino del crecimiento, ilustrado por la planta, como él desea que hagan todos los jóvenes. Aunque él era la Majestad del cielo, el Rey de gloria, vino como niño a Belén, y durante un tiempo representó al impotente infante bajo el cuidado de su madre. En su infancia, Jesús hizo las obras de un niño obediente. Hablaba y actuaba con la sabiduría de un niño, y no de un hombre, honrando a sus padres, y ejecutando sus deseos en forma servicial, según la capacidad de un niño. Pero en cada etapa de su desarrollo fue perfecto, con la gracia sencilla y natural de una vida sin pecado. El relato sagrado dice  de su infancia lo siguiente: "Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él". Y acerca de su juventud tenemos registrado: "Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres" (Luc. 2: 40, 52). 
(Consejos para los Maestros, págs. 108, 109). 

Hay diversidad de caracteres en los miembros de la familia. 
Con frecuencia existen en la misma familia notables diferencias de temperamento y carácter, pues está dentro de los planes de Dios que se relacionen personas de temperamentos variados. Cuando esto sucede, cada miembro del hogar debiera considerar como sagrados los sentimientos y los derechos de los otros y debiera respetarlos. De esta manera se cultivarán la consideración mutua Y la tolerancia, se suavizarán los prejuicios y se alisarán las asperezas del carácter. Podrá lograrse la armonía y la combinación de los diversos temperamentos será un beneficio mutuo. 
(Signs of the Times, 9-9-1886). 

Estudiad las mentes y caracteres individuales. 
Cada hijo traído a este mundo aumenta la responsabilidad de los padres. . . . Han de estudiarse su temperamento, sus tendencias, sus rasgos de carácter. Las facultades de discriminación de los padres debieran ser cuidadosamente educadas, a fin de que puedan reprimir las tendencias equivocadas y fomentar las impresiones correctas y los principios debidos. No se requieren ni dureza ni violencia en esta obra. Debe cultivarse el dominio propio y su impresión debe quedar en la mente y el corazón del niño. 
(Manuscrito 12, 1898). 

Es una obra muy delicada la de tratar con la mente humana. 
 Todos los niños no pueden ser tratados de la misma manera, pues aquella restricción 191 que se debe mantener sobre uno, aplastaría la vida del otro (Manuscrito 32, 1899). 

Vigorizad los rasgos débiles, reprimid los erróneos
 Hay pocas mentes bien equilibradas porque los padres son impíamente negligentes en su deber de vigorizar los rasgos débiles y reprimir los erróneos. No recuerdan que están bajo la más solemne obligación de vigilar las tendencias de cada niño, que es su deber educar a sus hijos en hábitos correctos y en las debidas formas de pensamiento (Signs of the Times, 31-1-1884).

 Estudiad el carácter de cada niño. 
Los niños necesitan constante cuidado, pero no es necesario que les hagáis ver que estáis siempre vigilándolos. Estudiad el carácter de cada uno tal como se revela en su asociación mutua, y entonces procurad corregir sus faltas fomentando las características opuestas. Debe enseñarse a los niños que el desarrollo tanto de las facultades mentales como de las físicas depende de ellos; es el resultado del esfuerzo. Debieran aprender que la felicidad no se encuentra en la complacencia egoísta; tan sólo se halla en la huella del deber. Al mismo tiempo, la madre debiera procurar que sus niños estén contentos (Id., 9-2-1882). 

Las necesidades mentales son tan importantes como las físicas. Algunos padres atienden cuidadosamente las necesidades temporales de sus hijos; los cuidan bondadosa y fielmente mientras están enfermos, y luego consideran que han cumplido todo su deber. En esto cometen un error. Tan sólo han empezado su trabajo. Se deben suplir las necesidades de la mente. Se requiere habilidad para aplicar los debidos remedios a la curación de una mente herida. Los niños han de soportar pruebas tan duras, tan graves en su carácter, como las de las personas mayores. 
 Los padres mismos no sienten siempre la  misma disposición. A menudo su mente está afligida por la perplejidad. Trabajan bajo la influencia de opiniones y sentimientos equivocados. Satanás los azota y ceden a sus tentaciones. Hablan con irritación y de una manera que excita la ira en sus hijos, y son a veces exigentes e inquietos. Los pobres niños participan del mismo espíritu, y los padres no están preparados para ayudarles, porque ellos son la causa de la dificultad. A veces todo parece ir mal. Hay intranquilidad en el ambiente, y todos pasan momentos desdichados. Los padres echan la culpa a los pobres niños, y piensan que son desobedientes e indisciplinados, los peores niños del mundo, cuando la causa de la dificultad reside en ellos mismos (Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 133).

 Fomentad la amabilidad. 
La mente mal equilibrada, el genio vivo, el mal humor, la envidia o los celos testifican del descuido de los padres. Esos malos rasgos de carácter atraen gran desdicha a quien los posee. ¡Cuántos dejan de recibir, de sus compañeros y amigos, el amor de que podrían gozar si hubieran sido amables! ¡Cuántos provocan dificultades doquiera van y en cualquier cosa en que se ocupen! 
(Fundamentals of Christian Education, pág. 67).

 Los diversos temperamentos necesitan una disciplina diferente. Los niños tienen temperamentos diversos, y los padres no siempre pueden aplicar la misma disciplina a cada uno. Hay diferentes clases de mentalidades y debiera estudiarse con oración a fin de que sean modeladas para lograr el propósito designado por Dios
(Good Health, julio de 1880).

 Madres, . . . dedicad tiempo a intimar con vuestros niños. 
 Estudiad su disposición y temperamento para que sepáis cómo tratarlos. Algunos niños necesitan más atención que otros 
(Review and Herald, 9-7-1901). 

 El trato con niños poco promisorios. 
Algunos niños tienen mayor necesidad que otros de paciente disciplina y bondadosa educación. Han recibido como legado rasgos de carácter poco promisorios, y por eso tienen tanto mayor necesidad de simpatía y amor. Por sus esfuerzos perseverantes, se puede preparar a estos niños díscolos para que ocupen un lugar en la obra del Maestro. Poseen facultades sin desarrollarse que, una vez despiertas, los habilitarán para ocupar lugares mucho más destacados que los de aquellos de quienes se esperaba más. Si tenéis hijos de temperamentos peculiares, no permitáis por ello que la plaga del desaliento pase sobre sus vidas. . . Ayudadles por la manifestación de tolerancia y simpatía. Fortalecedlos con palabras amorosas y actos de bondad para que venzan sus defectos de carácter (Consejos para los Maestros. pág. 89). 

Podéis educar más de lo que pensáis. Tan pronto como la madre ama a Jesús, desea educar a sus niños para él. Podéis educar el carácter de los niños mucho más de lo que pensáis desde sus más tiernos años. El precioso nombre de Jesús debiera ser una palabra del hogar (Manuscrito 17, 1893). 

(La Conducción del Niño de E.G. de White)