martes, 24 de enero de 2012

(V) OTRAS LECCIONES BÁSICAS: 14. “Tranquilidad, Respeto Y Reverencia”


Reprímanse los ruidos indebidos y el alboroto.
Una madre no debe permitir que su mente permanezca ocupada con demasiadas cosas. . . . Con la mayor diligencia y la más estrecha vigilancia debe cuidar a los pequeños que, si se les permite, llevarán a cabo todo impulso emanado de la abundancia de sus corazones inexpertos e ignorantes. En la exuberancia de su espíritu, harán ruido y alboroto en el hogar. Esto debería impedirse. Los niños pueden ser muy felices si se los educa para que no hagan esas cosas. Debe enseñárseles que cuando llegan visitas, deben comportarse con tranquilidad y respeto (Manuscrito 64, 1899).
La tranquilidad debe reinar en el hogar.

Padres y madres, . . . enseñad a vuestros hijos que deben subordinarse a la ley. No les permitáis pensar que porque son niños, tienen el privilegio de hacer todo el ruido que les plazca en el hogar. Deben establecerse normas sabias y ponerse en vigencia para que la belleza de la vida del hogar no sea malograda (Signs of the Times, 25-9-1901).
Los padres les hacen mucho daño a sus hijos cuando les permiten gritar y llorar. No debería permitírseles ser descuidados y turbulentos. Si no se corrigen a edad temprana estos rasgos objetables de carácter, los niños los conservarán, desarrollados y fortalecidos, en la vida religiosa y en la de los negocios. Los niños pueden ser muy felices aunque se les enseñe a comportarse con sosiego en la casa (Ibid.).

Enséñese a respetar el juicio experimentado.
Se les debe enseñar a los niños a respetar el juicio experimentado. Se los debe educar de tal manera que   su mente esté unida con la de sus padres y maestros, e instruirlos de manera que puedan ver cuán propio es escuchar su consejo. Entonces, cuando se aparten de la mano guiadora, su carácter no será como el juicio que tiembla al soplo del viento (Consejos para los Maestros, pág. 60).

La indiferencia de los padres estimula la falta de respeto.
Si a los niños se les permite la falta de respeto en sus propios hogares, la desobediencia, la ingratitud y el mal humor, el pecado está a la puerta de sus padres (Carta 104, 1897).
La madre . . . debe gobernar sabiamente su casa, en la dignidad de su maternidad. Su influencia en el hogar ha de ser suprema; su palabra, ley. Si ella es cristiana, bajo la dirección de Dios, conquistará el respeto de sus hijos. Decid a vuestros hijos exactamente lo que requerís de ellos (Consejos para los Maestros, pág. 86).
Cuando los padres no mantienen su autoridad entonces cuando los niños vayan a la escuela, no tendrán respeto por los maestros o los principios de la escuela. En el hogar no les enseñaron la reverencia y el respeto que deberían tener. El padre y la madre estuvieron al mismo nivel que los hijos (Manuscrito 14, 1894).

Resultados de la impertinencia no dominada.
Manifestad respeto por vuestros hijos, y no les permitáis hablar ninguna palabra irrespetuosa acerca de vosotros (Manuscrito 114, 1903).
Una actitud sabia de los jóvenes. El joven que tiene padres y que considera su deber velar por ellos, y si no tiene padres, considera a sus guardianes o a las personas con quienes vive como sus consejeros, como sus consoladores, y en cierto sentido como sus orientadores, y que se ciñe a los reglamentos que imperan en su hogar, es un joven 91 sabio y que puede proporcionar mucha bendición (Testimonies, tomo 2, pág. 308).

Debe fomentarse cuidadosamente la reverencia.
La reverencia, . . . es una gracia que debe cultivarse con cuidado. A todo niño se lo debe enseñar a manifestar verdadera reverencia hacia Dios (Profetas y Reyes, pág. 178).
El Señor desea que comprendamos que debemos colocar a nuestros hijos en la correcta relación con el mundo, la iglesia y la familia. Su relación con la familia es el primer punto a considerarse. Enseñémosles a ser corteses unos con otros, y corteses con Dios. "¿Qué quiere decir Ud. -podéis preguntar- al afirmar que deberíamos ser corteses con Dios?" Quiero decir que hay que enseñarles a reverenciar a nuestro Padre celestial y a apreciar el sacrificio grande e infinito que Cristo realizó por nosotros. . . . Los padres y los hijos deben mantener una relación con Dios tan estrecha que los ángeles celestiales puedan comunicarse con ellos. Estos mensajeros celestiales son excluidos de más de un hogar donde abundan la iniquidad y la descortesía con Dios. Captemos de su Palabra el espíritu del cielo y traigámoslo a nuestra vida aquí en la tierra (Manuscrito 100, 1902).

Cómo enseñar reverencia.
Los padres de familia pueden y deben interesar a sus hijos en los variados conocimientos que se encuentran en las Sagradas Páginas. Pero si quieren interesar a sus hijos e hijas en la Palabra de Dios, ellos mismos deben sentir interés por ella. Deben familiarizarse con sus enseñanzas, y así como Dios le ordenó a Israel, hablar de ellas, "ora sentado en tu casa, o andando por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes" (Deut. 11: 19). Los que quieran que sus hijos amen y reverencien a Dios, deben hablar de su bondad, majestad y poder según se revelan en su Palabra  y en las obras de la creación (Patriarcas y Profetas. págs. 537, 538).

La reverencia se manifiesta mediante la obediencia.
Muéstrese a los niños que la verdadera reverencia se revela por la obediencia. Dios no ha ordenado nada que no sea esencial, y no hay otra manera de manifestarle reverencia tan agradable fuera de la obediencia a lo que él dijo (Consejos para los Maestros, pág. 86).


(La Conducción del Niño de E.G. de White)

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